El hombre es dueño de sus actos y autor de su propio destino, pero no porque esté situado más allá del bien y del mal, sino porque está confrontado con una verdad que le trasciende y, más concretamente, con un Dios que, a través de la verdad que resuena en su conciencia, le interpela y le convoca.

Juan Pablo II

"Amor y responsabilidad"