79ª CARTA: HUMANISMO SOCIAL Y CULTURA DE MASAS (Y 4)

Querido amigo:

En mi carta anterior te anticipaba el peligro de la cultura de masas y te citaba a Ortega y Gasset como auténtico profeta de lo que ha llegado a nuestros días. Pero Ortega y Gasset no llegó a ver las circunstancias multiplicadas exponencialmente del fenómeno que él intuyó; ni los tiempos de cambios sociales imparables; ni tampoco la llegada de una sociedad hipercomunicada e informatizada, cuyo último instrumento es el teléfono móvil.

Y es que el tema de la “cultura de masas” ha pasado a ser el de la “sociedad de masas”. Y en esta es preciso distinguir entre la participación masiva y generalizada en los bienes culturales, por un lado; y, por otro, la creación o preocupación cultural que sigue siendo lo verdaderamente cultural, restringido, minoritario, selecto, egregio y, en definitiva, privilegio de unos pocos (de los que lo buscan).

Mientras que la participación masiva en los bienes culturales tiene su mejor expresión en la de “la civilización del consumo”, la creación y preocupación cultural sigue siendo la tarea de la vanguardia cultural, en la que reside la calidad y el liderazgo de una sociedad.

No te será muy difícil, querido amigo, reconocer la cultura de masas a través de sus expresiones más propias y particulares, acentuadas en tres ámbitos: los ídolos musicales y cineastas, los deportistas y el turismo.

Los dos primeros (actores, cantantes, futbolistas) se caracterizan, además, por su falta total de ejemplaridad, que tanto daño hace a sus jóvenes seguidores, con muy escasas y honrosas excepciones (como por ejemplo, el caso de Rafael Nadal). El tercer ámbito, el turismo, se caracteriza por la estandarización de los viajes, la tendencia a la igualdad de gustos y conductas, la falta de contenido cultural, el deseo de “haber estado” más que el de “haber aprendido”. A todo lo cual se añade el turismo de la tercera edad (por ejemplo, los viajes organizados por el INSERSO), concebidos, en muchos casos, como campaña de promoción política del organizador, más que con objetivos de disfrute y de formación cultural.

Frente a esta avalancha, el hombre culto y el político culto deben sumarse a la crítica despiadada del fenómeno, deben buscar la sensibilidad al margen de las campañas culturales programadas desde la propia ideología, y deben nadar a contracorriente despreciando el inmenso aparato comercial y publicitario. Todo lo anterior resulta aplicable a la práctica totalidad de las cadenas y programas de TV con escasísimas excepciones, que llevan a cabo una auténtica “colonización” cultural.

En España, además, la cultura tiene dos problemas graves. El primero es que casi nada puede hacerse desde restaurar.

 

Fernando Díez Moreno
Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro