Cartas sobre humanismo y política

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13ª Carta: Más sobre el humanismo cristiano.

Querido amigo:

En la carta anterior te esbozaba los rasgos básicos de humanismo cristiano, como uno de los humanismos, entre otros. Permíteme que en esta desarrolle o insista en algunos de estos rasgos.

El humanismo cristiano sostiene que la moralización de la vida pública y la definición del bien común como último fin del Estado, tienen su punto de partida en su preocupación y en su solicitud por el hombre, porque detrás de las pantallas colectivas está siempre el hombre singular y concreto, que explica la parte más noble de la vida pública.

Las filosofías socialistas que se empeñan en priorizar lo colectivo frente a las personas, incurren en un grave error antropológico.

Vicens Vives distinguió entre “humanismo” y “humanidades” al referirse a tres realidades: el cultivo de las culturas clásicas, un planteamiento pedagógico (humanidades), y una filosofía de vida (humanismo).

Ya en la 2ª carta te mencionaba el Renacimiento como época histórica en la que podía situarse un movimiento que siglos después se llamaría “humanismo”. En realidad Renacimiento y humanismo son las dos caras de la misma moneda, que puede explicarse del siguiente modo.

La nueva visión del mundo que se inicia al término de la Edad Media (siglos oscuros) afectó a las ideas sobre la relación del hombre con Dios o con la Religión. También afectó a las ideas estéticas (imitación del arte griego), a las relaciones sociales, a la definición del poder político y a la ética política (Maquiavelo), entre otros ámbitos.

El hombre humanista del Renacimiento nace con una actitud crítica respecto de los problemas de su tiempo y de la etapa que acababa de superarse. El resultado de la ruptura con la teología tradicional fue la libertad sin gracia o la gracia sin libertad (Lutero), que rompe el equilibrio entre gracia y libertad.

Después vendrá la consideración del hombre como exclusivo protagonista (Leibniz, Spinosa, Rousseau); el liberalismo ideológico o económico exaltado o radical; y, por último, el humanismo ateo (Comte, Nietzche, Feuerbach) que buscan el remedio de las limitaciones del hombre en lo colectivo y comunitario, diciéndose libertadores, pero conduciendo a la esclavitud.

Frente a ellos el humanismo cristiano resalta la dignidad del hombre como resultado de la certeza de la  fe que de manera escondida y misteriosa vivifica el valor y significado que cada hombre tiene por su condición trascendente.

Es cierto que ningún programa político, económico, social o cultural, cualquiera que sea su plataforma ideológica, deja de poner al hombre en el primer plano. Pero lo que diferencia al humanismo cristiano es que su solicitud por el hombre se apoya en la fe cristiana, en el valor y significado que cada hombre tiene como “ser trascendente”, en la responsabilidad ante los demás hombres, y en el amor al prójimo como principio y mandato.

En el documento básico del humanismo cristiano, la declaración “Gaudium et spes” del Concilio Vaticano II, ya se lee que “…nace un nuevo humanismo en el que el hombre queda definido por su responsabilidad ante sus hermanos y ante la historia”. Y en otro pasaje del mismo documento se lee que “…es por consiguiente el hombre, pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad, quien centrará todas las explicaciones…”.

El humanismo cristiano es crítico frente a los excesos de los poderes públicos; frente a la degradación del medio ambiente; frente a la masificación, contraria a la identidad personal diferenciadora; frente a la pobreza del lenguaje y de las costumbres; y frente a las desigualdades injustas o a las discriminaciones arbitrarias.

El humanismo cristiano defiende el desarrollo social y el progreso económico, y es auténtico baluarte de los derechos naturales o humanos, al propugnar que el orden social se subordine al orden de las personas.

En las cartas sucesivas proyectaré las ideas que te he expuesto hasta ahora sobre el significado de la comunidad y la comunidad política, los fines del Estado, la comunidad internacional, las raíces cristianas se Europa, la familia, el trabajo, la empresa, la juventud, la cultura, la vida pública, los derechos humanos, la confrontación ideológica, entre otros temas.

Recibe un cordial saludo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro