Cartas sobre humanismo y política

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Intervenciones en el acto de presentación del libro “104 cartas sobre Humanismo Cristiano”

 

 

Intervenciones en la Presentación del libro

 

 

“104 Cartas sobre Humanismo cristiano” de Fernando Díez Moreno

 

Acto de presentación en la Real Gran Peña de Madrid

15 de noviembre de 2016

 

Íñigo López de Uralde

P. Ramón Álvarez Velasco OSB

Pedro Llorente Cachorro

Fernando Díez Moreno

 

 

 

 

 

 

 

 

Intervención de Íñigo López de Uralde

 

HOMENAJE A FERNANDO DÍEZ MORENO EN LA PRESENTACIÓN DE SU LIBRO “104 CARTAS SOBRE HUMANISMO Y POLÍTICA”

Real Gran Peña de Madrid

15 de noviembre de 2016

Reflexión sobre las cosas que pasan

Quiero hacer de esta pequeña intervención un homenaje grande a la figura de Fernando Díez Moreno. Otras personas hablarán hoy, mejor que yo, de su libro. Quiero por tanto contextualizar al autor y su obra y traer aquí el recuerdo de dónde y cómo conocí a Fernando.

De la España que conocimos hace treinta o cuarenta años todo ha mudado ya. Las referencias que tuvimos las personas que admiramos, dejaron de ser admirables, tal vez nunca lo fueron y nos engañaron o nos engañamos. Las instituciones, la tan esperada democracia, la corona, los partidos políticos, todo va camino del sumidero, o al menos del banquillo de los acusados. Empresas que pensábamos eran eternas en nuestra infancia, hoy han desaparecido. ¿Qué ha sido de ellas? Los bancos aquellos siete magníficos, ni fueron siete ni tan magníficos, las Cajas de Ahorro, con su impagable obra social, hoy desaparecidas…

Nos quedamos sin referencias, sin líderes sin amigos. Es el signo de los tiempos, el paso de los años que le van envolviendo a uno en la niebla. Algunas cosas han sobrevivido al marasmo, de las que ya conocí hace treinta años, pocas me quedan. De entre ellas quiero hablar ahora de la FTM y de Fernando.

Cuando yo tenía 20 o 22 años caí por casualidad por el despacho de Monte Esquinza 26, despacho de Abogados de personas ilustres que a las 7 de la tarde cerraban sus casos y nos dedicaban una tarde a las semana.

En aquel foro, tertulia improvisada, se hablaba de Historia, literatura, política, música, filosofía,… escuchamos conferenciantes ilustres, qué sé yo,… y todo ello sin ningún tipo de contraprestación, no sé pedía afiliación, cuota ni adhesión ninguna. Así eran esto.

Pregunto yo: ¿Dónde puede hoy, un joven de veinte años encontrar un foro abierto en Madrid donde repetir esta experiencia? Yo no lo sé. Posiblemente no exista.

 

LA FUNDACIÓN TOMÁS MORO

¿Cuál fue la razón de ser de la Fundación? La Fundación Tomás Moro, que integró y sigue integrando a un “grupo variopinto de personas“, se propuso y se sigue proponiendo “servir de instancia de reflexión para un pensamiento humanista de contenido social e inspiración cristiana, que afirme frente a todo materialismo e individualismo, su preocupación por el destino personal y colectivo del hombre; que proclame ante todo proceso de masificación, la prioridad de la persona y la salvaguarda de su dignidad y libertad; que exprese, en fin, su confianza en el poder transformador del hombre a la altura de sus nuevas responsabilidades”.

Allí oí yo cosas como: “El hombre es dueño de sus actos y autor de su propio destino, pero no porque esté situado más allá del bien y del mal, sino porque está confrontado con una verdad que le trasciende y, más concretamente, con un Dios que, a través de la verdad que resuena en su conciencia, le interpela y le convoca”. Frase de San Juan Pablo II.

En fin, al mismo Cruz le oímos decir, “No quiero que mi inquietud muera antes que yo. Mientras la inquietud esté viva, el hombre está vivo. Son las ganas de ser, de hacer, y de saber”.

Muy cerca de Cruz una persona callada y discreta, Abogado de Estado, más tarde Subsecretario y Secretario de Estado, se fue revelando con los años como un amigo y un gigante del pensamiento.

 

SEMBLANZA BIOGRÁFICA DE FERNANDO DÍEZ MORENO.

Aunque muchos conozcáis algunos datos, merece la pena detenernos en la vida del autor del libro. Como decía Borges, “no porque algo sea obvio hay que dejar decirlo” y ahora toca hablar de Fernando: nace en Toledo el 30 de mayo de 1941; de una arraigada familia toledana de ocho hermanos; estudió el Bachillerato en el Colegio Menor “San Servando”; la primera parte de su carrera de Derecho la estudia en Salamanca donde tiene como Profesores, entre otros, a Ruiz Jiménez, Tierno Galván, Prados Arrarte, Antón Oneca, que no consiguieron hacerle de izquierdas. Allí conoció a quien sería uno de sus maestros durante toda su vida, el Catedrático de Historia del Derecho Ignacio de la Concha.

La segunda parte de la carrera la hace en Madrid donde recibe clases de profesores como Antonio Hernandez-Gil, Joaquín Garrigues, Jaime Guasp, Gaspar Bayón y Chacón, Fernando Sainz de Bujanda, Mariano Aguilar Navarro, entre otros maestros.

En 1971 volvió a Salamanca por motivos no académicos, sino para contraer matrimonio con María-Esperanza Estella Goytre, con la que tuvo tres hijos, que han seguido la vocación jurídica de su padre y abuelos.

Como preparador de las oposiciones a Abogados del Estado tuvo a Cruz Martínez Esteruelas, que lo fue de muchas promociones de este Cuerpo, y que sería un maestro y amigo de Fernando hasta su muerte. Juntos constituyeron en 1981 la Fundación “Tomás Moro”, que se dedicó a la formación complementaria de jóvenes universitarios en los ideales del humanismo cristiano. Fernando respondió a aquella amistad recopilando sus “Obras Completas”, en cuatro volúmenes, que constituyen un tratamiento sistemático de la doctrina de ese humanismo cristiano.

Ingresó en el Cuerpo de Abogados del Estado en 1971, y ha prestado servicios en las oficinas y Tribunales de Cáceres y Salamanca, en el Ministerio de Educación y Ciencia, como Abogado del Estado-Jefe de ICONA, como Jefe del Servicio de Asuntos Constitucionales de la Dirección General de lo Contencioso del Estado, y en el Instituto Nacional de Hidrocarburos.

Su experiencia en la Administración Pública la completa con la de Profesor Universitario en la Facultad de Derecho de la Universidad de Comillas y en el Centro Universitario Villanueva; con el ejercicio privado de la profesión de Abogado durante diez años; con la actividad en la Empresa privada, siendo Secretario General de Unidad Eléctrica S.A., patronal de las empresas eléctricas; y con el asesoramiento al Cardenal D. Marcelo González.

Como asesor en el Grupo Parlamentario Popular del Congreso, redactó innumerables iniciativas parlamentarias y la mayor parte de los recursos de inconstitucionalidad que se interpusieron en aquella etapa del Gobierno socialista.

Fernando Díez suele valorar esta rica trayectoria diciendo que la experiencia no es lo que se vive o lo que se ha vivido, “sino lo que se hace con lo que se ha vivido”, y él ha sabido poner esa experiencia al servicio del bien común.

Desde 1987 hasta 1996 perteneció al Consejo de Administración del Patrimonio Nacional.

Entre sus publicaciones merecen citarse las siguientes: “El Estado Social”, “Comentarios constitucionales”, “Estudios jurídicos sobre el Estatuto Vasco”, “Derecho de Sociedades en la Unión Europea”, “Derecho de la Competencia en la Unión Europea” y “Manual de Derecho de la Unión Europea” éste último ya ha alcanzado su 5ª edición en 2010, y está adaptado al Tratado de Lisboa es, desde 1996, el Manual de referencia para estudiantes y profesionales.

Y al margen de sus libros profesionales ha publicado uno de obligada lectura: “El pensamiento social de Juan Pablo II”, en el que analiza los documentos pontificios que abordan las cuestiones sociales de nuestro tiempo y que es una guía segura a la hora de elaborar políticas humanistas y sociales.

El año pasado presentó por estas fechas “Herencia espiritual de Juan Pablo II”

Junto a los libros, Fernando Díez tiene publicados más de ciento ochenta artículos en Revistas especializadas de Derecho constitucional, Derecho Administrativo, Derecho fiscal y Derecho comunitario europeo.

Esta vida profesional tan rica y variada sufre un vuelco radical cuando en 1996 es llamado a desempeñar el cargo de Subsecretario de Economía y Hacienda, consecuentemente, protagonista del espectacular desarrollo que tuvo España en aquellos años, de haber sacado a nuestro país de la crisis económica y de haber conseguido nuestra incorporación a la 3ª fase de la Unión Monetaria y Económica, es decir, al Euro.

En el año 2000, Fernando Díez es nombrado Secretario de Estado de Defensa en el Gobierno de la 2ª Legislatura del Partido Popular.

Son muchas las actuaciones que Fernando ha venido llevando a cabo para mejorar el urbanismo de Toledo. Restauraciones de edificios civiles, iglesias, concesiones de obra. Impulso a la mejora de infraestructura,…Pero sin duda, la mayor deuda que Toledo tiene contraída con Fernando Díez fue su intervención en las obras del Museo del Ejército en el Alcázar, la cual supuso el empujón definitivo para cerrar este largo capítulo que fue el traslado del Museo del Ejército a la ciudad castellana.

Por si fueran pocas sus responsabilidades, en mayo de 2003 el Gobierno le nombra Alto Comisionado para la participación de España en la reconstrucción de Iraq.

En el capítulo de condecoraciones, cabe decir que está en posesión de: la Medalla de Plata de Galicia; la Gran Cruz de Isabel la Católica; la Medalla de Oro del Cuerpo de Abogados del Estado; la Medalla de Servicios Públicos Extraordinarios otorgada por el Gobierno de Estados Unidos; y la Medalla de Oro de la Ciudad de Toledo.

En resumen, Fernando Díez Moreno es un hombre capaz de las más diversas aventuras del espíritu, al modo de los humanistas del siglo XVI; capaz de desempeñar los cometidos políticos, profesionales, académicos y empresariales más diversos; con una experiencia vital envidiable puesta al servicio del bien común; y que solo le pide a Dios que su interés por las personas y por las ideas no muera antes que él.

Y todo lo anterior con una especialísima característica: todo lo hizo desde el anonimato, en el segundo plano de la foto, porque entendía que se era más eficaz fuera de la luz de las candilejas.

Hoy nos presenta su obra “104 cartas sobre Humanismo y Política” libro intenso que se lee muy bien y es un compendio de numerosos temas que afectan a nuestra vida desde una perspectiva Humanista. Estoy seguro que lo disfrutarán.

Él nos lo presentará adecuadamente, yo he preferido hablar de su vida.

Escribiendo estas líneas me vienen a la cabeza estrofas de un clásico castellano que vdes. conocen: de Jorge Manrique he querido traer sólo estas dos estrofas de sus COPLAS

¡Qué amigo de sus amigos!,

¡qué señor para criados y parientes!,

¡qué enemigo de enemigos!,

¡qué maestre de esforzados y valientes!,

¡qué seso para discretos!,

¡qué gracia para donosos!,

¡qué razón!,

¡cuán benigno a los sujetos!,

y a los bravos y dañosos, ¡qué león!

 

Estas sus viejas historias

que con su brazo pintó en juventud,

con otras nuevas victorias

ahora las renovó en senectud.

Por su gran habilidad,

por méritos y ancianía bien gastada,

alcanzó la dignidad

de la gran caballería de la Espada.

 

Dios te guarde muchos años querido Fernando.

 

 

Iñigo López de Uralde

Real Gran Peña de Madrid

15 de noviembre de 2016

 

 

 

 

 

 

P. Ramón Álvarez Velasco OSB

 

PRESENTACIÓN

104 CARTAS SOBRE “HUMANISMO Y POLITICA”

Por Fernando DÍEZ MORENO.

MADRID 15/11/2016

LUGAR: REAL GRAN PEÑA –Gran Vía nº 2 – Madrid.

 

Señor Presidente, Señores Diputados, Excelentísimas e Ilustrísimas Autoridades, Señoras y Señores:

Es para mí un placer, a la vez que un honor estar hoy aquí, ante ustedes para presentar la obra «104 cartas sobre “Humanismo Y Política”» de Don Fernando Díez Moreno. Honor y placer por el afecto y amistad que me une con él desde hace muchos años

«104 Cartas sobre “Humanismo y Política”», es un libro que agavilla las epístolas que periódicamente, rítmicamente, D. Fernando nos ha ido regalando a lo largo de varios años. Su publicación actual, en forma de compendio, supone a la vez un feliz reencuentro con sus pensamientos, una visión de conjunto más completa, y, por qué no decirlo, una segunda y más profunda lectura de los textos para apreciar mejor sus contenidos y matices. Leer el volumen «104 cartas sobre Humanismo y Política”» supone una navegación placentera debido a su altura literaria, a la claridad y precisión del autor en su estilo de fino jurista, y a la hondura de su pensamiento alimentado por la fe. Tiene además, a mi juicio, el gran mérito de ser una obra sugerente: presenta aproximaciones y afirmaciones que dan pie a reflexiones y búsquedas personales, más fáciles de hacer ahora que las cartas forman un libro, a recorrer de principio a fin, y de fin a principio. Pues es posible apreciar mejor la integridad y coherencia de su pensamiento. Nos hallamos ante una bella sinfonía con un claro leit motiv –el humanismo cristiano en sus realizaciones, posibilidades y desafíos- en un crescendo armonioso, con temas que vuelven con tonalidades y riquezas nuevas potenciadoras de una mejor comprensión

Pero vayamos ya, decididamente, a la obra. Hay un primer grupo de cartas, diríamos frontal, en el que se determina y precisa qué es el humanismo, delimitando las distintas formas posibles y comparándolas con el modelo cristiano. Todo humanismo se define por reconocer las cualidades propias de la naturaleza humana, tratando de comprender plenamente al hombre y dar sentido a su existencia, desde un anhelo por conocer sus posibilidades, su vida en común, su tarea y vocación cultural y política. Como construcción intelectual, el humanismo arranca del Renacimiento, aun con notables e ilustres precedentes en Santo Tomás de Aquino. En esa época renacentista, cabe ya distinguir varios humanismos, como hace acertadamente D. Fernando: el humanismo paganizante, muy deudor de la Antigüedad clásica, que exalta al hombre en su cultura, finura y buen gusto, en sus posibilidades, en su capacidad, pero ignorando a Dios o, al menos, al Dios cristiano; y potenciando valores como el gusto por la fama y el afán de poder, alejados de la tradición de servicialidad y humildad del cristianismo.

En segundo lugar, tenemos el modelo del humanismo luterano que define al hombre como corrompido irremediablemente, por lo que su libertad y autonomía no vale nada, y al que sólo la gracia salva.

Y, finalmente, nos detenemos en el humanismo cristiano de un Tomas Moro o Erasmo de Rotterdam, que unen la visión optimista de la vida de los humanistas paganizantes con la luz de la esperanza y transcendencia – positividad propias de la fe católica. Apreciamos ya aquí uno de los grandes rasgos del humanismo cristiano: el hecho de su arraigo en Dios, y más precisamente en el Dios de la Revelación cristiana, frente al humanismo solitario y rupturista que suponen los otros dos tipos, que en el fondo, coinciden en el distanciamiento entre Dios y el hombre: el paganizante, para desconocer a Dios, el luterano para abismar al hombre, alejándole así de su Creador. Éste último modelo, niega en efecto, las posibilidades de la persona humana en sí misma, tanto las del hombre natural, herido por el pecado, y mucho más las del hombre redimido.

De esta fecunda distinción va a arrancar toda una trayectoria, que en cierto sentido nos acompañará a lo largo de toda la obra: la oposición entre el humanismo cristiano y las diversas formas de humanismo no cristiano. Una tensión planteada y desarrollada a lo largo de las épocas Moderna y Contemporánea. Entre tales humanismos no cristianos estarían el humanismo antropocentrista, propio de la Ilustración, que afirma de una forma mucho más sistemática y consciente que el humanismo paganizante del Renacimiento, la autosuficiencia del hombre y su prescindir de Dios; el humanismo hegeliano que desde el idealismo defiende el hombre creador y autocreador; con su correlato marxista, que partiendo del modelo hegeliano reclama y proclama la plena libertad del hombre para construir un paraíso en la tierra sin horizonte trascendente; el humanismo de Nietzsche que defiende el programa vital y cultural del superhombre, una vez decretada la muerte de Dios.

Frente a tales propuestas ideológicas y culturales, destaca con más precisión la contrapropuesta del humanismo cristiano: en éste se admiten las posibilidades del hombre, su vocación por conocer, su capacidad de crear obras culturales sociales y políticas, pero añadiendo notas diferenciadoras: en especial, la no ruptura del hombre con lo espiritual y trascendente, cuya existencia se reconoce y valora. Y vinculada a ella, la relación del hombre con Dios basada en el amor, que tiene como fruto la vocación servicial hacia el Bien Común, dentro de una perspectiva de caridad que la fe cristiana alimenta. Las Cartas 12 a 14 contienen bellas precisiones en este punto.

Tal definición es, por su importancia, una bella fuente de reflexiones y sugerencias. La primera, la siguiente: al relacionarse el hombre con Dios en amor, siente claramente su dignidad personal y valor irrebatible, frente a cualquier tipo de colectivismo o panteísmo que trate de disolverle o anularle; de otra parte, al vivirse como amado y llamado al amor por Dios, adquiere plena conciencia de su origen y destino: en consecuencia, no es un huérfano solitario en camino hacia un destino incierto, como proclamaría el antropocentrismo de cuño liberal. Porque, no cabe ignorar que tanto la forma colectivista del humanismo ateo, como la individualista liberal conducen a una profunda alienación, ya señalada claramente por el Wojtyla humanista de quien se hace eco D. Fernando en un bello grupo de sus cartas.

“Comprometerse es algo más que cumplir con el deber”, proclama D. Fernando en su Carta 14, al desarrollar dicha temática humanista cristiana. Aquí nos encontramos con la segunda sugerencia importante. Pues, en efecto, del humanismo cristiano que reconoce el origen divino y gratuito del hombre bien definido por D. Fernando, brota una bella y profunda consecuencia: la vida humana es un don. Un don divino. Y tal entendimiento proyecta de un modo nuevo y fecundo la propia existencia humana. Ésta adquiere una dimensión trascendente de gratuidad y generosidad, que se vuelca en la acción política y sus tareas adyacentes, liberándolas no sólo del interés egoísta por el poder sino incluso del actuar por el simple sentido del deber, en óptica limitada y kantiana.

Paralelamente, el entendimiento religioso de la vida libera la acción económica empresarial de la descarnada óptica del afán de lucro, e incluso de la pura honradez contractual autosatisfactoria. El noble entendimiento de la política como servicio, en un horizonte religioso, permea numerosas cartas del presente libro y en realidad está presente en todo el volumen. También está presente en muchos momentos de la obra la dimensión solidaria y comunitaria que el humanismo cristiano confiere a la acción económica y a la ética del trabajo, especialmente en el grupo de cartas que van de la 69 a la 79.

Finalmente, la definición del hombre como relacionado en amor con Dios permite fundamentar, de un modo sólido y convincente, otro de los principios del humanismo cristiano: la búsqueda del Bien Común. Sin el conocimiento de Dios como fuente y origen del hombre, llamado por tanto a una fraternidad y comunión con los demás hombres, el concepto de Bien Común sería incomprensible: cada ser humano sería un átomo solitario que propondría sus propios fines, sus propias metas sin contar apenas con nadie. Todo lo más podría asociarse con otras personas para proponer fines que entrarían en conflicto con otros fines. La sociedad estaría así en pugna permanente en cuanto a sus metas, viviendo un pluralismo irresoluble. Y las instituciones jurídicas y políticas, asentadas en el respeto de ese hombre-átomo individualista, no podrían encauzar legítimamente dicho pluralismo: tendrían que limitarse a un neutralismo paralizante, meramente instrumental. Estas ideas están bellamente sugeridas en varias cartas. Especialmente en las que llevan el número 44 y 45 centradas en la meta del político y el servicio al bien común, y las últimas cartas, de la 97 a 101.

El humanismo cristiano es fuente de muchas otras valiosas ideas y propuestas. Tanto en el plano personal, como a nivel familiar, como proponen otro grupo de cartas. La presencia de Dios potencia sanamente el esfuerzo responsable, y libera al ser humano de la informalidad, insensatez, desinterés por el ideal, de la renuncia a una verdadera calidad de las obras del trabajo. Pues convierte todas las tareas en dones para el amor interpersonal. Igualmente cuando el hombre cristiano se centra en Dios, ve potenciado en dicha fe su auténtico centro de gravedad, que le permite la integración de los contrarios, y el vivir el sano y recto uso de la razón. Una razón abierta, es verdad, a la afectividad y la emoción, que no cae en un racionalismo cerrado rígido, ni en un irracionalismo desbordado. Son dos posturas que se han sucedido en la cultura occidental y europea, y tienen su riesgo.

De la familia se ocupa también nuestra obra en un lúcido grupo de cartas. Esta institución, bautizada bellamente como “hazaña de la libertad”, es presentada como origen, cauce y marco de referencia para valores muy humanos, pero muy enraizados en la fe, de la que se alimentan, y en la que encuentran su plenitud de sentido: la tolerancia, el respeto, la capacidad de sacrificio, la solidaridad. D. Fernando hace un bello análisis en este tema tan crucial, y distingue agudamente los “factores de cambio de la familia” – trabajo de la mujer fuera del hogar, aumento de personas de tercera y cuarta edad, disminución de hijos, más posibilidades de educación, etc.- y la “crisis de la familia”, un verdadero programa transformador protagonizado por los sucesores de la izquierda marxista como el feminismo radical, la multiculturalidad, el ecologismo radical, el buenismo. La meta y finalidad de dicho programa es abolir las diferencias entre varón y mujer, promover la ruptura de vínculos paterno-filiales, crear comunidades de sólo mujeres etc. Tales propuestas dejarían a la intemperie a los hijos, y provocarían una hostilidad entre los sexos. Reaparece aquí un tema también muy presente a lo largo de la obra: la confrontación ideológica entre un laicismo que vive sin conciencia de la trascendencia, en una cosmovisión puramente intramundana, y la visión religiosa del humanismo cristiano que defiende tales horizontes trascendentes. O si lo preferimos la contraposición y conflictividad entre los humanismos no cristianos y el cristiano, Ante ellos, la propuesta del humanismo cristiano se centra una vez más en Dios, en quien encuentra la fuente de la paternidad, y también de la complementariedad entre el hombre y la mujer, favoreciendo el recto amor paterno filial, la relación respetuosa entre los sexos, y las pautas para encauzar los conflictos y diferencias desde el amor y por el amor.

La necesaria brevedad de esta presentación nos obliga a concluir. Cedemos la palabra a otros ponentes que también desarrollarán aspectos y valores de esta magnífica obra. Dispongámonos a escucharles para comprender y apreciar mejor su riqueza.

Muchas gracias.

 

P. Ramón Álvarez Velasco OSB

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE FERNANDO DÍEZ MORENO “104 CARTAS SOBRE HUMANISMO Y POLÍTICA”

15/11/2016

Por Pedro Llorente Cachorro. Subsecretario de Empleo y Seguridad Social.

 

Es un honor acompañar al autor, a Fernando Díez, en la presentación pública de su nueva obra: “104 cartas humanismo y política” y compartir con todos ustedes este acto.

Toda presentación pública de un libro es un ejercicio de gran subjetividad pues tiene a mi juicio varios condicionantes:

1.- Uno de carácter general, ya que podríamos decir que quien presenta en público un libro realiza una “particular lectura”, una “lectura personalísima” del mismo.

2.- Y en mi caso tiene otro condicionante más singular: mi amistad con el autor y la admiración que he tenido por él desde que empecé a trabajar a sus órdenes hace casi 20 años, cuando fue Subsecretario de Economía y Hacienda, y después Secretario de Estado de Defensa.

Por tanto, a continuación voy a tratar de exponer “mi lectura” de las Cartas, que obviamente no tiene por qué coincidir con la que hagan el resto de lectores.

En primer lugar me gustaría hacer algunas consideraciones sobre la utilización por el autor de la carta como “vehículo de comunicación” en torno al humanismo cristiano y la política:

El recurso a la carta como “instrumento de reflexión” no es algo nuevo en el autor.

Con motivo de sus múltiples viajes dentro y fuera de España escribió (entre 1991 y 2004) 168 cartas a sus hijos.

En esta correspondencia, además de relatar el viaje concreto, refleja sus experiencias vitales y hace una breve historia de la familia en los años de infancia de sus hijos.

Con las 104 Cartas el autor transciende el ámbito íntimo familiar las ” Cartas a mis hijos” para hacernos partícipes a todos de sus reflexiones sobre el humanismo cristiano y la política; reflexiones que no son nuevas para el autor pues desde hace años viene interesandose por la persona y la comunidad en la que convive desde la óptica del humanismo cristiano. Previamente a la remisión de las 104 Cartas y la edición de este libro, habíaescrito diversos ensayos, artículos e impartido conferencias o charlas sobre el particular.

Ahora, retoma el género epistolar para hacernos llegar su magisterio de una manera didáctica, directa y sencilla huyendo de la excesiva erudición en un asunto tan complejo.

Siguiendo con este aspecto formal (el recurso a la carta como instrumento de reflexión), no sé si será casualidad pero Fernando, al igual que los grandes humanistas del Renacimiento, utilizael género epistolar como cauce de análisis y crítica socio política.

Así, Erasmo de Rotterdam (que escribió una media de 60 cartas al día, llego a escribir más de 3.000 a lo largo de toda su vida) o Luis Vives (que redactó, siguiendo el ejemplo de Erasmo, todo un tratado teórico de más de 400 páginas sobre el arte epistolar) acudieron a las epístolas como vía de crítica a la sociedad de su época.

Incluso la estructura de las cartas de FDM siguen los cánones que tenían los autores humanistas clásicos a la hora de escribir sus epístolas. Así:

-       Las 104 Cartas se inician con una salutación, con la frase “mi querido amigo”, muestra inequívoca de cercanía, de espacio para la confianza y confidencia.

-       Le sigue un “exordio” en el que se hace una primera presentación del problema concreto a tratar y que suele dejar ya apuntado en una carta anterior.

-       A continuación viene la “narratio” como parte central de las cartas. Es en este punto donde el autor realiza una meritoria labor de deslinde y amojonamiento de la cuestión, de desbroce del terreno, de separación del grano de la paja.

-       Acaban las cartas con una “petitio”, con una exhortación moral formulada a menudo mediante una pregunta dirigida al destinatario que va más allá de lo retórico, y que le deja al lector con su reflexión interna, con otra “alteridad” como bien expresa Vicente López Ibor en el prólogo del libro.

-       Esta parte final suele tener, como decía anteriormente, un componente crítico y reivindicativo en el sentido de “vindicatio” de acción recuperatoria de lo perdido, de lo sustraído en lo concerniente a los valores y principios morales que defiende el autor en el marco de una época como la actual marcada por una profunda crisis moral.

 

Crisis moral y política a la que Fernando nos ofrece dar respuesta desde los principios del humanismo cristiano.

Para ello, parte del siguiente diagnóstico:

1.- A raíz de la reciente crisis económica, junto con el autor, muchos pensamos que no solo se ha producido eso mismo (la mayor crisis económica y social de los últimos 70 años) sino que sobretodo se ha profundizado en una crisis moral, y por ende política, cuyas características básicas serían las siguientes:

- El relativismo lo impregna todo: que podría resumirse en el “todo vale”.

- Donde “lo más reciente es lo mejor”.

- Donde todo es puesto en cuestión

- Donde el rigor pasa a un segundo plano

- Donde las reglas son reemplazadas por la deconstrucción, por las modas, la mercadotecnia, lo light.

- Donde prima lo superficial, lo irreflexivo y el efectismo.

- Donde el individualismo separa radicalmente las esferas de lo privado y lo público.

- Donde el secularismo va ganando terreno en la explicación del mundo y el hombre sin Dios.

- Donde la política ha perdido autoridad moral y credibilidad.

- Donde la democracia se vacía, se desnaturaliza y se ve desprovista de sustancia.

- Donde triunfa la demagogia, entendida en su segunda acepción del diccionario RAE, como acertadamente destaca Fernando (como degeneración de la democracia consistente en que los políticos mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos tratan de conseguir o mantener el poder).

 

Ante este diagnóstico, y para no caer en el fatalismo, ¿Qué podemos hacer para superar esta crisis moral y política?

Pues precisamente a ello dedica un buen número de sus 104 Cartas. FDM se esmera en explicar a lo largo de las 104 Cartas que los principios básicos del humanismo cristiano son la respuesta adecuada a la desmoralización reinante en nuestra (entendida, como dice la RAE, como corrupción de las costumbres con malos ejemplos o doctrinas perniciosas).

En sus Cartas Fernando desgrana todo un arsenal de propuestas para rearmarnos moralmente.

El autor construye a lo largo de sus cartas y de manera ejemplar el perfil del hombre público que propugna el humanismo cristiano, el humanismo social.

Un perfil basado en la investidura intelectual, la capacitación profesional del gobernante; quelucha contra la injusticia y la desigualdad arbitraria; que profesa el amor a la familia y a los amigos; que es leal con sus superiores jerárquicos, con sus suboordinados e iguales; que es honrado, honesto y, sobretodo, integro.

Queridos amigos, este libro es una gran obra pero a mi juicio una obra incompleta. Queda aún por escribir una carta. Como sabéis los que hayáis leído sus misivas, cada 10 cartas aproximadamente Fernando Díez realiza una semblanza de un humanista ejemplar: Tomás Moro, primer humanista cristiano para el autor, Santo Patrón de los políticos y gobernantes y que da nombre a la Fundación que creó el autor junto a Cruz Martínez Esteruelas y a la que tanto tiempo y esfuerzos le ha dedicado. Grandes figuras del humanismo cristiano del Renacimiento como Erasmo de Rotterdam, Luis Vives o Raimundo Lulio. Jacques Maritain. San Juan Pablo II. Cardenal Marcelo González

Queda, como decía, por escribir una carta. La carta número 105 debería dedicarse a un autor que no forma parte de esta galería de grandes humanistas y que sin embargo encarna muchos de los valores glosados a lo largo de las 104 Cartas. Me estoy refiriendo al propio autor, a FDM:

Motivos no faltan:

1.- Investidura intelectual. Fernando es un hombre culto. Entre su prolija actividad intelectual es difícil seleccionar o destacar alguna obra en concreto pero me gustaría subrayar supermanente preocupación por todo aquello que afecta al hombre y la sociedad de la que forma parte: Desde su tesis doctoral a primeros de los 80 sobre ” El Estado social” (obra pionera y profética)hasta estas 104 Cartas ypasando por su libro ” El pensamiento social de Juan Pablo II” (por solo citar tres de sus principales obras)la persona y su convivencia en la comunidad ha sido objeto de sus meditaciones y reflexiones.

Además de su investidura intelectual y capacitación profesional de FDM cumple con otros rasgos del perfil que él mismo dibuja de un humanista cristiano:

2.- Su integridad. Su rectitud en la vida pública y privada, sin disociar las virtudes públicas y privadas. No conozco a nadie que hable mal de él.

3.- Preocupación por el hombre integral (en el sentido de Maritain) y por su alma trascendente. Su vida intelectual no oscila entre la fe y la razón sino que habita simultáneamente en ambas y se nutre de ellas.

4.- Sentido de la amistad y de la lealtad ascendente, descendente y horizontal.

5.- Y sobre todo el amor a su familia. A María Esperanza, a sus hijos, a sus nietos, a sus hermanos, a toda su familia. Un amor, que si me permiten, se desborda.

Sedesborda con sus amigos y discípulos. Tanto que muchos de nosotros hemos podido disfrutar de la amistad de Fernando como si fuéramos de su familia. Pero que se desborda sobre todo en su amor a su país: su amor a España. El patriotismo también es una virtud, un hábito operativo bueno, siguiendo la feliz expresión tomista, que se traduce en el en servicio hacia nuestro país.

La vida de FDM está cargada de patriotismo: de servicio a España en los cargos públicos que ha desempeñado a lo largo de su dilatada y exitosa vida profesional. Con vocación de servicio público porque sin vocación no hay servicio público. Persiguiendo siempre el bien común.

Queridos amigos, termino. En estas cartas FDM nos habla con el corazón en la mano y nos dan medida de su altura intelectual y calidad humana y espiritual: pensando lo que ha vivido; diciendo lo que piensa; viviendo lo que dice.

 

 

Pedro Llorente Cachorro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Intervención de Fernando Díez Moreno presentación del libro “104 Cartas”.

 

Quiero antes de nada agradecer a la Real Gran Peña que nos haya permitido organizar la presentación del libro en este magnífico salón “Primo de Rivera” de sus instalaciones. Entiendo que es Primo de Rivera Sr. Te ruego Miguel Ayuso que transmitas al Presidente este agradecimiento.

 

Después quiero agradecerles a todos ustedes su presencia. Como alguno, sin duda, ya ha intuido, he dicho “todos” y no “todos y todas”, porque como reiteradamente expuse en las cartas con nota a pie de página, en el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo. Por ello a mí no me oirán ustedes nunca decir “vascos y vascas”.

 

Pero permítanme que me extienda en el capítulo de agradecimientos. Saludo la presencia de D. Juan Moya con un grupo del Real Oratorio de Caballero de Gracia. Con ellos hacemos todos los año un itinerario de Santuarios Mariano y ya tenemos recorrido casi todos los de España y gran parte de Europa. Además, el Real Oratorio está empeñado en dar a conocer la figura del Caballero de Gracia en el V Centenarios de su fallecimiento y ha iniciado el proceso de su beatificación.

 

Saludo también a D. Santiago Calvo, que fuera el Secretario durante toda su vida del Cardenal D. Marcelo y que prepara sobre él una biografía que dará muchas sorpresas. Ha venido desde Toledo con Vicente Romera y les agradezco su esfuerzo.

También nos acompañan esta tarde un grupo de peregrinos de la Orden Militar de Peregrinos del Camino de Santiago, con los que todos los años recorremos unas etapas. Quisiera personalizar en Flora García Camacho, porque es la autora de la portada del libro. A un artista no se le debe preguntar por el significado de su arte, pero yo interpreto esta portada como folios o cartas que vuelan y el viento las lleva. Así me habría gustado escribirlas y dejar que el viento las llevara a todos los rincones y no tener que utilizar la informática. Como dice el poeta:

 

“Vientos del pueblo me llevan

vientos del pueblo me arrastran

me esparcen el corazón

y me aventan la garganta”

 

Veo también a un grupo de Abogados del Estado, que son compañeros y sin embargo amigos. Entre ellos a Nuria Díaz Abad, que es Vocal de la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial y Presidenta de la Red Europea de Consejos Judiciales. Es una española universal desconocida en España como suele ocurrir con nuestros hombres universales.

 

Y está parte de mi familia. Ellos son “mi gente”.

Necesariamente tengo que detenerme para agradecer a los miembros de la mesa sus intervenciones. Ellas han hecho que la mía sea más breve porque han valorado el libro que presentamos como yo no habría sido capaz de hacer.

 

A Íñigo López de Uralde le recuerdo que hemos venido a presentar un libro y no a su autor, ya suficientemente conocido de los asistentes. Pero si le agradezco su generosidad que ha hecho posible la impresión y edición del libro. Y aprovecho para agradecer a Vicente López-Ibor Mayor su generosa aportación para financiarla. Se encuentra en este momento en la Universidad de Harvard asistiendo a un seminario para Ceos de las Empresas más importantes del mundo. Ruego a sus padres que está aquí que le hagan llegar este agradecimiento.

 

Especial agradecimiento al P. Ramón Álvarez Velasco, monje del Monasterio de Silos, actual y temporalmente en el Priorato de Monserrat de la Calle S. Bernardo. Tiene especialidad en historio y estudió el “copto” para poder leer directamente la Regla Monástica de Pacomio que inspiró la de San Benito. A esta hora ya habría cenado en el Monasterio y estaría preparándose para la oración de Completas. Y de ahí a la cama, porque a las seis menos veinte de la madrugada toca el timbre para la oración de Vigilia, también llamada Maitines. Él nos ha dado una perspectiva espiritual del humanismo cristiano digna de meditar y tener muy en cuenta. ¡Muchas gracias P. Ramón!

 

A Pedro Llorente, ya confirmado en su cargo de Subsecretario de Empleo y Seguridad Social, y encargado de aborda la difícil cuestión de la reforma de las pensiones, le agradezco que haya encontrado un hueco para esta tarde aquí. Como ha dicho hemos trabajado junto muchos años en el servicio público y tenemos el mismo concepto de la lealtad. Su visión personal de la perspectiva humanista de las cartas, con la que coincido plenamente, me facilita esta intervención.

 

Y veo también a otros amigos. A Víctor Calvo Sotelo, Secretario de Estado de Telecomunicaciones, cuya confirmación o no, desconocemos por el momento. Pero sobre todo quiero enviar un saludo especial a Rodrigo Rato, a quien sigo considerando mi jefe político y mi amigo, porque yo, como jurista que soy, si creo en el principio de presunción de inocencia.

 

Por último, mi agradecimiento a Miguel Ayuso por haber aceptado dirigir este acto, y a Marta Mulero, violoncelista de la Orquesta de Santa Cecilia por amenizarnos con su virtuosismo.

 

Y ahora solo queda contestar a dos interrogantes: el porqué de las cartas y el cómo.

 

Cuando por imperativo de la edad me disponía a entra en una etapa “jubilosa” de mi vida en la que iba a disponer de tres cosas que no había tenido nunca, a saber, libertad, tiempo y nietos, se lo comenté al P. Ramón en una de nuestras conversaciones en Silos y me sugirió que aprovechara para difundir las ideas sobre el humanismo cristiano. En esta sugerencia está el origen de las cartas, así lo reconozco públicamente porque es de justicia.

 

La primera pregunta que me hice fue si el humanismo cristiano interesaba a alguien. Y la respuesta fue negativa, no le interesa a nadie. Tengo que reconocer que me equivoqué. La segunda pregunta fue por qué no le interesaba a nadie, y la respuesta fue porque no lo conocían. Así que me puse a la tarea de hacérselo conocer.

 

Se trataba del humanismo basado en dos pilares: la persona y la comunidad. La persona como ser trascendente creado a imagen y semejanza de Dios. Imagen, porque Dios creó el mundo y el hombre lo completa y transforma; semejanza, porque Dios creó al hombre y el hombre perpetua la especie. Es lo que diferencia al cristiano de los demás humanismos. Creer o no en la trascendencia determina todo el desarrollo posterior.

También el humanismo cristiano como defensor de todos los derechos de la persona y no solo de una cuantos (derecho a la vida desde la concepción, derecho a la libertad de enseñanza, derecho a la libertad religiosa, etc.).

 

Frente a la persona, la comunidad basada en la convivencia y regida por unos gobernantes a los que hay que exigir una serie de virtudes personales y una búsqueda permanente del bien común y no el bien propio o partidario. En las Cartas he intentado que estas ideas no fuesen mera teoría y las he puesto en conexión con los problemas actuales de la vida política y social.

 

Y no solo había que darlo a conocer sino que también había que defenderlo. Hubo un Partido Político que en su programa electoral decía inspirarse en los principios del humanismo cristiano. Pero ya se ha suprimido esta mención. Ese Partido ya no defiende a la persona, no defiende a la familia, no defienda a la Iglesia, no defiende la Religión. Por no defender no defiende ni a los suyos.

 

Por eso, el humanismo cristiano, que por ser concepción del mundo y de la vida, y por tener respuesta para todos los problemas sociales de nuestro tiempo, puede considerarse como una ideología, debe ser defendido por la sociedad civil. Somos plenamente conscientes de ello.

 

Y respondido el interrogante del por qué, veamos ahora el cómo. Yo he remitido directamente y cada quince días aproximadamente, un e-mail a 1.600 personas. Algunas de ellas me han informado que, a su vez, las reenviaban a su círculo de amistades. Calculo que habrán sido unas 2.000 personas los destinatarios. De ellas unas 500 a la Junta Directiva Nacional del Partido Popular integrada por todos los Diputados, Senadores, Parlamentarios europeos, Presidentes regionales, provinciales o locales. Debo decir que, salvo una excepción, no he recibido comentario ni sugerencia alguna de este numeroso colectivo. Hay que comprender que recibirán muchos correos y no tienen tiempo de responder a todos.

 

Pero sí he recibido muchas respuestas, a pesar de que en mis correos hacía hincapié en que no eran necesarias y en que nadie se sintiera obligado. Ha sido una correspondencia, mantenida durante tres años, enormemente fructífera, llenos de ideas, de aliento y de estímulo en la tarea. Por eso confesé antes que me había equivocado en mi juicio de que el humanismo cristiano no le interesaba a nadie. Le interesa a mucha gente, como esta correspondencia puso de manifiesto.

 

Y para terminar quiero darles una buena noticia, que no todo va a ser Brexit o Donald Trump. Después de un año de investigación y otro perdido en las imprentas de las editoriales he conseguido que el Congreso de los Diputados publique los discursos parlamentarios de Cruz Martínez Esteruelas. El manuscrito que yo envié tenía como autor del libro a Cruz y como título “Discursos Parlamentarios”. Lo que ha salido tiene como título “Cruz Martínez Esteruelas. Discursos de un Procurador en Cortes 1965-1976”, y mi nombre abajo como si yo fuera el autor. Ya se imaginan ustedes el porqué de los cambios. Pero lo importante es que ya están recogidas y editadas sus intervenciones parlamentarias. Y dado el año que ha transcurrido del Gobierno en funciones no puedo dejar de leerles el pasaje de su intervención en la tramitación de la Ley para la Reforma Política cuando se discutía si el sistema electoral debería ser proporcional o mayoritario. Dijo esto:

 

“La representación proporcional impide que en las Cámaras y en la vida de la Nación, estén presentes en su real dimensión aquellas fuerzas que representan las corrientes profundas de la opinión y las grandes opciones que sólo los grandes grupos políticos pueden ofrecer. Y aquí es donde radica el gran defecto, el error de concepción del sistema proporcional, porque al hacer énfasis en lo que divide al electorado y no en lo que le une, al tomar como núcleo de representación la existencia de todos los grupos, de todas las modas o diferencias ideológicas presentes en la sociedad, por accidentales o contingentes que sean, y hasta de todas las rencillas y escisiones que se producen en los partidos existentes, promueve la fragmentación de la vida política, la dispersión de los esfuerzos y, por consiguiente, la inestabilidad crónica del sistema político. Y todo esto se produce porque la representación proporcional conduce de modo inevitable al multipartidismo”.

 

Y en relación con los que acusaban al sistema mayoritario de generar bipartidismo dijo:

 

“Esa bipolarización es inevitable en el sistema proporcional, porque la imposibilidad en que se encuentran los excesivos partidos de gobernar por sí solos les obliga impera­tivamente a coaligarse entre sí, a entrar en el juego artificioso de los pactos y los com­promisos más o menos sinceros, más o me­nos contingentes, con el fin de obtener esa mayoría que no pudieron conseguir del electorado. Y todo ello -no lo olvidemos, porque es aquí donde se gesta un auténtico fraude democrático- conseguido después de las elecciones, obedeciendo las consig­nas de los dirigentes de los partidos y si­guiendo el juego de los intereses y las ma­niobras personales; es decir, obteniendo por la vía oblicua del pacto entre los par­tidos lo que no supieron o no pudieron con­seguir de la voluntad expresa del pueblo”.

 

Estas palabras fueron pronunciadas el 17 de noviembre de 1976, es decir, hace exactamente 40 años. No se pudo tener mayor don de profecía. Organizaremos el acto de presentación del libro y ustedes tendrán noticia de ello.

 

Muchas gracias.

 

Fernando Díez Moreno

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro