Cartas sobre humanismo y política

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17ª Carta: Humanismo y comunidad internacional

Querido amigo:

Las últimas cartas sobre la comunidad no pueden concluir sin abordar el tema de la comunidad internacional.

Ya el P. Vitoria, de la Escuela de Salamanca, en el siglo XVI dijo que “…y es que el orbe todo, que en cierta manera forma una República”. A la comunidad internacional los humanistas le suelen denominar de diferentes maneras, a cual más sugerente: humanidad, linaje humano, familia humana, cristiandad, con lo que se destaca que en tal comunidad predomina más el elemento humano que el protagonismo de los Estados nacionales.

El humanismo pone su foco de atención en cuatro cuestiones:

1ª. La pobreza y la desigualdad entre las naciones que se manifiesta en el contraste entre la ingente cantidad de recursos naturales sin utilizar y los millones de personas que pasan o mueren de hambre; entre el exceso de bienes de las sociedades desarrolladas o de consumo y la carencia de los mínimos vitales en las sociedades pobres; entre los recursos destinados a los armamentos o al ocio y los dedicados al desarrollo de los pueblos en vías de serlo.

No busques, querido amigo, a los culpables de esta situación solamente entre los países más ricos, porque una sociedad o un país no se desarrollan si no generan confianza y esta solo se produce con la democracia, la libertad y el control de los Gobiernos. Por mucho que se ayude a aquellos países, su desarrollo solo vendrá cuando se cumplan esas condiciones, por lo que son también culpables quienes las impiden.

2ª. Los derechos humanos están formulados en la “Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, y se refieren tanto a derechos económicos como a valores espirituales, siendo su desconocimiento o vulneración una de las causas de las desigualdades y de las guerras. A la ONU le corresponde la defensa de estos derechos a nivel internacional.

Te prevengo, querido amigo, como ya te digo en otra carta, de la perversión que se está produciendo al querer incorporar pretendidos derechos humanos en abierta contradicción con los ya reconocidos, en base a asambleas, conferencias o cumbres, que carecen de legitimación y competencia para ello. Es el caso, por ejemplo, de la pretensión de reconocer el aborto como derecho humano de las mujeres, en contradicción con el derecho a la vida reconocido en la Carta.

3ª. Las guerras encuentran su raíz en la prevalencia de un interés político que significa ganancia unilateral o voluntad de poder, o que surge de la violación de los derechos humanos, o por la injusta distribución de los bienes.

Para el humanismo cristiano la doctrina de la guerra justa fue ya formulada por los teólogos de la Escuela de Salamanca (Vitoria, Suarez, Soto), y hoy está perfectamente definida en el punto 2.309 del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el Papa Juan Pablo II, la cual se extiende a tres supuestos: para reparar los daños causados por una agresión; siempre que se hayan agotado los medios para evitarla; y que concurran condiciones de éxito y proporcionalidad. La apreciación de estas condiciones, que hacen moralmente legítima una guerra, corresponde al juicio prudente de quien está a cargo del bien común, es decir la ONU.

4ª. El último punto, querido amigo, es el de la existencia de organizaciones internacionales. Sería imposible enunciar el ilimitado número de las existentes en cualquiera de los ámbitos o sectores de la vida en la comunidad internacional. Pero destacan sobre todas ellas la ONU porque es la garante de la preservación de la paz o de la autorización de la guerra, de la cooperación internacional, de la defensa de los derechos humanos, o del envío de misiones de paz a las zonas en conflicto, entre otras muchas.

Desde el humanismo se apoya la actuación de la ONU, aunque necesita de profundas reformas, no obstante sus fracasos en la solución de conflictos violentos, y no obstante los intentos de desvirtuar el sentido prístino de los derechos humanos.

Otra comunidad internacional que nos atañe directamente es la Unión Europea. Pero de ella te hablaré en la próxima carta.

Recibe un cordial abrazo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro