Cartas sobre humanismo y política

Volver a todas las cartas

20ª Carta: Humanismo y familia (1)

Querido amigo:

Para el humanismo, la  familia:

- es una comunidad humana fundada o fundable en el amor, entendido este como “entrega recíproca” de sus miembros, como lucha continuada por la existencia, como propósito inagotable de vida, como escuela de austeridad y sencillez, como objetivo al alcance de cualquiera y no solo de los espíritus cultos.

- es una comunidad humana que hace frente a un reto moral continuado en el que se sobrepone el ideal de convivencia amorosa a la función de unidad de consumo.

- desempeña funciones irremplazables de reproducción de la especie humana y de educación que no pueden separarse humanamente. En ella se recibe la formación básica en orden a los comportamientos personales y sociales y a los sentimientos, también de manera insustituible, mediante las relaciones de amor y de intimidad.

- es la primera escuela de ciertas virtudes de trascendencia social y política, tales como la tolerancia recíproca, la transigencia, el respeto humano, la capacidad de sacrificio y de renuncia, la solidaridad y las creencias y convicciones básicas.

- demanda, ante todo, estabilidad para el cumplimiento de sus funciones de manera más efectiva.

- es, en términos tanto morales como humanos, una hazaña de la libertad que implica, en consecuencia, una responsabilidad muy importante.

- es, para cada uno de sus miembros, un proceso continuado de búsqueda y realización de la propia identidad personal.

Para el humanismo cristiano, además [I], la familia es la primera y vital célula de la sociedad; el fundamento y alimento continuo de servicio a la vida; desempeña funciones complementarias con las de la sociedad; es escuela de socialidad, como órgano intermedio entre la persona y la comunidad; reclama la atención de los poderes públicos y un Derecho propio (“Carta de los Derechos de la Familia”), el respeto de la sociedad, de los medios de comunicación y del Estado; y reclama también ayudas para afrontar sus necesidades (familias numerosas) y sus responsabilidades.

No se te oculta, querido amigo, que la familia sufre en nuestros días una crisis profunda en su interior, y es objeto de ataques programados desde el exterior. Se llega a decir que hay varios modelos de familia, y que el modelo tradicional está completamente superado en nuestros días.

De todo ello te hablaré en la próxima carta, pero te anticipo que hay un solo modelo de familia, y es el que tú conoces. Y lo que se llaman modelos alternativos, o como se les quiera llamar, no son sino sucedáneos de mala calidad, es decir, otra cosa, que nada tiene que ver con la familia, aunque pretendan usurpar el nombre para aprovecharse de su prestigio.

Recientemente, el Papa Benedicto XVI dijo [II] que la familia, como amor generoso de un hombre y una mujer, es el marco eficaz y el fundamento de la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural. Solo donde existe amor y fidelidad nace y perdura la verdadera libertad.

El humanismo se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya todo lo que promueva el orden natural en el ámbito de la familia.

Tal vez el problema más sensible en este momento, desde la perspectiva política, sea el de la tasa de natalidad del que te hablo en otra carta. Por ello, son necesarias medidas económicas y sociales para que se promueva y fomente la natalidad, con especial protección a las familias numerosas, dignificándolas y apoyándolas en su tratamiento fiscal, educativo o de vivienda; y para que la mujer pueda conciliar su vida laboral y familiar, pudiendo realizarse en el trabajo y simultáneamente cumplir con sus obligaciones familiares.

 

 

Recibe un cordial abrazo

 

 

[I] Véase la Exhortación Apostólica Postsinodal de Juan Pablo II “Familiaris Consortio” de 1981.

[II] Discurso en Santiago de Compostela el 6.11.2010

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro