Cartas sobre humanismo y política

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21ª Carta: Humanismo y familia (y 2).

Querido amigo:

En la carta anterior me referí a lo que es la familia para el humanismo y te anticipaba que en esta te hablaría de la crisis de la familia. Voy a hacerlo consciente de la enorme complejidad del tema, tanto por la diversidad de las causas, como por la diversidad de los diagnósticos y tratamientos para abordarla.

Ante todo quiero hacerte una declaración inicial. Yo creo que la familia sigue siendo una institución fuerte, establecida sólidamente en las conciencias y en las costumbres, el primer y último apoyo y refugio del hombre, y en la que nos sentimos realizados vitalmente. Así creo yo que es en la mayor parte de las familias y que la “crisis” afecta a una parte, muy lejos de representar la situación general y normal. Dicho de otra manera, se habla siempre de lo patológico, pero no de la normalidad; se quiere convertir el accidente en categoría. O todavía más breve: la mayoría de nuestras familias son normales.

Lo anterior no impide reconocer los tiempos de cambio que vive la familia, y cuyos factores son, entre otros muchos, la disminución del número de hijos, el aumento de personas de tercera y de cuarta edad, el trabajo de la mujer fuera del hogar y la necesidad de conciliarlo con el trabajo doméstico, el aumento de la capacidad de consumo como consecuencia de los mayores recursos disponibles, las mayores posibilidades de ocio, la mejora de las condiciones de la educación, la mayor libertad social, la pérdida de creencias y práctica religiosa. A estos factores podrías añadir otros derivados de tu propia experiencia personal.

Llamo tu atención sobre la tasa de natalidad en España. Está admitido que la tasa de equilibrio demográfico es de 2,1 hijos/mujer. En España la tasa bajó del 1,46 en 2008 al 1,38 en 2011. De seguir en estos términos, se calcula estadísticamente que en el año 2050, que no está tan lejos como te parece, habrá igual número de trabajadores que de pensionistas, es decir, que cada empleado deberá mantener a un pensionista, y eso sin considerar el problema del paro.

Los factores de cambio que hemos identificado más arriba son eso, factores de cambio, como cambios ha habido en todas las etapas de la historia. Pero la crisis de la familia de la que se habla, no viene determinada solo por estos factores, sino también por un movimiento ideológico más amplio y de mayor alcance del que te quiero informar y prevenir.

Para entendernos este movimiento podría denominarse “nueva izquierda” o “nuevos progresistas”, y es el sucesor, con algunos añadidos, de la izquierda marxista que cayó cuando se derrumbó el muro de Berlín, pero que ellos ignoran. Dentro de él se mezclan los partidarios de la permisividad en la educación, de la intolerancia frente al cristianismo, del pacifismo (“buenismo”), del multiculturalismo (alianza de civilizaciones), del ecologismo radical, del feminismo también radical y de la ideología de género[i].

Aunque volveré a hablarte de la ideología de género más adelante, en las cartas sobre la confrontación ideológica de nuestro tiempo, déjame que te anticipe algunas ideas porque lo considero el peligro más grave para la familia.

Su origen es marxista. Ya Engels sostuvo que la primera lucha de clases era la de la mujer contra su marido, que la liberación del proletariado pasaba por la liberación de la mujer, y que la familia dejaba de ser una unidad de producción, por lo que podía extinguirse, dado que los medios de producción pasaban a ser propiedad del Estado. También Marx propugnó la abolición de la familia burguesa.

Dicho de forma breve, lo que la ideología de género sostiene es que dada la imposibilidad de suprimir las diferencias biológicas entre hombre y mujer, deben suprimirse todas las demás, pues no son sino productos sociales, culturales o históricos nacidos en otras circunstancias. En consecuencia, se igualan los géneros: masculino, femenino, homosexual, lésbico, mixto.

Para conseguir abolir las diferencia se propugna una revolución moral, familiar y sexual cuyos instrumentos son el aborto libre, los llamados “nuevos modelos” de familia, la normalización de la homosexualidad y el lesbianismo, el reconocimiento legal de las parejas de hecho, los matrimonios gay, la educación para la ciudadanía, los ataques a la Iglesia, y la píldora del día después, entre otros.

No tengas duda, querido amigo, que la “nueva izquierda”, los “nuevos progresistas”, el “socialismo radical” o como quiera llamarse, pues todo es lo mismo, pretende la abolición de la familia de manera sistemática y contumaz. Un humanista, que sabe bien de lo que habla, I. Gafarevitch, en su libro “El fenómeno socialista”, ha dicho que la abolición de la familia, la comunidad de mujeres, la ruptura de los vínculos paterno filiales, son principios proclamados por la mayoría de las doctrinas socialistas y constituye uno de los aspectos de su tendencia a la destrucción y al gusto por la nada.

Recibe un cordial abrazo de

 



[i] Para una visión completa véase el Documento “La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”, (abril de 2012) recogido en la página web de la Fundación>>>Bibliografía>>>Documentos básicos.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro