Cartas sobre humanismo y política

Volver a todas las cartas

22ª Carta: Humanismo y compromiso

Querido amigo:

Una de las ideas más importantes para comprender la noción de humanismo es la de compromiso. La persona, además de nacer en el seno de una comunidad social, lo hace también dentro de una comunidad política, por lo que el desarrollo de su vida se lleva  a cabo en un marco definido por los elementos y caracteres de ambas comunidades. No es lo mismo nacer en una comunidad libre, que en una comunista o sin libertad.

Si a la altura de los tiempos que vivimos no puede discutirse que el hombre tiene una naturaleza social por necesidad, ya que aisladamente no podría conseguir su desarrollo como persona, hay que aceptar, en consecuencia, que junto a la necesaria propensión comunitaria, exista también en el hombre un egoísmo instintivo, o si se quiere, una permanente afirmación del “yo”.

Entre estas dos propensiones aparece la idea de compromiso.

Ante todo, sirve para superar la del automatismo de la inserción del hombre en la comunidad política. No se trata de un determinismo o fatalismo sin posibilidad de alternativa. Desde la perspectiva moral, el hombre se compromete con la comunidad en que se encuentra inserto, como decisión que asume personal y libremente.

La idea humanista de compromiso no significa que se acepte simplemente cumplir las obligaciones o ejercer los derechos que lleva implícito la pertenencia a una comunidad determinada. A eso se llamaría “cumplir con los deberes de ciudadano”. Pero el ideal humanista de compromiso va más allá.

Significa que, por encima de la condición de ciudadano, se asume un “plus”, algo más de lo que imponen las leyes. Significa un propósito de plenitud personal superador de los derechos y obligaciones normales y comunes. Significa que esa plenitud se quiera alcanzar, de forma directa o indirecta, más o menos explícita, mediante una adicional entrega a los demás o al servicio de la comunidad.

El humanismo no se limita a la preocupación por el bienestar material del ciudadano, sino que trata de infundirle un estímulo positivo, un mensaje de solidaridad, y una invitación a la perfección social, además de la personal, porque mientras los derechos o deberes nos son otorgados o exigidos por el hecho de pertenecer a una comunidad, el humanismo quiere conducir al hombre, a través del compromiso, a una voluntad de superación de tales niveles comunes, mediante el servicio a los demás no exigible legalmente.

Pero si el compromiso le es exigible a cualquier persona ¡fíjate, querido amigo, el juego que estas ideas pueden dar en el compromiso político! El político imbuido de los ideales del humanismo no puede aspirar a desempeñar un cargo público pensando simplemente en cumplir las cargas u obligaciones del mismo, o ejercer los derechos y potestades (autoridad pública) que les sean otorgados, o disfrutar de los privilegios o medios excepcionales anejos al cargo.

El compromiso político, en los términos del humanismo, es ir más allá de todo eso. Significa entregarse al servicio de la comunidad para atender y resolver las necesidades de los ciudadanos, más allá de aquellas obligaciones, o derechos o privilegios. Significa entregarse hasta el agotamiento diario físico e intelectual. Significa renunciar a horas de descanso y convivencia familiar. Significa renunciar a la privacidad e intimidad de la vida privada, para estar expuesto, permanentemente, a los focos en la plaza pública. Significa, en fin, llegar al final de la etapa que le toque servir, con la plena convicción de haberse entregado sin reserva alguna, aunque sepa de antemano que nadie lo va a reconocer, ni mucho menos agradecer.

 

Recibe un cordial abrazo de

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro