Cartas sobre humanismo y política

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30ª Carta: Humanismo y heroísmo

Querido amigo:

Tal vez te parezca extraño que entre las actitudes del humanismo, que estoy comentando en estas cartas, te mencione el heroísmo. Tal vez te parezca extraño porque la idea que tienes del héroe es la de un ser excepcional que ha tenido un comportamiento excepcional  y en circunstancias excepcionales.

Pero esta idea tuya no es correcta. Te asombraría comprobar los actos y las actitudes heroicas que se dan cotidianamente y en las circunstancias más ordinarias. Porque el heroísmo tiene una perspectiva moral que lleva a las personas a cumplir con su deber, más allá de lo que el deber exige, y es en ese “más allá” donde el deber deja de serlo para convertirse en heroísmo.

Con frecuencia se atribuye en exclusiva la condición de héroe al que da su vida por una causa, ya sea voluntariamente, ya sea inevitablemente. Ocurre así con las víctimas del terrorismo, o con los miembros de las Fuerzas Armadas, que cumplen su juramento de dar “hasta la última gota de su sangre” si lo exige la misión de guerra o la misión de paz. Pero tal condición exclusiva no es justa, porque igual condición heroica la tienen quienes viven o han soportado la amenaza terrorista, o quienes arriesgan sus vidas en aquellas misiones, aunque no la pierdan. Lo mismo podía decirse de los Cuerpos de Seguridad que velan por nuestra paz ciudadana.

Mira con mucho respeto, querido amigo, a quienes han soportado aquellas amenazas, a quienes viven con el recuerdo de sus seres queridos arrebatados por el terrorismo y a los profesionales que juran entregar su vida, que la arriesgan y que a veces el riesgo se hace realidad y la entregan.

En ambas situaciones, la de la vida civil o la de la vida militar, subyace la misma idea, el heroísmo, sin egolatría, dice razón del cumplimiento de los deberes que implican una cierta entrega a los demás, por encima de lo exigible como antes te dije. En ese camino se recorren una serie de etapas, que no es otra cosa sino una vocación de servicio a los demás.

¡Qué pena no darnos cuenta de que vivimos rodeados de héroes!: las amas de casa, las madres de familias numerosas, las que concilian su condición con el trabajo, el profesional que no tiene en cuenta las horas ni los horarios, los que nos proporcionan seguridad a cualquier hora del día o de la noche, los que cumplen sus obligaciones con alegría contagiosa, los que encuentran su vocación y se entregan a ella sin límite, los que no dejan de mejorar el trabajo que desarrollan, los que ponen pasión y ternura en lo que hacen, los que ponen su alma en ello, los que se niegan el descanso o el ocio para que lo tengan los demás, los que cuidan y se preocupan de hacer bien las cosas que hay que hacer, los que no se abandonan para evitar caer en el abandono, los que superan la tentación de un odio justificado, o los que pasan olímpicamente de la incomprensión o de la intolerancia.

Y la pregunta que te habrás hecho a estas alturas de la carta es ¿son héroes los políticos?

No lo son quienes van a la política para satisfacer su ego o su afán de protagonismo o popularidad; quienes van a la política porque no saben hacer otra cosa y no tienen dónde ir; los que van a la política sin preparación; y los que van a la política a enriquecerse y a corromperse.

Pero sí lo son los que van a la política con el objetivo de servir a la comunidad, de ayudar a resolver los problemas de los ciudadanos, de colaborar con competencia y lealtad en la ejecución de un programa electoral; sí lo son los políticos que aportan su preparación profesional y su experiencia para abordar y conseguir los objetivos del bien común; y lo son los políticos que sacrifican su tiempo de descanso y convivencia familiar, su patrimonio y, en ocasiones, su salud.

Tendrás que aprender, querido amigo, a distinguir unos de otros.

Recibe un cordial abrazo de

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro