Cartas sobre humanismo y política

Volver a todas las cartas

32ª Carta: Humanismo y vida pública.

Querido amigo[i]:

Una de las cuestiones a las que el humanismo se enfrenta de manera permanente es la del testimonio. Dicho de otra manera, el hombre con convicciones morales debe guardarlas para su intimidad, o debe manifestarlas sin complejos en la vida pública. No hace falta te indique cual es la posición del humanismo cristiano, pero, tal vez, si lo sea el que te diga el porqué.

En los países de nuestro entorno se va consolidando una ética política (aunque no se respete siempre) basada en los principios de: democracia pluralista, libertad de expresión, libertad de afiliación política, respeto y sumisión a la ley, reconocimiento de los derechos y obligaciones del ciudadano, igualdad ante la ley, reconocimiento de la dignidad de la persona y deber de los poderes públicos de buscar el bien común.

Pero si estos principios que constituye el sustento del sistema democrático solo se fundamentasen en el mero consentimiento de los individuos (doctrina del contrato social), dicho sistema sería evidentemente frágil.

El humanismo cristiano sostiene que por medio de la razón, sin necesidad de recurrir a la revelación, se puede acceder y a admitir que unas normas objetivas universales deben orientar las acciones justas de gobierno.

Y aquí entra en juego, querido amigo, el papel del hombre con convicciones morales, o tirando por elevación, el papel de la Religión. Ese papel no consiste en proporcionar aquellas normas objetivas universales que oriente la acción del gobierno, ni tampoco en proponer soluciones concretas a los problemas sociales o económicos.

El papel del hombre con convicciones morales consiste en mantener su presencia en la vida pública para esclarecer e iluminar el uso de la razón, primero, en el descubrimiento de los principios morales objetivos, y, después, su plasmación en las normas objetivas o en las soluciones concretas. Se trata por tanto, de un papel orientador o corrector de lo que es razonable.

Cuando este papel corrector u orientador no existe, o se prescinde de él deliberadamente, la razón puede ser distorsionada por las ideologías, o aplicada solo parcialmente en detrimento de la dignidad humana. El abuso de la razón, sin papel corrector o iluminador condujo a los totalitarismos del siglo XX.

Lo mismo que la razón y la fe se necesitan mutuamente en búsqueda de la verdad, los políticos necesitan la presencia activa en la vida pública de quien tenga convicciones morales, porque su contribución es vital en el debate.

En otra carta, querido amigo, te hablaré del laicismo y de cómo se margina o ignoran a las personas con convicciones morales, incluso en países que se tienen por tolerantes; de cómo se relega la voz de la Religión a la esfera privada; o de cómo se pide a los políticos en activo, que, en determinados supuestos, actúen en contra de sus convicciones morales, es decir, en contra de su conciencia.

En una reciente visita al Reino Unido, el Papa Benedicto XVI pronunció un discurso en Westminster Hall, sede del Parlamento inglés, el 17.9.2010, donde abordó estas y otras cuestiones. Te recomiendo su lectura. Es un documento básico. Está en nuestra página web (carpeta de bibliografía, subcarperta de documentos básicos).

Posteriormente, en otra ocasión, el Papa se preguntaba cómo era posible que se haya hecho el silencio sobre la realidad primera y esencial de la vida humana, o cómo lo más determinante de esa vida puede ser reducido a la intimidad, o reducido a la penumbra. No se puede negar a Dios, según el Papa, como sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades, o imán de los corazones, el derecho de proponer esa luz para disipara las tinieblas.

En la próxima carta te hablaré de humanismo e ideologías.

Recibe un cordial abrazo de



[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro