Cartas sobre humanismo y política

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33ª Carta: Humanismo e ideologías.

Querido amigo[i]:

En términos muy amplios podríamos considerar que una ideología es una concepción global de la vida que pretende tener una  respuesta para las cuestiones sociales, económicas y principalmente políticas. Los ejemplos clásicos y contrapuestos son el liberalismo y el marxismo.

La ideología se diferencia de los ideales (fines últimos como la justicia social, la unidad de la patria, la defensa de la vida, etc.); de las actitudes (posiciones personales estables desde las que se reacciona ante los problemas, como pueden ser la conservadora, la progresista, la radical, etc.); y de los programas (manifestación escrita concreta ante situaciones especiales, como unas elecciones).

Se ha hablado mucho sobre la decadencia o crepúsculo de las ideologías en el sentido de no poder diferenciarse unas de otras. Se argumenta en base a los intereses y exigencias programáticas del poder; o por razones y motivaciones coyunturales (como el caso del liberalismo que usa la planificación económica, o las economías centralizadas abiertas parcialmente al libre mercado); o por la similitud creciente de las sociedades desarrolladas; o de la sustitución del término “ideología” por la expresión “modelo de sociedad”.

Sin embargo, y frente a estos argumentos hay también factores de permanencia y continuidad, como lo demuestra el mantenimiento de los estudios, trabajos y libros sobre cada una de ellas; o el valor más que simbólico en la dialéctica de nuestro tiempo; o la especial connotación de lucha implicada en ellas. Así, el liberalismo luchará por la libertad política, el libre mercado y la iniciativa personal. Mientras que el marxismo propugnará la lucha de clases, el mercado planificado  y la ausencia de libertad personal.

En este contexto, el humanismo considera que el cristianismo no puede considerarse como una ideología, aunque tenga una concepción global del mundo, no solo desde la perspectiva moral, sino también desde el ámbito social y económico. Basta para comprobarlo la lectura de algunas de las Encíclicas de los Papas recientes sobre temas sociales, lo cual te recomiendo vivamente si nunca has leído ninguna, pues te llevarás una gran sorpresa.

En consecuencia con lo anterior, tampoco el humanismo cristiano es una ideología, pero sí es partidario, propugna y defiende una de ellas, el constitucionalismo democrático que paso a explicarte a continuación.

El liberalismo económico originario, que fue fruto del iusnaturalismo, el racionalismo y la Ilustración, exaltaba la libertad del hombre y una concepción neutral del Estado (“laissez faire, laissez passer”). El liberalismo político surgido del económico equivale a constitucionalismo y se caracteriza por tres notas: exaltación de los derechos individuales (el ciudadano es miembro de una comunidad, con libertades políticas protegidas por el Estado); el Estado de Derecho (actuación de los poderes públicos conforme a la ley y controlado por los jueces); y división de poderes: independientes entre sí y que actúan como balanzas y contrapesos.

Junto al constitucionalismo, la democracia significa igualdad ante la ley, lo que supone el sufragio universal (“un hombre un voto”), que permite la participación del ciudadano en las elecciones, que expresan su voluntad mayoritaria y la toma de decisiones por mayoría (o voluntad general), cerrándose el circulo con la posibilidad de alternancia en el poder.

Cuando se fusionan constitucionalismo y democracia aparece el constitucionalismo democrático, que es una de las ideologías de nuestro tiempo, caracterizadas por la exaltación de los derechos individuales, el Estado de Derecho, la separación de poderes, el sistema de mayorías en la adopción de acuerdos, la alternancia en el poder, y el reconocimiento del Estado social que tiene por fin la procura existencial.

El humanismo cristiano añade a estos componentes el rechazo del laicismo y la obligación del Estado de cumplir, además de las obligaciones que le impone la Constitución, los valores morales universales que forman parte de la tradición y son profesados por la mayoría de los ciudadanos.

Te toca ahora, querido amigo, examinar si, aquí y ahora, se cumplen todas estas condiciones en la España de hoy.

En la próxima carta te hablaré de humanismo y condición del gobernante.

Recibe un cordial abrazo de



[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pág. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro