Cartas sobre humanismo y política

Volver a todas las cartas

34ª Carta: Humanismo y condición del gobernante.

Querido amigo[i]:

El gobernante, es decir, el político, debe enfrentarse a tres problemas: la pasión por el poder, la corrupción y la obsesión por su imagen.

La pasión por el poder es legítima. Nunca descalifiques a nadie de quien se dice que tiene una gran ambición. La cuestión está en saber dirigir y enfocar esa ambición hacia los fines propios del ejercicio del poder: servir a los demás, esto es, a los ciudadanos, en vez de servirse a sí mismo. El poder necesita pasión, pues nada hay más desolador que un político sin ella. Y necesitamos políticos apasionados por su tarea y por su servicio a los demás.

La corrupción es el tema de nuestro tiempo y de nuestros días. Se produce porque el político corrupto se sirve a sí mismo, en vez de servir a los demás; porque considera que una vez alcanzado el poder todo le está permitido, especialmente enriquecerse. Hay muchas maneras de corromperse, desde abusar de los servicios, de las personas y de las cosas que se ponen a su disposición para cumplir las funciones públicas encomendadas, hasta terminar el mandato con un patrimonio superior al del inicio. Desconfía de los políticos que, bajo la apariencia de la legalidad, han salido enriquecidos de la política.

El tercer problema del político se mueve en líneas más suaves y en conductas menos visibles, pero que conducen ineluctablemente a la demagogia. Se ha dicho de manera insuperable, por lo que te lo transcribo literalmente:

“…el engaño demagógico es la característica de un tipo especial de gobernante: no es el que madura los pensamientos, el que procura hacerse una imagen de los objetivos comunitarios, el que se esfuerza por dirigir, el que busca las técnicas de gobierno adecuadas, el que comprende la necesidad absoluta de la coherencia y de la explicación pública de sus acciones. No. Ni el gobernante que, poseído de todas estas preocupaciones, las templa en aras de lo posible, de lo pragmático, de lo viable. Tampoco. Es un tipo de gobernante atento a los movimientos más imperceptibles de la veleidad colectiva, apasionado por vivir en olor de multitud, indiferente a las verdaderas aspiraciones del pueblo. Toma rumbo en cada viento y quiere complacer a todos los que se hacen oír. Trabaja al día y en el sentido del medio que le influencia: sea el círculo más próximo de hombres que le rodea, el comentarista más audaz o la presión más temible. El posible voto o la deseada anuencia privan por encima de lo que es debido, de lo que importa, de lo que verdaderamente exija el interés comunitario o la necesidad colectiva”.[ii]

Lo anterior tiene consecuencias en lo que en sociología política se llama el “roll”, que no es la función o el papel que desempeña el político, sino el papel que se espera de él, lo que quieren escuchar sus clientelas. Se convierta así en esclavo de su imagen. Si lo que se espera de él es la tolerancia, será tolerante. Si lo que se espera es energía, endurecerá el gesto. Su talante, su actitud, sus decisiones no serán las que demande el interés general, sino aquellas a las que le obliga su “roll”, lo que se espera de él.

Si repasásemos juntos, querido amigo, el listado de nuestros políticos podríamos detectar fácilmente a muchos personajes vacíos de sustancia, que hacen carrera y se perpetúan en ella por la habilidad de sus asesores de imagen, o por la “compra” o los favores a los medios que les apoyan.

Rechaza con tu voto, y desconfía con tu corazón a aquellos políticos que carecen de justa pasión, que son corruptos o que son esclavos de su imagen, porque no son políticos íntegros. Pero de la integridad del gobernante te hablaré en la próxima carta.

Recibe un cordial abrazo de



[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pág. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

[ii] Martínez Esteruelas, Cruz, Obras Completas, volumen III, pag. 35

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro