Cartas sobre humanismo y política

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37ª Carta: Humanismo y virtudes del gobernante.

Querido amigo[i]:

En las tres cartas anteriores te he hablado de la condición, de la integridad, de la elegancia y del talante del gobernante. Estoy tratando de dibujar el perfil del gobernante que a todos nos gustaría tener. Y en este diseño no puede faltar la mención de las virtudes del gobernante. Pero hay que distinguir aquellas que debe tener en su condición de hombre público (las que hemos desarrollado hasta ahora) de aquellas que debe tener en su condición de persona.

El humanismo defiende que no pueden disociarse ambas condiciones. Con frecuencia oímos: “esto lo digo a título personal”. No es admisible. En el gobernante lo privado y lo público van unidos, porque quien carece de virtudes privadas, es difícil que tenga virtudes públicas.

El modelo virtuoso del gobernante es el de aquel que actúa regido por una completa integridad moral y por un irrevocable compromiso contra las injusticias o discriminaciones no justificadas.

Sin pretender ser exhaustivos podemos mencionar las siguientes virtudes:

- actuar con rectitud de corazón, lo que significa de acuerdo a una conciencia totalmente recta.

- buscar el conocimiento total de las cuestiones que aborda a través de una información completa para comprender y juzgar rectamente.

- tener la misma rectitud de intención en la vida pública y en la privada.

- luchar contra toda maldad o injusticia, manteniendo alejadas cualquier tipo de opción que implique una perversión moral.

- rechazar las calumnias y las difamaciones.

- huir de la arrogancia, la prepotencia y la soberbia.

- valorar la lealtad, evitando el consejo de quienes actúan con engaño, mentira y  fraude.

- combatir la criminalidad en cualquier ámbito de la vida social o económica.

Te sorprenderá saber, querido amigo, que estas virtudes del gobernante que hemos seleccionado, no son solo de nuestro tiempo. Están formuladas hace más de 2.000 años. ¡Si, si! Como lo lees. En la Biblia, en el Antiguo Testamento hay un libro llamado de “Los Salmos”, cuya antigüedad es varios siglos anterior al nacimiento de Cristo. Para que tú mismo lo compruebes, y por si tuvieras dificultad en acceder a ese texto, te transcribo el Salmo 100:

“Voy a cantar la bondad y la justicia,

Para ti es mi música, Señor;

Voy a explicar el camino perfecto:

¿Cuándo vendrás a mí?

Andaré con rectitud de corazón dentro de mi casa

No pondré mis ojos en intenciones viles;

Aborrezco el que obra el mal, no se juntará conmigo;

Lejos de mi el corazón torcido, no aprobaré al malvado.

Al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar;

Ojos engreídos, corazones arrogantes, no los soportaré.

Pongo mis ojos en quienes son mis leales, ellos vivirán conmigo;

El que sigue un camino perfecto, ese me servirá;

No habitará en mi casa quien comete fraudes;

El que dice mentiras no durará en mi presencia;

Cada mañana haré callar a los hombres malvados,

Para excluir de la ciudad de Dios a todos los malhechores”

 

¿Qué te parece? Nada hay nuevo bajo el sol. ¿Sabrán nuestros gobernantes que existe el Salmo 100?

En la próxima carta te hablaré de humanismo y Fuerzas Armadas.

 

Recibe un cordial abrazo de



[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro