Cartas sobre humanismo y política

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40ª Carta: Raimundo Lulio.

Querido amigo[i]:

Tal vez recuerdes que en la Carta 1ª te anunciaba que cada diez cartas, más o menos, te hablaría de la figura de un humanista. En la Carta  11ª lo hice de Santo Tomás Moro, en la 19ª de Cruz Martínez Esteruelas y en la 31ª de Erasmo de Rotterdam. En esta lo voy a hacer de Raimundo Lulio o Raimon Llull, humanista de talla universal y personaje gigantesco en la historia del pensamiento, pero prácticamente desconocido en España, salvo en esa parte de España que es Cataluña.

Lulio pertenece a la España gótica pues nace en 1232 y muere en 1315 aproximadamente. Es el siglo XIII y comienzos del XIV en los que la Corona de Aragón con Jaime I se encuentra en momentos de expansión. A sus 40 años se retira a la vida contemplativa en el monte de Randa, en Mallorca, y luego en el Monasterio cisterciense de Real, donde escribe buena parte de su obra.

Su proyecto de vida fue extender la fe cristiana entre judíos (con su variada diáspora), los musulmanes (enfrentándose al poder islámico), y recuperar la unidad de la Iglesia (superando el cisma de Oriente), buscando una comunidad cristiana universal.

Para cumplir este proyecto estudió la religión, la cultura y el idioma de “los otros”, pues pensaba que solo se podía transmitir el mensaje conociéndolos a fondo. Propuso la creación de Colegios de lenguas orientales en Roma, Paris y Toledo, y creó el Monasterio franciscano de Miramar en Mallorca.

La lógica y la pedagogía de Lulio para conocer la realidad se desplegó en métodos y procedimientos con los que se proponía ayudar a saber y, sobre todo, a creer. Se trata de una lógica al servicio de la  fe. A ello se dedican su “Ars generalis et ultima”, “Ars brevis”, “Ars demostrativa”, “De ascenso et descensu intellectus”.

Su saber fue enciclopédico, como buen humanista, escribiendo sobre astronomía, geometría, medicina, derecho y sobre animales (“Ars de les besties”).

Tuvo grandes detractores y defensores. Su nombre, como autor, fue incluido en el Índice de autores prohibidos, por el Papa Pablo IV, pero el Concilio de Trento levantó la prohibición. Entre sus defensores se contaron el Cardenal Cisneros, el rey Felipe II, G. Bruno, el arquitecto Herrera, y más recientemente el filósofo Leibniz.

Fue místico y poeta, al igual que lo fueron después Teresa de Jesús o Juan de la Cruz. Fue místico en el sentido teológico del concepto: vivir el misterio con tal fuerza que su vida quedó trascendida por Él. Su misticismo se expresó en su libro “Libre de la contemplació”, en el que analiza extensamente, podríamos decir que enciclopédicamente, los temas del amor y de la oración.

Como poeta nos legó poemas marianos (“Hora de nostra Dona” y “Plant de la Verge”), y otros autobiográficos (“Desconhort” y “Cant de Raimon”).

Pero su figura no quedaría completa si a su condición de místico, poeta y hombre de saber enciclopédico,  no le añadiéramos su continua búsqueda de utopías e ideales. Recorrió el mundo conocido hasta entonces en búsqueda de las maravillas de Dios para contarlas en sus libros “Felix de las maravelles del mon” y “Libre de Evast e de Aloma e de Blanquena”. Félix recorre el mundo y Blanquerna recorre todos los estadios de la vida canónica para después renunciar a ellos y dedicarse a la contemplación.

¿Por qué considerar a Raimundo Lulio un humanista? Creo, querido amigo que con lo dicho hasta ahora, tú mismo te podías dar la respuesta: soñador, utópico, viajero, poeta, sabio. Las condiciones del humanista.

En la próxima carta te hablaré de humanismo y laicismo.

Recibe un cordial abrazo de



[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro