Cartas sobre humanismo y política

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5ª Carta: Los humanistas

Querido amigo:

Del humanismo como teoría y como doctrina, seguiremos hablando en cartas posteriores, pero en esta, déjame que te hable de los sujetos, de los protagonistas, de aquellos que podemos considerar verdaderos humanistas, aunque solo sea en una primera aproximación.

En la 2ª de estas cartas te decía que aunque el término “humanismo” había sido acuñado siglos después, las ideas que lo conforman habían aparecido en la época del Renacimiento, esto es, durante los XIII en adelante, según la mayoría de los autores. Hablar de humanismo en aquellos siglos era hablar de los “studia humanitatis”, es decir, un modelo pedagógico basado en el renacer de la cultura greco-latina, y se explicaba del siguiente modo: les exigencias de la vida mercantil obligaban a una renovación educativa, de forma que las nuevas clases sociales buscan otra manera de acceder al conocimiento, diferente del resto de la población, con su saber tradicional reducido a la cultura popular.

Los primeros humanistas aparecen entonces, pudiéndose ya distinguir entre un humanismo “pagano”, caracterizado por un exceso de naturalismo, una concepción pagana de la vida, escéptico y racionalista, entre los que podemos incluir a L. Valle y A. Boccadelli; y, por otra parte, humanistas “cristianos”, caracterizados por reconocer en los clásicos greco-romanos el instrumento para la educación y la formación, sin sumisión a la gentilidad, y con clara concepción del valor de la persona humana. Entre ellos que podemos citar, a Petrarca, Vergerio, Feltre, Agricola, Parentucelli (posterior Papa Nicolás IV), Salutati, Bruni, Bracciolini, Alberti, entre otros. También al español Raimundo Lulio.

Todos ellos se encuentran en la raíz del pensamiento humanista, y esta raíz irá creciendo hasta hacer del humanismo un rasgo del espíritu europeo, en el que se valora la verdad sobre la persona como su relación con la humanidad y con su impronta en la historia. A estos humanistas no les prestaremos más atención, salvo la reseña bibliográfica en el apartado correspondiente de la página web de la Fundación, con la excepción de Raimundo Lulio.

Una “segunda generación” más cercana a nosotros y con mayor influencia en nuestra historia del pensamiento fueron, entre otros, Tomás Moro, que da nombre a nuestra Fundación, que introduce por primera vez la idea de la santificación en el trabajo y en la vida de familia, que sostiene la integración de lo activo y lo contemplativo, y que lleva a cabo una primera aproximación al concepto de igualdad; Erasmo de Rotterdam, que defiende el “libre arbitrio” frente a Lutero; Nicolás de Cusa que introduce el principio de que a lo que a todos atañe, por todos debe ser aprobado; Juan Luís Vives, que en sus obra “Introducción a la sabiduría”, analiza al hombre como persona, sus relaciones con los demás y la mutua ayuda, el sentido del dolor y la ira, con una visión cristiana de la vida; o Pico de la Mirandola, que publica sobre la dignidad del hombre y sobre la igualdad, y dejó escrita una meditación con valor universal y permanente, poniendo en boca de Dios:

“…no te ha dado, oh Adán, un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa específica, para que, de acuerdo con tu deseo y opción, observes y conserves el lugar, el aspecto y las prerrogativas que prefieras…Tu determinarás tu naturaleza sin verte constreñido por ninguna barrera, según tu arbitrio, a cuya potestad te he entregado. Te coloqué en el medio del mundo para que desde allí, pudieras elegir mejor todo lo que hay en él. No te he hecho ni celestial ni terreno, ni mortal ni inmortal, para que por ti mismo como libre y soberano artífice, te plasmes y te esculpas en la forma que elijas. Podrás degenerar en aquellas cosas inferiores, que son los irracionales; podrás de acuerdo con tu voluntad regenerarte en las cosas superiores, que son divinas”.

En esta cita, querido amigo, se encuentra latente una de las ideas básicas del humanismo de nuestro tiempo, que en su momento desarrollaremos, y es que por encima del Estado del bienestar, que garantiza al ciudadano la satisfacción general y gratuita de sus necesidades, se encuentra la idea de que no se puede privar al hombre de vivir el riesgo de su propia aventura.

A algunos de estos humanistas, sí les dedicaremos mayor atención y cartas específicas, destacando sus rasgos característicos de investidura intelectual y cultural, preocupación por el hombre integral, utopía, competencia profesional, sentido de la familia, sentido de la amistad y sentido de la lealtad.

Y finalmente, los humanistas de nuestro tiempo como J. Maritain, R. de Maeztu, A. Solznitzy, José Larraz, Domingo Indurain, Marcelo Gonzalez, Juan Pablo II o Cruz Martínez Esteruelas, el fundador de esta casa.

En mi próxima carta, querido amigo, te hablaré de algunos libros y documentos básicos del humanismo.

Recibe un cordial saludo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro