Cartas sobre humanismo y política

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61ª Carta: Humanismo social y persona (1).

Querido amigo[i]:

En la carta 7ª a 10ª te hablé de la persona, de su dignidad, libertad e igualdad. En esta quiero reiterarte la visión del hombre desde la perspectiva del humanismo social y cristiano.

La libertad humana tiene una relación intrínseca con la verdad porque sin ella caería en el arbitrio y se sometería a las pasiones más viles. Los grandes males de nuestro tiempo derivan, principalmente, de que en la esfera de la actividad económica la libertad se ha separado de la verdad del hombre.

Por otra parte, la libertad no puede entenderse sin reconocer el deber de respetar los derechos de los demás hombres. Cuando esto no es así se puede llegar a las extremas consecuencias vividas en la mitad del siglo XX, cuando ideologías fundadas en el odio y la injusticia legitimaron las más terribles barbaridades.

Por eso la primera condición de la libertad de la persona es la sumisión a la verdad sobre el hombre que le permite ordenar las propias necesidades y el modo de satisfacerlas según una justa jerarquía de valores, lejos de la manipulación de los medios de comunicación que, con frecuencia, imponen modas y corrientes de opinión carentes de consistencia crítica.

La segunda condición es el rechazo de los fanatismos o fundamentalismos tanto religiosos como nacionalistas, al ratificar la trascendencia del hombre y de su dignidad como contenido esencial de esa verdad. En un mundo sin verdad sobre la persona, la libertad pierde consistencia y el hombre queda expuesto a todo tipo de violencias. Dentro de la dignidad destaca, para el humanismo social, la del trabajo y el trabajador, como vocación de la persona e instrumento para su propia realización.

Por mucho que se niegue, el cristianismo es la “lengua materna” de los europeos, y la lengua de los derechos humanos uno de sus dialectos. Reconocer los derechos humanos o derechos naturales implica reconocer que todo hombre lleva implícito dentro de sí la imagen de Dios, y respetándolos, su semejanza.

Te los recuerdo: derecho a la vida desde la concepción, derecho a crear una familia, derecho a la educación, derecho a la libertad, derecho al trabajo, derecho a la propiedad privada, derecho de asociación, derecho al descanso, derecho al salario justo, entre otros muchos.

La historia reciente nos ha dado un ejemplo espectacular de las consecuencias que se producen cuando la libertad se aparta de la verdad. Tales consecuencias se comprenden muy bien, cuando en 1989 se produce el derrumbamiento del comunismo, simbolizado en la caída del muro de Berlín.

El primer factor que puso en marcha el proceso fue la permanente y sistemática violación de los derechos de los trabajadores, pues fueron muchedumbres de estos los que desautorizaron una ideología que pretendía ser su voz.

El segundo factor fue la insuficiencia de un sistema económico que desconocía derechos humanos fundamentales como los de la libre iniciativa privada, la propiedad, o la dimensión cultural y nacional de los pueblos.

El tercer factor fue un error básico del socialismo, un error antropológico, al desatender desde el punto de vista ético la naturaleza del hombre que ha sido creado para la libertad. Cuando una sociedad se organiza reduciendo arbitrariamente o eliminando el ámbito en que se ejerce legítimamente esa libertad, el resultado es la decadencia progresiva de la vida moral y social.

Tienes aquí, querido amigo, una explicación de la caída del comunismo que el humanismo social te ofrece basada en la persona.

En la próxima carta continuaré con este tema.

Recibe un cordial abrazo de



[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro