Cartas sobre humanismo y política

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66ª Carta: Humanismo social y fines de la comunidad y del Estado (y 4).

Querido amigo:

En las cartas anteriores te he hablado de la convivencia y de la organización social y política de la comunidad como sus elementos esenciales. En ésta, que será la última que dedico a la comunidad, te hablaré de sus fines, que con frecuencia se  identifican o se confunden con los fines del Estado. Y ello es así, porque el Estado o los poderes públicos son los gestores de los fines de la comunidad. Por eso podríamos decir que, en un primer momento, los fines del Estado y los de la comunidad coinciden. Pero podemos separarlos.

En los tiempos que vivimos el Estado debe cumplir unos fines o misiones que se añaden a los tradicionales (justicia, defensa, relaciones exteriores). Tales fines son:

1º. La garantía de la seguridad. Garantía de la libertad individual y la propiedad, además de servicios públicos eficientes. La corrupción de los poderes públicos y la proliferación de fuentes impropias de enriquecimiento y de beneficios fáciles, basados en actividades ilegales o puramente especulativas, es uno de los obstáculos principales para la confianza de los ciudadanos y un atentado al orden moral.

2º. La garantía de los derechos humanos. El Estado debe vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos humanos, que hemos enumerado en la carta anterior, y resolver los conflictos que puedan derivarse de su confrontación.

3º. El Estado tiene el derecho a intervenir, con carácter subsidiario cuando pueda hacerlo mejor y más eficazmente, o cuando situaciones particulares de monopolio creen rémoras u obstáculos al desarrollo, o en situaciones excepcionales, intervención que debe tener carácter temporal.

4º. El Estado debe corregir los excesos del Estado asistencial. No han faltado excesos y abusos que, especialmente en los años más recientes, han provocado duras críticas a ese Estado del bienestar, calificado como «Estado asistencial». Al invadir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos.

5º. El Estado como protector de la familia. Se hace preciso promover iniciativas políticas y sociales que tengan como objetivo principal a la familia misma, y especialmente la familia numerosa, ayudándola mediante la asignación de recursos adecuados o instrumentos fiscales eficaces de ayuda, bien sea para la educación de los hijos, para la vivienda familiar, para la atención de los ancianos, para medios de transporte, etc

A estos fines del Estado podríamos añadir como fines propios de la comunidad: el progreso y el desarrollo de los que te hablé en la carta 15ª.

1º. El progreso. Se llama progreso al cambio ideológico, social y técnico, amparado, sobre todo, por los avances científicos y la esperanza de mayores conquistas. Alrededor de la idea de progreso se ha creado, por lo demás, toda una mitología: en esencia, y por exacerbación, el mito de que el cambio era siempre positivo por sí mismo, y desde aquí, la exaltación de las actitudes llamadas, por antonomasia, “progresistas”, denominación codiciada por escuelas y partidos políticos. Esta imagen hiperbólica del progreso no ha estado exenta de una intención ideológica: se ha tomado, con frecuencia, como criterio definidor de la condición progresista el apartamiento mayor o menor de las costumbres y de la tradición, de los dogmas cristianos, valorándose al efecto, las posiciones agnósticas, escépticas y aún combativas frente a la Iglesia. En este siglo se ha añadido a este punto de referencia, otro más: el de un progresismo medido, no por los avances reales de la justicia y el bienestar, sino por la proximidad o familiaridad con los dogmas marxistas y el feminismo radical.

La verdadera idea de progreso, para el humanismo social, merece ser rescatada de esa manipulación, y reconducida a su verdadero significado. Gran número de pensadores y científicos aportan su investigación y esfuerzo, haciendo avanzar a la humanidad en el campo social, filosófico o técnico, avances hechos en el pasado, de manera que apoyan los del tiempo presente  y que ponen el acento en la preocupación de si este progreso está o no al servicio del hombre.

2º. El desarrollo hace referencia a la realización de lo que está en potencia, al desenvolvimiento de posibilidades, capacidades y aptitudes que están todavía en germen. Por eso podría decirse que mientras el progreso implica un avanzar o mirar hacia adelante, el desarrollo parte de una situación dada y lo que pretende es acrecentar o extender los resultados.

Para el humanismo social los criterios del desarrollo son: que el hombre es la medida y el contraste del progreso; que el desarrollo técnico y los avances en el campo de lo material, sea proporcional, esto es, vaya acompasado con el desarrollo moral y ético; que el desarrollo se produzcan a escala mundial; y la necesidad de conjugar dos perspectivas, de un lado, el hombre como beneficiario obligado de las acciones públicas, de otra, la comunidad internacional entera, por encima de los egoísmos nacionales.

En las próximas cartas te hablaré del trabajo.

Recibe un cordial abrazo de

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro