Cartas sobre humanismo y política

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72ª Carta: Humanismo social y dimensión moral del desarrollo (3).

Querido amigo[i]:

En los últimos años preocupa en todos los países el desarrollo o crecimiento económico porque con él se crea empleo y se reduce el paro. Pero el desarrollo económico no es solo un problema material, sino que es también una cuestión moral. Únicamente desde esta perspectiva se pueden conocer todas sus implicaciones. Esta dimensión moral es destacada por el humanismo social, siguiendo las huellas de la doctrina contenida en las Encíclicas de S. Juan Pablo II a las que he hecho referencia en cartas anteriores.

Ante todo, la visión “económica” vinculada al desarrollo hace tiempo que entró en crisis, porque la mera acumulación de bienes o servicios, incluso a favor de una mayoría de la población no basta generar bienestar social o felicidad personal; y porque la disponibilidad de múltiples beneficios reales aportados por la técnica, incluida la informática y la electrónica, no traen consigo la liberación de las modernas formas de esclavitud. Antes al contrario, la experiencia de los últimos años demuestra que toda esta considerable masa de recursos puestas a disposición del hombre no está regida por un objetivo moral que se dirija al verdadero bien común del género humano, sino que, fácilmente, se vuelve contra él para oprimirle.

Por otra parte, la sociedad de consumo ha producido una excesiva disponibilidad de medios materiales de todas clases en determinadas categorías sociales que conducen a una “esclavitud” por la posesión y el goce inmediato, sin más horizonte que la acumulación o la sustitución continuada por la última versión. Los efectos de la sumisión al consumo son un materialismo craso y una insatisfacción, porque cuanto más se posee más se desea tener, ahogados en la inundación de mensajes publicitarios y ofertas incesantes, que sofocan las aspiraciones más profundas. Este tipo de sociedad es el exponente de una de las mayores injusticias de nuestro mundo pues son pocos los que poseen y muchos los que no poseen nada.

Para el humanismo social cristiano la dimensión moral del desarrollo se apoya en los siguientes criterios:

- La idea de subordinación de los bienes. Un desarrollo no solo económico se mide y orienta según la vocación del hombre y según la naturaleza propia y específica del ser humano, y no únicamente con parámetros macroeconómicos.

- El desarrollo material debe ir acompañado del desarrollo de los derechos humanos y de la viva conciencia del valor de los derechos de todos y cada uno, hombre o mujer, niño, adulto o anciano, respetando su derecho a la plena utilización de los beneficios ofrecidos por la ciencia o la técnica.

- El desarrollo es inseparable de la solidaridad y de la libertad dentro del marco constituido por esa solidaridad y libertad. No es posible un desarrollo que no respete ni observe la dignidad del hombre como ser creado a imagen y semejanza de Dios, lo que implica un desarrollo fundado en el amor al prójimo que favorezca las relaciones entre las personas y entre las sociedades.

- Por último, el desarrollo debe respetar el medio ambiente basado en la no utilización indiscriminada de los diversos seres vivos o inanimados, en la limitación de los recursos no renovables y en la calidad de vida y polución de las zonas fuertemente urbanizadas o industrializadas, porque frente a la naturaleza visible estamos sometidos no solo a leyes biológicas sino también a leyes morales.

En resumen, el desarrollo para que sea auténtico ha de ser conforme a la dignidad del hombre y de los pueblos y no puede ser reducido a un problema técnico-económico. Si se le reduce a esto, se le despoja de su verdadero contenido y se traiciona al hombre y a los pueblos a cuyo servicio debe ponerse.

En la próxima carta te hablaré de la dimensión real del trabajo.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro