Cartas sobre humanismo y política

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77ª Carta: Humanismo social y cultura (2)

Querido amigo[i]:

Desde la perspectiva del humanismo, la cultura implica, inicialmente, un sentido de la totalidad, una visión global de la vida, y al mismo tiempo, una capacidad de síntesis y de selección frente al exceso de información (en muchos casos manipulada) y frente al saber especializado.

Un hombre culto es el que se ve impulsado a leer, a aprender permanentemente, a superarse, a objetivar los problemas trascendiéndolos, a perfeccionarse, a reflexionar antes de la toma de decisiones, a razonar, a interesarse permanentemente por las cuestiones de la vida y del mundo, penetrando en ellas y formando criterio propio y opinión personal. Un hombre culto no deja que su interés por las ideas y por las personas muera antes que él.

La cultura del hombre culto implica el cultivo del espíritu, el perfeccionamiento integral de la personalidad, la búsqueda de la belleza y el estímulo de las fuerzas creativas.

No quiero ocultarte que la “cultura” actual, por seguir llamándola así, incita al abandono de los valores más elevados y al abandono del esfuerzo personal y del sacrificio para adquirirlos o mantenerlos. Lo que hoy llamamos “cultura”, concede una desmedida importancia a la moda, a las imágenes o fotos, a los personajes famosos del deporte, del cine, o de la música moderna, carentes y vacíos de cualquier contenido moral o intelectual, y relega o abandona la sustancia de las personas, esto es, su valor intrínseco.

El humanismo social se enfrenta a este estado de cosas y promueve la personalización o encarnación de la cultura; la vuelta a los hombres cultos; la creación de un clima de ejemplaridad en el que los famosos en cualquier ámbito de la sociedad, den ejemplo de comportamiento y valores humanos; la puesta a disposición de todos los ciudadanos, que la quieran, de la cultura, reconociendo como instrumentos básicos de su transmisión a la familia, la escuela, las instituciones culturales de la sociedad civil y la propia acción personal.

Para el humanismo social, cultura es defender el esfuerzo creador de la persona encaminado a conocer, interesarse y servirse de todo lo que hay en su entorno natural; a organizar la vida teniendo en cuenta la existencia de los demás; a recoger y servirse de las experiencias del pasado; a transmitir las propias experiencias a otros, sin ánimo de imposición; y a dar salida social a las propias posibilidades espirituales e intelectuales.

La cultura para el humanismo social consiste en “ser” más y no en “tener” más. El tener se orienta hacia las cosas. Son dos modos de vida en los que el hombre se debate como alternativa vital: el materialismo consumista, o la vida del espíritu y del intelecto. La voracidad del consumismo que vivimos conduce a la rebaja y disminución de la condición humana.

Si la persona está llamada a conseguir su propia plenitud, esta llamada le obliga a “ser” más que a “tener” y la cultura es el cauce para lograr esa aspiración. Además la cultura tiende a la sabiduría, y si se fomenta de modo inteligente, despliega la personalidad y el carácter, tanto en lo interior del individuo, como en el trato con los demás.

Si el humanismo fomenta y estimula la cultura es porque con ella la persona da lo mejor de sí mismo, hace crecer su dignidad y desemboca en la prestación de servicios al bien común.

No es necesario te resalte la importancia de los medios de comunicación, especialmente la TV en la difusión de la cultura y en su disfrute por los ciudadanos. Pero, desgraciadamente, podemos constatar que hoy día las tribunas de mayor difusión están ocupadas por personas incapaces de transmitir ideas culturales. Más bien lo contrario, transmiten mal gusto, procacidad y basura.

¿Y qué pensar, querido amigo, de la cultura de nuestros políticos? ¿Conoces a algún político del que se pueda decir que es, además de buen político, un hombre culto? Creo que urge establecer un procedimiento de declaración de “idoneidad” a quienes aspiren a ocupar cargos públicos, en el que se valoren no solo su capacidad de gestión y los méritos profesionales (indispensables para excluir los currículos vacíos), sino también los niveles culturales del candidato y su capacidad de transmitir ejemplaridad, pues durante algún tiempo serán el espejo en el que se miren muchos ciudadanos, especialmente los jóvenes.

En la próxima carta profundizaré en estas ideas.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro