Cartas sobre humanismo y política

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7ª Carta: Sobre la persona

Querido amigo:

Recordarás que en la 2ª carta te señalaba como el primero de los elementos esenciales del humanismo la preocupación por la persona. Ahora debemos profundizar en su significado.

Tenemos, ante todo, que distinguir entre persona y ciudadano.

El ciudadano es un concepto político que presupone la existencia de una sociedad desarrollada que le reconoce una serie de derechos y obligaciones.

La persona es un concepto filosófico y, por tanto, más amplio que el de ciudadano. Jacques Maritain se apoya en los conceptos de persona y comunidad como ejes básicos de su humanismo. La persona dice razón de condición humana y esta consiste en la conciencia de que mediante la razón podemos llegar a conocer las propias condiciones y capacidades como seres humanos y las exigencias de la relación con los demás.

Es esencial a la condición humana proponerse fines u objetivos que intenta alcanzar buscando y consiguiendo los medios precisos para ello. Y también es esencial a la condición humana la libertad para poder proponerse aquellos fines y para poder conseguir estos medios.

De la libertad de la persona nace el orden moral, le separa del determinismo, le diferencia de los demás seres de la creación, y le permite un destino diferenciado de los demás. La libertad permite también a la persona un desarrollo real y no aparente de su propia personalidad.

Cada persona es el resultado de su herencia, su educación y de las condiciones sociales y culturales en las que vive. Pero frente a la cultura de la imagen y de la uniformidad imperante en nuestros días, el humanismo proclama el derecho de cada persona, en uso de su libertad, a ser diferente y mejor que los demás y a vivir el riesgo de su propia aventura vital

De lo anterior se deducen importantes consecuencias en el ámbito de la política.

La primera, que los gobernantes deben gobernar para todos los ciudadanos y no solo para unos pocos. La reiterada afirmación de que “gobernaré para todos” no siempre es verdad, pues la realidad demuestra como las ayudas, subvenciones, licencias o autorizaciones, aprobación de proyectos, concesiones, etc, son obtenidas con mayor facilidad si gobierna el partido propio, o son ignoradas o denegadas si gobierna el contrario.

La segunda, que los gobernantes deben respetar la libertad de los ciudadanos en los ámbitos que le son propios, es decir, los inherentes a su persona, ámbitos que abarcan el ejercicio de los derechos naturales o fundamentales. Así, no se respeta la libertad de la persona cuando se impone un determinado tipo de enseñanza, se impide el ejercicio del derecho de objeción de conciencia, o se impide manifestarse en una determinada lengua, entre otros muchos temas.

La tercera, que los gobernantes deben favorecer el desarrollo de la persona, estimular su deseo de mejorar proponiéndose metas mejores, y facilitar los medios o instrumentos para alcanzar tales metas. Sin duda es el campo de la educación donde estos deberes se manifiestan de manera más clara.

Finalmente, entre otras muchas, lo gobernantes deben velar por la diferencia de las personas, que enriquece a las mismas y las incita a superarse, lejos de esa igualación en el listón inferior que empobrece a la persona y a la sociedad de que forma parte.

Y ahora, querido amigo, podrías preguntarte: ¿soy tratado como persona en mis relaciones con las autoridades o gobernantes? Cuando me acerco a una dependencia o ventanilla administrativa: ¿soy tratado como persona? Cuando necesito asistencia sanitaria ¿me tratan como persona? Cuando viajo en avión o en otro transporte público ¿soy tratado como persona? Tu solo puedes responder a estos interrogantes. Y es que la persona no es solo un concepto filosófico o político. Es también, y mucho, algo que pertenece a nuestra vida cotidiana.

En las próximas cartas te hablaré de la persona y su dignidad, la persona y su libertad, la persona y la igualdad.

Recibe un cordial saludo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro