Cartas sobre humanismo y política

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81ª Carta: Humanismo social y empresa.

Querido amigo[i]:

Si en las cartas 69ª, 70ª, 71ª, 73ª y 74ª te hablé sobre quien trabaja, es esta quiero hablarte sobre quien da trabajo.

Ante todo debes huir de una concepción puramente economicista que ve en la empresa una mera organización para obtener ganancias, blanco preferido de todas las demagogias. No se  puede ignorar que en muchos casos puede que sea así, pero hay otras formas de ver las cosas.

Así, la empresa es el resultado del ejercicio de una libertad creadora que tiene sus componentes de riesgo, esfuerzo, afán de prosperidad y de progreso, interés y relaciones humanas. No rechaces nunca sin más la figura del empresario. Los hay buenos y malos, como en todas partes. Pero algunos han dedicado su vida a la empresa que crearon con todos aquellos componentes y uno más, han dado trabajo a mucha gente.

Y lo mismo que el Estado puede ser gobernado desde supuestos humanistas, también pueden aplicarse estos supuestos al gobierno de la empresa.

Alguno de tales supuestos te los expongo a continuación.

1. La ordenación de la técnica, componente esencial de la libertad creadora de la empresa, puede llevarse a cabo bajo criterios éticos y no solamente económicos.

2. En las relaciones laborales, el empresario no solo debe buscar la justicia de los elementos de dicha relación, sino que debe pretender ir más allá.

3. Existe una dimensión personal en cada uno de los componentes de una empresa que debe llevar a la creación de un clima personalista, por numerosos que sean aquellos.

4. Debe reconocerse que la empresa tiene sus propios fines y exigencias: la rentabilidad, la eficiencia, la productividad, etc. Pero quienes trabajan en ella son personas que, en algunos casos, le dedican la mayor parte de su tiempo y de su vida, y reciben de ella buena parte de su equilibrio personal y su realización vital.

5. La creciente y moderna separación entre propiedad de la empresa y dirección de la empresa, acrecienta la responsabilidad de los modernos empresarios en la aplicación de una ética empresarial.

La importancia social de la empresa se pone de manifiesto por la importancia de los enemigos a los que debe hacer frente.

Así, frente al dogma de la lucha de clases, aún vigente bajo formulaciones más disimuladas, el humanismo aporta la solicitud y preocupación por las personas, contraria al odio y al enfrentamiento; la búsqueda de la concordia en el enfrentamiento de los legítimos intereses de cada parta; el rechazo a ser utilizada como instrumentos de la confrontación política; y el apoyo a soluciones arbitrales en los conflictos declarados.

La empresa puede hacer una aportación decisiva a la calidad de vida y al desarrollo de las personas, a la calidad de lo que produce y ofrece al mercado, y a la conservación del medio ambiente.

He aquí unos criterios básicos para valorar la calidad humanista de una empresa: salarios justos, trato personal solícito ajeno a las rigideces o a la indiferencia, posibilidades de promoción profesional, ausencia de discriminaciones arbitrarias, información y transparencia en todos sus componentes.

La empresa en nuestros días, querido amigo, debe ponerse a la altura del tiempo histórico que vivimos. Es la única manera de mantenerse y perdurar en el futuro, sobreviviendo a los ataque demagógicos de los socialismos radicales. Una de las maneras de hacerlo sería incorporando a sus estrategias empresariales los principios del humanismo que te ha dejado expuestos.

El político debe escuchar a los empresarios y aprovechar su experiencia, pero nunca hacer amigos desde el poder.

En la próxima carta te hablaré de algunos fenómenos de nuestro tiempo.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro