Cartas sobre humanismo y política

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82ª Carta: Humanismo social y algunos fenómenos de nuestro tiempo

Querido amigo[i]:

En esta carta quiero llamar tu atención sobre algunos fenómenos que se producen en los tiempos que vivimos, no para su mera descripción, sino como manifestaciones de la insuficiencia o las disfunciones de los poderes públicos para hacerlos frente.

1. Nuestras leyes están prevista para responder a lo que podríamos llamar “vulneraciones normales” (sanciones de tráfico, sanciones fiscales, etc). Pero no lo están para proteger a los ciudadanos contra las extralimitaciones de los poderes públicos mediante nuevos instrumentos de gran sofisticación, capaces de invadir la intimidad de las personas, de escuchar conversaciones, gravar imágenes o controlar el intercambio de comunicaciones. Ello, cuando no está judicialmente autorizado para la persecución de delitos, constituye una vulneración de derechos humanos frente a la que estamos sin una capacidad de respuesta.

2. Cuando alguna persona es calumniada o injuriada puede acudir a los Tribunales de Justicia quienes, tras largos y costosos procedimientos, pueden dar la satisfacción debida, aunque el mal y sus consecuencias ya se hayan producido y sean de imposible o muy difícil reparación. Pero contra una campaña que emprenda un grupo mediático en la que sistemática, programada y contumazmente se ataque a una persona con la finalidad de expulsarle de la vida pública o profesional, contra esto, no hay defensa ni satisfacción posible. Si transcurrido el tiempo se demuestro lo incierto, lo injusto o lo calumnioso de la campaña, ello apena tiene difusión. La imagen del afectado queda dañada para siempre.

3. Las normas que regulan los comportamientos cívicos, están pensadas para personas normales. Pero ¿qué ocurre cuando esos comportamientos se manifiestan  a través de botellones, concentraciones antisistema, violencia de los ocupas, negativas a obedecer de los “indignados”, robos en supermercados por grupos organizados, huelgas salvajes, enfrentamientos programados contra las fuerzas del orden? Para estos casos no hay previsión normativa de respuesta. Y lo que es peor, en la mayor parte de los casos priva la permisividad frene a la defensa de los derechos de la mayoría.

4. Hay muchas dudas de que las Cámaras parlamentarias estén cumpliendo las funciones para las que han sido elegidos por los ciudadanos. He aquí algunas disfunciones: elaborar normas con un contenido muy extenso y farragoso, propio de los reglamentos, y desbordando el principio de reserva de ley, que, además, alargan y desvirtúan el procedimiento; el control del Gobierno convertido en un diálogo de sordos, en el que no se contesta a lo que se pregunta y en el que prima la búsqueda de un titular mediático con frase ingeniosa, que el fondo del asunto; ausencia de consensos básicos para abordar problemas generales y de interés común a los ciudadanos; pérdida de la elocuencia en las intervenciones orales, sustituida por el insulto y la descalificación; falta, en general, de ejemplaridad que anime e incite a los ciudadanos a seguir o a mostrar interés por los debates.

5. El llamado Estado del Bienestar ha llevado al ciudadano a la conciencia de que la prestación de toda clase de servicios sanitarios y de educación (y no solo los básicos), le es debido por lo que tiene derecho a ellos, y de forma gratuita (gratis total), y los poderes públicos tienen obligación de prestarlos. Ello ha producido un desbordamiento financiero que en tiempos de crisis no hay presupuesto que lo soporte. Cualquier limitación de tal desbordamiento, por necesario y razonable que sea, lleva a una injustificada conflictividad social.

6. Acostumbrados, como estamos, a que sea el Estado y los demás poderes públicos quienes solucionen todos nuestros problemas, no nos damos cuenta de que existen otros protagonistas que han desbordado el esquema estructural de tales poderes: las empresas, los sindicatos, las entidades territoriales de nivel inferior, los grupos de interés, los consumidores, las multinacionales, los organismo internacionales, los movimientos de opinión a través de medios electrónicos, las comunicaciones y convocatorias instantáneas, etc.

Para todos estos fenómenos de nuestro tiempo, el humanismo social tiene tomada la posición, pero tendrás que esperar a la próxima carta para conocerla.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro