Cartas sobre humanismo y política

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83ª Carta: Humanismo social y respuesta a algunos fenómenos de nuestro tiempo.

Querido amigo[i]:

En mi carta anterior te hablaba de algunos fenómenos que se producen en los tiempos que vivimos que pueden dañar impunemente a las personas, o a la misma sociedad, o a las instituciones; o que crean una imagen distorsionada de la correlación entre las obligaciones del Estado social y los derechos de los ciudadanos. Y te anticipaba que el humanismo social tenía posición tomada respecto a tales fenómenos.

Ante todo, la afirmación de que los problemas importantes de la sociedad actual solo  pueden resolverse mediante acuerdos, pactos o consensos entre las fuerzas políticas, sociales o económicas. Para alcanzar tales acuerdos no son suficientes los cauces institucionales y tradicionales (Cámaras parlamentarias, consejos, comisiones, etc.). Se hace precisa la creación de espacios para cada ocasión en los que el debate pueda producirse con trasparencia y rigor, alejado de la confrontación cotidiana en la legítima diferencia de posiciones.

En segundo lugar, debiera consultarse con más frecuencia a los ciudadanos sobre los temas importantes y de gravedad. La compleja organización de un referéndum puede ser sustituida hoy día por medios telemáticos o informáticos o por las redes sociales. Votar cada cuatro años no es la forma de interesar y hacer participar al ciudadano en la política.

En tercer lugar, las encuestas despolitizadas y sucesivas permiten al gobernante conocer las tendencias de la opinión pública, como un instrumento, junto a otros, a la hora de tomar decisiones, siempre que no sean manipuladas. Pero no pueden ser el único motivo por el que el gobernante las tome.

En cuarto lugar, la reforma de la Justicia tiene que incluir procedimientos especiales y brevísimos cuanto se trata del honor de las personas, con sanciones rápidas, ejemplares y disuasorias para las campañas de difamación o las filtraciones interesadas que vulneran el secreto del sumario y el principio de presunción de inocencia. Tales sanciones debieran ser especialmente agravadas cuando quede de manifiesto la intencionalidad torticera de las conductas. ¡Ya está bien de los juicios paralelos!

En quinto lugar, los avances tecnológicos e informáticos en materia de comunicaciones o en materia de medicina deben utilizarse con respeto a los valores supremos encarnados en los derechos fundamentales. En este punto, de nuevo, una Justicia ejemplarmente correctora y sancionadora juega un papel crucial.

En sexto lugar, la crisis económica que hemos padecido y el sentido común han demostrado que no es sostenible en el medio y largo plazo que los servicios públicos (en especial la sanidad y la enseñanza) sean gratuitos en su integridad (“gratis total”). La gratuidad alienta el abuso y el despilfarro. Para el humanismo social, los deberes de los poderes públicos solo alcanzan a lo que son prestaciones básicas, pero por encima de ellas cada uno debe vivir el riesgo de su propia aventura personal, y no transferir este riesgo (de triunfo o de fracaso) a los demás.

En resumen, querido amigo, a pesar de que los problemas puedan aparecer muy complejos, las respuestas y las tomas de posición son sencillas: hacer prevalecer siempre los derechos de los ciudadanos normales frente a quienes no respetan las normas básicas de la convivencia, frente a quienes abusan de su posición en los medios, frente a quienes utilizan los avances de la técnica para rebajar el nivel de aquellos derechos; frente a quienes prefieren la confrontación irracional al debate sosegado; y frente a quienes consideran que “papá Estado” debe resolverles la vida.

A todo lo anterior te aporto una última consideración. Es muy difícil, por no decir imposible, que los partidos políticos dejen de ser los protagonistas de la vida política en el Gobierno, en el Parlamento, en el nombramiento de los miembros de los órganos constitucionales, etc. Pero a todo trance hay que impedir que lo sean también de la vida social, pues en este ámbito, tal protagonismo le corresponde a la sociedad misma a través de sus propias organizaciones que, además, deben servir de contrapeso o balance a aquellos. En caso contrario no estaríamos en un régimen de democracia sino de partitocracia, que es al que peligrosamente nos estamos acercando.

En la próxima carta te hablaré de la respuesta al miedo.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro