Cartas sobre humanismo y política

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85ª Carta: Humanismo social y totalitarismo.

Querido amigo[i]:

No creas que el totalitarismo solamente sea propio de las dictaduras. También se produce cuando los poderes públicos invaden los ámbitos que son propios de la comunidad y ahogan las posibilidades  de manifestarse de la sociedad civil. O cuando a la persona no se le reconoce cuanto tiene de inalienable e intransferible, debiendo abdicar de estas condiciones ante una minoría o ante una mayoría, aunque esta sea democrática.

La democracia totalitaria es algo que se ha estudiado por los teóricos de la politología desde hace tiempo.

Sin duda te sorprenderá que la democracia pueda ser totalitaria. Pero es así cuando los poderes públicos, aunque sea por mayoría, toman decisiones para asumir funciones o actividades que no le corresponden, o para invadir la vida privada en lo que tiene de reducto último de la condición de ciudadano.

En consecuencia, un régimen democrático puede devenir en totalitario y hay que estar muy atentos al fenómeno. Los síntomas para detectarlo son sutiles y nada fáciles de apreciar, pero te voy a descubrir algunos:

- la manipulación de la opinión pública a través de medios de comunicación propiedad de los poderes públicos,

- las campañas culturales y los planes de enseñanza  que lejos de estimular el esfuerzo conducen a un conformismo complaciente que abre las puertas y facilita la actuación de tales poderes,

- el establecimiento de cauces para el desahogo personal o colectivo, ya sea a través de grandes espectáculos de masas, o a través de libertades permisivas personales, como las libertades sexuales,

- el crearse enemigos artificialmente para fomentar el sentimiento de unidad nacional, como la crítica agresiva a otras naciones o a regímenes políticos verdaderamente democráticos,

- el exagerar hasta la sublimación las nociones de seguridad nacional, protección a los ciudadanos, estabilidad política, que dejan sin margen de actuación a cualquier iniciativa, opción alternativa o inquietud espiritual.

Para el humanismo social, la democracia constituye el sistema político deseable en cuanto permite el control de los poderes públicos y respeta los derechos de las personas. Pero ha de evitarse que las mayorías conduzcan a los efectos contrarios. Así, la cohesión de la comunidad política en torno a unos fines de unidad y libertad, la gestión controlada del bien común y de los intereses generales, la ejecución y desarrollo de una política social adecuada a cada circunstancia y el respeto escrupuloso de los ámbitos que, por naturaleza, pertenecen a la  sociedad civil, son las barreras que impiden cualquier tentación totalitaria.

Esto es, querido amigo, lo que demanda el humanismo social, por lo que te prevengo de esas doctrinas de la izquierda que hacen prevalecer al Estado sobre el ciudadano, al colectivo sobre la persona, a la nacionalización sobre la privatización, a la regulación sobre la libertad y a la imposición de modelos sociales sobre la iniciativa privada, porque en tales doctrinas hay siempre un germen de totalitarismo.

En la próxima carta te hablaré de humanismo social y vivienda.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro