Cartas sobre humanismo y política

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92ª Carta: Humanismo y clase media (y 2).

Querido amigo[i]:

Continuo en esta carta destacando los elementos componentes de una política integral sobre la clase media que iniciaba en la anterior. Te reitero que mi punto de partida, aceptable o no, es que la “cuestión obrera” ha dejado paso a la “cuestión de la clase media”; y que considero que está constituida por quienes realizan un trabajo por cuenta ajena, y perciben por ello una retribución, o de manera autónoma.

Los temas se pueden agrupar en tres perspectivas: la social, la de la organización a la que se pertenece y la política. Te recuerdo que en la carta anterior, habíamos tocado las cuestiones del sistema fiscal, la de las prestaciones y servicios sociales básicos, la de la capacidad, la vocación y el esfuerzo como determinantes del acceso al mundo del trabajo, del sistema de retribuciones y de la inflación.

En esta carta quiero completar las otras dos perspectivas.

Las clases medias demandan sistemas justos de retribución del trabajo por cuenta ajena que permitan satisfacer las necesidades mínimas que imponen los tiempos que vivimos, y que no pueden quedar al albur de las leyes del mercado o de las negociaciones colectivas que terminan en igualaciones impersonales y, por ello, profundamente injustas.

Si la clase media estuviese organizada como tal, exigiría un sistema que permita la participación de los que viven de un sueldo en la organización que les paga. No se prejuzga con ello un tipo determinado de organización, y soy consciente de que existen millones de organizaciones diferentes. Tampoco me refiero a la participación en los órganos de dirección, como prevén algunas legislaciones de otros países. Aquí lo que quiero destacar son aquellas posibilidades que faciliten la integración del empleado por cuenta ajena en su lugar de trabajo, como, por ejemplo, la participación en la información que permitan mejorar las actividades que lleva a cabo, o conocer el sentido y fin último del  trabajo que desarrolla. Dentro de la primera está la capacidad de iniciativa, y dentro de la segunda está el evitar la rutina y la inercia.

Además, esa utópica organización de la clase media demandaría un entorno social y político que permita al empleado, al funcionario o al autónomo el desarrollo personal de su trabajo, la realización de su vocación, la toma de conciencia del valor del trabajo que realiza, el sentido y la finalidad de su aportación personal y su significado en el conjunto o globalidad en el que se inserta.

Desde la perspectiva política, no debes ignorar, querido amigo, y yo no debo ocultarte, que la clase media puede ser objeto de manipulación política y demagógica. Así ocurre con los partidos que buscan el voto con promesas inviables, no hechas en función de la justicia sino del juego política, o con programas que se olvidan al día siguiente de las elecciones.

La clase media es un fruto apetecible para políticos sin escrúpulos, porque se encuentra en el corazón de los países. Un país es más o menos sólido, más o menos desarrollado, con más o menos valores morales, con mejor o peor preparación profesional, con más o menos sentimientos nacionales, según sean más o menos sus clases medias.

La clase media puede hacer frente y contrarrestar las paradojas populistas de nuestros días, que no son sino una versión actualizada de las paradojas marxistas: nacen con vocación internacional y se convierten en defensores de los nacionalismos; se consideran expresión de la modernidad y culminación del proceso histórico, pero en realidad son la expresión del más rancio arcaísmo; declaran como ideología la redención de las clases más desfavorecidas, pero allí donde se implantan no redimen a nadie y cercenan gravemente sus derechos; su contextura doctrinal se oculta cuando se acercan los procesos electorales, pero resurgen con violencia cuando alcanzan cualquier cota de poder; son defensoras del determinismo histórico, pero presionan el proceso para reescribir la historia a su conveniencia.

Por último, no confundas la clase media con el “centro político”. Este es un concepto político definido por la posición equidistante entre opciones políticas enfrentadas. La clase media es un concepto sociológico que abarca un espectro mucho más amplio.

Ten por seguro, querido amigo, que si la clase media supiera organizarse para la defensa de sus propios intereses, y asumiera el programa que te propongo en estas dos cartas, serían mayoría en cualquier confrontación electoral.

Recibe un cordial abrazo de

 

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro