Cartas sobre humanismo y política

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95ª Carta : Humanismo y civilización del amor.

Querido amigo[i]:

Sin duda te habrá sorprendido el título de esta carta. No es frecuente encontrar esta expresión entre los habituales calificativos de una civilización. Quiero sacarte cuanto antes de tu sorpresa. La expresión deriva de la perspectiva moral con la que, también, pueden enfocarse los problemas sociales. Desde esta perspectiva se habla del amor social, del amor como civilización, en definitiva de civilización del amor. Ello no comporta una organización política o social, ni tiene una cultura peculiar en la que poder ser anclada, y no tiene otro riesgo de incompatibilidad que el que surge de la contraposición entre el bien y el mal.

Voy a exponerte cuatro manifestaciones de la civilización del amor.

1ª. La necesidad de que el progreso social y técnico sea simultáneo con el progreso del hombre. Hay que reconocer que los avances técnicos de la humanidad no van al mismo ritmo que el progreso moral y espiritual del hombre; que el amor social y el respeto a los derechos de los demás (hombre, pueblo o nación) queda relegado por los egoísmos o nacionalismos exagerados en lugar del auténtico amor a la patria; y que la tendencia a explotar todo el progreso técnico y material es la de dominar a los demás o favorecer tal o cual imperialismo.

2ª. La necesidad de superar el bien con el mal. Se trata de aplicar y desarrollar el programa de las Bienaventuranzas. El mal de la persecución, del llanto, de la falta de paz, de la injusticia, de la mentira o de los insultos, debe superarse con el bien del consuelo, de la saciedad de justicia, de la misericordia o de la posesión del reino de los cielos. A la pregunta existencial de porqué el mal, debe descubrirse el amor social como exigencia del bien, orientada hacia las circunstancias de nuestra vida única e irrepetible, a nuestro momento histórico y hacia nuestros conciudadanos.

3ª. La necesidad de superar el concepto de justicia. A la pregunta de si basta la justicia para la convivencia, el humanismo responde que la justicia por sí sola no es suficiente si no se permite plasmar el amor social en las diversas dimensiones de la vida humana. El hombre de nuestro tiempo se distancia cada vez más de las dimensiones objetivas del orden moral, de la justicia y del amor social, y ese alejamiento le lleva a no reconocer la prioridad  de la ética sobre la técnica, de la persona sobre las cosas, y del espíritu sobre la materia. Ello se demuestra en las grandes diferencias que separan a los hombres y a las naciones con los excesos de algunos y las carencias de tantos.

4ª. La necesidad del esfuerzo y del ejercicio positivo de la libertad. La civilización del amor necesita de ambos para conseguirse. Las Encíclicas de contenido social de Juan Pablo II están llenas de estímulos, advertencias, propuestas, denuncias y consejos que evidencias el enfrentamiento entre el bien y el mal. Es preciso conjugar Providencia y libertad humana, profesar la esperanza en un mundo mejor, poner todos los medios para conseguir el ideal y no preocuparse por un victorioso resultado final, sino en el esfuerzo para conseguirlo, idea esta del más puro sabor humanista.

Aspiro, querido amigo, a que después de leer esta carta, también tú seas partidarios de la civilización del amor.

En la próxima carta te hablare de Humanismo y honradez.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro