Cartas sobre humanismo y política

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96ª Carta : Humanismo y honradez.

Querido amigo[i]:

Se ha dicho que la honradez es la perfección moral de la persona humana. Para identificar al hombre y al político honrado hay muchos criterios que trataré de resumir.

-Quien se entrega al cumplimiento de sus obligaciones, especialmente en el trabajo, en la familia y en la sociedad. Esta entrega se sobrepone a los gustos y satisfacciones personales, y suele conducir a la solvencia, a la independencia económica y a una austeridad natural.

-Quien guarda fidelidad a los compromisos adquiridos con la palabra o la promesa, tanto en el matrimonio como en los contratos, en los programas electorales o en la acción de gobierno; tanto respecto a los superiores como a los inferiores; tanto en los momentos en que se gana, como en los que se pierde.

-Quien posee un agudo sentido de la justicia, que se manifiesta en admitir las responsabilidades por lo que se hace; en tener un claro criterio de lo que puede y no debe hacerse; en no lesionar los derechos ajenos; en reconocer los propios fallos; en aborrecer las trampas, la falsedad, las apariencias, los engaños; en suma, en admitir que el fin no justifica los medios.

-Quien tiene sentido de la solidaridad con los de su propia comunidad, pero también con las tragedias en cualquier parte del mundo; unido al sentido de la equidad para asumir como propias las cargas que le corresponden en la comunidad.

-Quien es generoso, agradece y devuelve los favores, no se aprovecha, con abuso, de las situaciones de ventaja o privilegio que le corresponde, especialmente en las situaciones de servició público, y no le gusta llamar la atención.

-Quien ama la verdad y es incapaz de mentir.

-Quien tiene espíritu de servicio y se siente atraído por el ideal de servicio a los demás, especialmente en la política.

La honradez es así, una fuerza que sale de dentro de la persona, con frecuencia inspirada en motivaciones religiosas, o en el mandato evangélico de amor al prójimo. Puede aflorar en cualquier etapa de la vida y proporcionar un carácter sólido, estable y sereno.

Una sociedad puede definirse por lo extendida que este la virtud de la honradez. Y no importa mucho que sean pocos, porque sirven de pauta al comportamiento general y se liga a la ejemplaridad que produce.

En la carta 35ª te hablaba de la honestidad de los políticos en el sentido de ausencia de corrupción. Dados los tiempos que vivimos, al político hay que exigirle honestidad y honradez. La mayor parte de ellos los son, y en muchos casos en grado heroico. Pero hay una minoría que no lo es y con su comportamiento inficiona a toda la profesión, crea una mala imagen y recibe el protagonismo en los medios, lo cual produce el efecto de su generalización a toda la clase política de manera injusta.

¿Conoces alguna campaña mediática o algún reportaje que tenga por objeto resaltar la honestidad y la honradez de los políticos que lo son?

Guarda para ti, querido amigo, los criterios que te expongo en esta carta, pues solo tú tendrás que aplicarlos en el momento de discernir entre unos políticos y otros.

 

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro