Cartas sobre humanismo y política

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Carta 102ª: La respuesta.

Querido amigo[i]:

En la carta anterior te decía que el hombre del que te hablaba está sometido en nuestros días a paradojas, cambios, discrepancias, desequilibrios e interrogantes. Veámoslos.

Entre las paradojas cabe señalar que, mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio; que conoce con profundidad creciente su intimidad social y espiritual, pero se siente con frecuencia más incierto e inseguro; que descubre paulatinamente las leyes de la vida social, pero duda de la orientación de esta, del destino al que nos  lleva; que nunca tuvo el género humano a su disposición tantas riquezas, pero gran parte de la humanidad sigue en la miseria; que nunca ha tenido el hombre un sentido tan intenso de su libertad, pero surgen nuevas formas de esclavitud económica y sicológica; que hayan aumentado los medios de comunicación, pero los conceptos más fundamentales revisten significados diversos y se comunican de manera diversa según el medio; y que se busque un orden temporal más perfecto, un nuevo orden mundial, pero no se avance de manera paralela en la mejora del orden espiritual.

Entre los cambios te destaco que estamos en permanente cambio, en la técnica, en el orden social, moral o sicológico, y sobre todo político. No tienes más que ver los eslóganes de las campañas electorales, todos prometen el cambio.

Lo anterior no lleva a unos desequilibrios entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento que no consigue ordenar todos los que se reciben; entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral; entre las condiciones de la vida colectiva y las exigencias de un pensamiento personal y propio; y entre la especialización profesional y la visión global de las cosas.

De los desequilibrios surgen las discrepancias en la familia; entre las generaciones; raciales y sociales; entre los países ricos y los países pobres; entre las instituciones supranacionales y el egoísmo nacional; entre las pretensiones regionales y la unidad de los países.

Ante este panorama de paradojas, cambios, desequilibrios y discrepancias la Constitución “Gaudium et Spes” plantea los grandes interrogantes de la vida: ¿qué es el hombre?, ¿cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte?, ¿qué puede el hombre ofrecer a la sociedad en la que vive y que puede esperar de ella?,  ¿qué hay después de esta vida temporal?

La respuesta del humanismo cristiano se contiene en el punto 22 del documento: “el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”.

Te costará, querido amigo, entender esto. Párate a pensarlo detenidamente, porque es la respuesta a aquellos interrogantes. Y además si la comparas con cualquier otra respuesta que puedas encontrar en otras creencias o ideologías, verás que esta tiene mayor valor y ventajas. Significa que Cristo, muerto y resucitado, da al hombre su luz y su fuerza a fin de que pueda responder a su vocación personal; que no se la ha dado a la humanidad, en contra de los mitos revolucionarios, otro nombre para lograr la salvación; que la historia humana encuentra se explicación y su fin en Cristo, Señor y Maestro; y que bajo todo lo cambiante hay cosas que permanecen porque encuentra su fundamento en el Cristo de hoy y de siempre.

No busques en ningún programa electoral ni en ninguna ideología política esta respuesta. Pero no por ello la rechaces. Guárdala para ti y si te fuera posible la difundes, aunque con ello te enfrentes a la corriente de opinión dominante, porque esta cambiará y, sin embargo, tu respuesta será permanente.

En la próxima carta te hablaré del hombre redimido.

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro