Cartas sobre humanismo y política

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Carta 104ª y última: Recordando de dónde venimos y lo que somos.

Querido amigo[i]:

En las tres últimas cartas, he querido resumirte la  moderna formulación del humanismo cristiano basándome en la Constitución “Gaudium et Spes” del Concilio Vaticano II, carta magna del humanismo de nuestro tiempo. En esta final, y como despedida, quiero recordarte de dónde venimos, esto es, cuáles fueron sus orígenes para que puedas comprobar que, a pesar del tiempo transcurrido, sus valores siguen siendo de plena actualidad, aunque no los encuentres encarnados en nuestros políticos.

En los siglos XIV, XV y XVI se produce en Italia un proceso de gran complejidad que más adelante sería bautizado como Renacimiento. Abarcaba un sistema de ideas, creencias y formas de vida, una concepción del poder y del Estado, una forma de vida social y un mundo de valores estéticos y morales. Todo ello suponía el desarrollo del individuo afirmando su dignidad, un espíritu profano, aunque no antirreligioso, ennoblecido por un extraordinario desarrollo de las bellas artes, una nueva visión del hombre, de su destino como yo individual, de la búsqueda de la verdad a través de la razón y del estudio y conocimiento de los clásicos greco-romanos. Fue un periodo de grandes tensiones religiosas que culminaron con la Reforma de Lutero.

Pero junto a este Renacimiento, resumidamente descrito, hubo otros Renacimientos en países como Holanda, Inglaterra, Alemania, España, entre otros, asociado a los nombres de Erasmo de Rotterdam, Tomas Moro, Luis Vives, Budé, Lefévre d´Étaples, Ruchliu, entre otros. Era un Renacimiento de inspiración cristiana y no greco-romana, una corriente de pensamiento que vio en el ejercicio de la razón, en el saber erudito y científico, en el sentido común, en la moderación y en la imitación de Cristo (como vía de perfección), los fundamentos de la virtud y de la moral, así como los fundamentos de la vida pública y del ejercicio del poder.

Este Humanismo buscaba definir desde la razón, la crítica y la erudición la esencia espiritual del cristianismo y construir la base ética de la sociedad europea. El Humanismo así concebido pudo ser el pensamiento rector y la razón espiritual del mundo del Renacimiento europeo. Contaba con apoyos como el del Emperador Carlos V, Francisco I de Francia, Enrique VIII de Inglaterra o Margarita de Angulema (Reina de Navarra). Y disponía de importantes centros de pensamiento como las Universidades de Oxford, Bolonia, Salamanca, Lovaina, Montpelier, Cracovia, así como de la imprenta y de los libros que empezaban a difundirse.

A pesar del drama de la Reforma luterana y de la Contrarreforma católica, los ideales de este humanismo supieron atravesar los siglos y llegar a nuestros días en los que la inspiración cristiana en el comportamiento personal o público, el uso de la razón (lo razonable), el sentido común, la moderación, la preparación profesional, siguen siendo los deseables fundamentos  de la virtud y de la moral personal, así como de la vida pública y del ejercicio del poder.

Si me pidieras ahora que te resumiera en un párrafo cuales son las dos características del humanismo cristiano, que le diferencian de otros humanismos, lo haría así: una, la creencia en la trascendencia del hombre (y todo lo que ello significa, especialmente, haber sido creados por Dios); y otra, la defensa de todos los derechos naturales de la persona, que ahora se llaman derechos humanos, es decir, de todos, no de unos sí y de otros no (derecho a la vida, desde la concepción, derecho a la libertad de enseñanza, por ejemplo).

Puedes considerar que el humanismo así concebido es una auténtica ideología, entendiendo por esto, una concepción del mundo y de la vida. Pero, desgraciadamente, ningún partido político la encarna. Para ellos son más importantes las encuestas de opinión. Por eso la defensa de esa ideología solo puede hacerse desde la sociedad civil.

Con esta carta me despido, querido amigo. Gracias por haberme acompañado durante estos años en las etapas del camino recorrido, como peregrinación virtual hacia el objetivo de aplicar los ideales del humanismo cristiano a la política y a nuestros políticos.

Estas 104 cartas van a ser objeto de publicación en un libro por la Fundación Tomas Moro. De ello te tendré oportunamente informado.

¡Hasta siempre!

Recibe un cordial abrazo de

 

[i] En el Manual de la “Nueva gramática de la lengua española” publicado por la Real Academia Española, (Pag. 25, Madrid, 2010), se dice que en el lenguaje político, administrativo y periodístico se percibe una tendencia a construir series coordinadas constituidas por sustantivos de personas que manifiestan los dos géneros (amigos/amigas, diputados/diputadas, alumnos/alumnas), el circunloquio es innecesario  puesto que el empleo del género no marcado (masculino) es suficientemente explícito para abarcar a los individuos de uno y otro sexo.

Fernando Díez Moreno

Vicepresidente de la Fundación Tomás Moro