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HUMANISMO Y RENACIMIENTO EN LUIS RIBOT

EL HUMANISMO Y EL RENACIMIENTO.-

 

El historiador Luis Ribot, Catedrático de Historia Moderna en la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en su libro “La Edad Moderna (siglos XV-XVIII)”, editado por Marcial Pons (2016), dedica el Capítulo 10 (págs. 215 a 230) al Renacimiento, abordando los conceptos de “Renacimiento” y “Humanismo”, las características y factores de difusión, el protagonismo de Italia y otros países europeos, y la crisis del Renacimiento, entre otras cuestiones.

Resulta de gran interés conocer la posición de este Profesor, con independencia de que se participe de sus opiniones desde la perspectiva del Humanismo Cristiano, por lo que hacemos un amplio resumen de dicho Capítulo, introduciendo como nuestros los títulos de los diversos apartados, que no reproducen literalmente, en todo caso, el texto del autor, o alterando su posición para una sistematización más comprensible.

1. Concepto de «Renacimiento».

El término «Renacimiento» hace alusión a un renacer, una vuelta a la vida, y se refiere originariamente a la recuperación del mundo antiguo y sus valores, que se produjo en la cultura italiana entre los siglos XIV y XVI y que a partir de las últimas décadas del XV se extendería por otros países de Europa. Al proporcionar una nueva visión del mundo y del hombre, no quedó restringido a los aspectos más genuinamente culturales como el arte o la literatura, sino que dejó su impronta en la política, la religión, la ciencia y el conjunto de las manifestaciones humanas, por lo que los historiadores lo utilizamos en un sentido omnicomprensivo, entendiéndolo como una civilización o cultura de época.

Ahora bien, hemos de tener en cuenta que la civilización del Renacimiento se compuso también de elementos ajenos al mundo antiguo, pues, como indica Jean Delumeau, la Antigüedad tiene poco que ver con hechos como la invención de la imprenta o el reloj mecánico, el perfeccionamiento técnico de la artillería o los avances en la contabilidad por partida doble o en la letra de cambio.

En la práctica, el concepto de «Renacimiento» se aplica tanto o a la época como a los aspectos artísticos.

La idea del Renacimiento como civilización o cultura de una época se la debemos a Jakob Burckhardt, quien, en su obra clásica “La cultura del Renacimiento en Italia” (1860), veía en él una ruptura radical con la Edad Media y lo caracterizaba por el individualismo y el carácter laico, fuertemente influido por el paganismo de la Antigüedad.

Los estudios posteriores fueron matizando sus apreciaciones. Los medievalistas han diluido la idea de ruptura con la Edad Media, señalando en cambio las evidentes continuidades, cuando no el brillo cultural de Borgoña, los Países Bajos y algunas zonas del norte de Francia en los siglos XIV y XV, como haría Johan Huizinga en “El otoño de la Edad Media” (1919). Otros estudiosos han reducido el carácter paganizante del Renacimiento italiano, indicando la impronta religiosa presente en muchos autores. Asimismo, frente a la idea inicial de un movimiento esencialmente italiano, se han estudiado progresivamente o tras realidades, fruto de la expansión del Renacimiento desde Italia a otros países, en algunos casos con un fuerte matiz cristiano.

2. Concepto de “Humanismo”.

El concepto de «Humanismo», en cambio, es más concreto y procede de los Studia humanitatis  o conocimientos que permiten incrementar la humanidad individual, hacerse hombre en el sentido más pleno del término mediante el uso correcto de la inteligencia y el lenguaje que nos diferencian de los animales. Se trataba básicamente de gramática, retórica, poética, historia y filosofía moral, a cuyos profesores comenzó a conocérseles en el siglo XV como humanistas o gramáticos.

En sentido estricto, el Humanismo se refiere al estudio de la Antigüedad a través de los escritos de los autores griegos, romanos, hebreos, etc…, por lo que los humanistas son los estudiosos de las letras clásicas con un matiz específicamente filológico, que se explica por la necesidad no solo de descubrir viejos textos, sino también de depurar las versiones existentes de los ya conocidos, escritos en el empobrecido latín de la Edad Media. De ahí la importancia de la filología y la crítica textual. Sin ellas y el enorme desarrollo que ahora adquieren, hubiera sido imposible conocer de primera mano los autores clásicos  o volver a la pureza original de las fuentes del cristianismo.

Pero el Humanismo tiene una segunda acepción, más amplía, que hace referencia a una mentalidad y u na actitud vital no exclusiva de los filólogos e hija del Renacimiento. Frente a la visión del hombre y la vida terrena como un paso hacia la salvación, fuertemente arraigada en las mentalidades de la época, los humanistas revalorizarán al ser humano, con sus valores y capacidades, basándose en esos autores clásicos a los que acuden con avidez en busca de enseñanzas y modelos vitales. Serán un grupo reducido en el conjunto de la sociedad, no solo por el carácter ya de por sí minoritario de todos los movimientos culturales del Antiguo Régimen, sino también por su aspiración elitista y el deseo de selección y aislamiento, frente al rechazo que les produce lo popular.

3. Características del “Humanismo”.

Las características propias Humanismo son esos nuevos valores que postula y que pasan todos  ellos a través del hombre y su dignidad, como lo prueban los mismos títulos de obras como las de Giannozzo Manetti, De dignitate et excellentia hominis” (1452), o Giovanni Pico della Mirandola, Oratio de hominis dignitate” (1486).

Aspecto esencial de la nueva valoración del hombre será el individualismo, patente en el florecimiento de la biografía y la autobiografía, así como en el éxito que tuvieron las narraciones de las vidas de personajes de la Antigüedad, como Plutarco con sus héroes o Diógenes Laercio con sus sabios. También la preocupación por la fama, la ética, el amor, la cortesía (propia del cortesano), la virtus (valor, energía, audacia viril, integridad), el goce de la vida, el interés por el mundo y la naturaleza o la búsqueda de la armonía y la belleza. Todo ello planteaba una evidente secularización.

La idea del hombre fuertemente integrado en el mundo postulaba una valoración integral del ser humano, centro de la creación, a partir de una valoración optimista de sus posibilidades. El hombre nuevo había de desarrollar de forma equilibrada sus facultades físicas, intelectuales y espirituales, de acuerdo con esa idea de armonía a la que aludíamos. La educación de los jóvenes tenía por ello un importante papel.

Como muestran algunas de las obras de arte, la belleza que se alcanza en la composición del cuerpo humano nos da una cierta idea de sacralización del mismo; en ocasiones incluso, especialmente en Italia, puede hablarse de cierto paganismo, aunque ya hemos señalado la imposibilidad de generalizar en este aspecto.

En la mayor parte de los casos no se produjo un enfrentamiento entre antigüedad y cristianismo. En la propia Italia hubo intentos de conciliar ambos, como los de Petrarca en el siglo XIV, y Nicolás de Cusa o Pico della Mirandola en el siglo XV. Por otra parte, existió una facies poderosa en el seno del Humanismo tardío  -sobre todo desde el inicio de la Reforma-que dedica sus mejores esfuerzos al estudio de los textos bíblicos y a la búsqueda de una concordia en el seno de la cristiandad.

Otra de las características del Humanismo será el cosmopolitismo, la aparición de una república de las letras que difunde las obras respectivas, mantiene unidos a sus miembros por medio de la correspondencia epistolar, o propicia frecuentes viajes, contactos y estancias en localidades diversas, sin importar demasiado las fronteras. Algunos de los humanistas llegaron a desarrollar relaciones de amistad, como la de Erasmo con los ingleses John Colet y, especialmente, Santo Tomás Moro, o la de Erasmo y Moro con Juan LuisVives.

4. La difusión del Renacimiento y del Humanismo.

A). El latín.

La difusión del Renacimiento se benefició de varios factores. Ante todo, los viajes e intercambios de todo tipo que propagaron las novedades. Para el Humanismo resultó esencial la existencia de una lengua común entre las gentes cultas, el latín, que no veía aún comprometida su jerarquía pese al desarrollo evidente de las lenguas vernáculas, propiciado frecuentemente por los propios humanistas. Recordemos el caso de Dante, Petrarca y Bocací, iniciadores del Humanismo y padres al tiempo de la literatura italiana, o el de Antonio de Nebrija , latinista y autor de la primera Gramática castellana (1492). Otro ejemplo muy claro se da en Alemania, donde el Humanismo contribuyó decisivamente no solo a la fijación de la propia lengua, sino también a la identificación de una cultura propia.

B). La imprenta.

El factor más importante fue, no obstante, la imprenta de tipos móviles fundidos, inventada por el alemán de Maguncia Johan Gutenberg a mediados del siglo XV y que resultará decisiva en la expansión del Renacimiento y la creación de esa república de las letras.

Hacia 1500 había imprentas en unas 236 ciudades europeas, siendo las zonas con una mayor concentración el centro-norte de Italia y el centro-sur de Alemania. En la segunda mitad del siglo se imprimieron en toda Europa cercade 15.000 textos distintos. El 80 por 100 estaban en latín y la mitad eran de tema religioso. En 1537, la imprenta llegó a Veracruz, en América; en 1557 a Goa (India) y en 1564 a Rusia. Las capitales con una actividad más destacada fueron Venecia, Basilea, París, Amberes o Lyon, y entre los grandes impresores-editores, muchos de los cuales eran auténticos humanistas, merecen citarse Aldo Manuzio en Venecia, Johan Froben en Basilea y, más adelante, Robert Estienne en París o Christophe Planrin en Amberes. El carácter habitualmente hereditario del oficio dio lugar a la aparición de varias dinastías de impresores. Con todo, no debemos hacernos una idea excesiva del papel de la imprenta pues, durante mucho tiempo, los manuscritos siguieron siendo un medio habitual de transmisión de la cultura.

C). Los centros de enseñanza.

Un último factor de difusión fueron los centros de enseñanza que introdujeron los estudios humanistas. No tanto las universidades procedentes de la Edad Media, que en su mayor parte permanecieron ajenas y, en muchos casos, como la Sorbona, fueron enemigas de los nuevos saberes, cuanto las Academias y los Colegios de nuevo cuño. Las principales fueron las de letras clásicas, como la Pontaniana de Nápoles, fundada a comienzos de los años cuarenta del siglo XV; la neoplatónica de Florencia (1468); la de Roma, bajo el mecenazgo del papado y que tuvo su máximo esplendor con el papa Medici León X (1513-1521),  o la de Venecia, dirigida por el impresor Aldo Manucio y fuertemente interesada por los textos griegos.

Fuera de Italia, el Humanismo se desarrolló especialmente en instituciones de nueva creación, algunas de ellas vinculadas a las Universidades, como los Colegios trilingües (latín , griego y hebreo) de Lovaina (1517) -fundada por Erasmo- o Alcalá de Henares (1528), el Christ´s College de Cambridge (1505), el Corpus Christi College de Oxford (1517) -ambos dotados de cátedras o estudios trilingües-, o el “College de lecteurs royales” de París (1529), del que surgiría el College de France, cuyo lema “Docet omnia” (enseñarlo todo) resume la actitud intelectual del Humanismo. En el Imperio se crearon Academias y Sociedades de Amigos de las Letras (“sodalitates literariae”) en ciudades como Estrasburgo, Colonia, Augsburgo, Núremberg o Viena.

5. El protagonismo de Italia.

A). Las ciudades.

Italia fue el origen y epicentro tanto del Renacimiento como del Humanismo. Había sido el núcleo del Imperio romano y contaba por ello con muchos más restos materiales del mundo antiguo y la cultura clásica que los demás territorios europeos. Pero jugó también en su favor el desarrollo de las ciudades, pues ambos fueron fenómenos esencialmente urbanos, una muestra más de ese dinamismo de la ciudad que caracteriza la Edad Moderna y en virtud del cual la práctica totalidad de las innovaciones tuvieron lugar dentro de sus muros.

B). El mecenazgo.

Más aún, la inestabilidad política de la Italia bajo­medieval, con las pugnas entre las Ciudades-Estado, la ocupación del poder por familias enriquecidas y capitanes de bandas armadas(con­dottieri), la necesidad de afianzarlo sobre el prestigio de las obras de arte, o la emulación entre los gobernantes de los distintos territorios, favorecieron el desarrollo del mecenazgo, que hizo posible la mayoría de las realizaciones artísticas y humanísticas. De hecho, el mecenazgo se exportaría fuera de Italia junto al Renacimiento, y sirvió también poderosamente a los monarcas europeos para el fortalecimiento de su poder. Muchos de los humanistas fueron secretarios de Príncipes, Papas y Señores diversos.

C). El latín, el griego, el hebreo y el arameo.

Buena parte de los esfuerzos de los humanistas italianos se concentró en el intento de depurar el latín, basándose en los modelos clásicos. Destacarán en ello Lorenzo Valla (1406-1457), autor de la “Elegantiarum linguae latinae”, o el florentino Leonardo Bruni (1369-1444), iniciadores de una literatura neolatina que tendrá un gran desarrollo en el Humanismo, en la senda de los géneros literarios y los grandes autores de la Roma antigua.

Los humanistas se interesaron también por el griego, que en buena parte se había perdido y cuyo conocimiento fue estimulado, entre otros factores, por la llegada de griegos que huían de la invasión turca.

Aunque en menor medida, estudiaron asimismo el hebreo o el arameo, imprescindibles para acercarse tanto al Antiguo Testamento como a los conocimientos cabalísticos que atraían, entre otros, a Pico della Mirandola.

Muchos de los humanistas, como es el caso de Petrarca, eran coleccionistas de códices, lo que les permitió recuperar buen número de textos antiguos perdidos sobre las materias más diversas. Con frecuencia, reunieron importantes bibliotecas, aunque las principales fueron, lógicamente, las principescas, como la de los Este en Ferrara, los Gonzaga en Mantua o la de los papas en el Vaticano. También la de San Marcos de Venecia. La primera biblioteca pública se abrió en Florencia por iniciativa de Cosme de Medici.

D). Tendencias filosóficas.

En el terreno filosófico continuó el predominio del aristotelismo cristianizado, base de la escolástica, cuya rama principal, procedente de santo Tomás de Aquino (1224-1274),  defendía la plena concordancia de la fe y la razón. Existían en cambio otras escuelas que separaban ambas, como la nominalista, creada por Guillermo de Ockham (1280-1349), o la averroísta, inspirada en el filósofo cordobés Averroes (1126-1198).

El nominalismo, muy difundido en las universidades y responsable en buena medida de la crisis de la escolástica, defendía la posibilidad del conocimiento, aunque sin garantía alguna de que este correspondiera con las esencias de las cosas, por lo que los conceptos no eran para él más que nombres vacíos, lo cual provocaba el rechazo de los humanistas.

El averroísmo, que tuvo algún arraigo en las universidades de Bolonia y, sobre todo, Padua, postulaba la existencia de una doble verdad, la racional y la de la fe. Su principal representante fue Pietro Pomponazzi (1462-1525), quien en sus escritos negó la posibilidad de demostrar la inmortalidad del alma y afirmó la existencia de una contradicción entre la omnipotencia divina y el libre arbitrio.

El Renacimiento recuperó los textos de numerosos filósofos de la Antigüedad, algunos de ellos poco conciliables con el cristianismo. Pero la gran novedad filosófica fue el neoplatonismo, basado en el resurgimiento de los escritos de Platón, casi olvidados en la Edad Media pese al conocimiento de los textos de san Agustín. El pensamiento idealista de Platón tuvo una gran importancia. Una de sus principales afirmaciones es que la vocación del hombre espasar, pormedio del conocimiento, del mundo en el que vive, formado por apariencias sensibles o reflejos imperfectos de los arquetipos divinos, a la inteligencia de las Ideas, es decir, las esencias de las cosas materiales, que residen en Dios. Uno de los medios de conocimiento será la contemplación de la belleza, lo que contribuye a explicar la formidable eclosión artística. Lo bello, armonioso y equilibrado está más cerca de lo divino.

El gran difusor y traductor de Platón fue Marsilio Ficino (1433-1499), quien dirigió la Academia de Florencia, centro principal del neoplatonismo. Ficino intentó armonizar el pensamiento de Platón con el de Aristóteles. En cambio, su discípulo Pico della Mirandola(1463-1494), mezcló el platonismo con componentes cabalísticos y mágicos. Interesado por las lenguas, la filosofía, la religión o la astrología, en la más pura línea de la curiosidad universal del humanista, Pico della Mirandola fue uno de los partidarios del dominico Girolamo Savonarola, quien durante unos años estableció una república teocrática en la Florencia de finales del sigloXV.

E). Las cuatro ciudades: Florencia, Nápoles, Roma y Venecia.

Cuatro ciudades son los centros esenciales del Renacimiento italiano: Florencia, Nápoles, Roma y Venecia. Tal vez sea Florencia el lugar más característico, a la vez que ejemplo de las motivaciones que llevaron a los gobernantes al mecenazgo. Los Medici, familia de banqueros que se hizo con el poder, utilizaron el arte y la cultura como un elemento de prestigio, lo que dio lugar a las grandes realizaciones de tiempos de Cosme el Viejo (1434-1464) y sobre todo de su nieto Lorenzo (1469-1492), conocido, ya entonces, por el Magnífico, gracias en buena parte al brillo de las obras que patrocinó.

El caso de Nápoles es algo distinto, al no tratarse de una Ciudad-Estado sino de la capital de un reino, que era además el más extenso de los estados italianos. Pero el mecenazgo se desarrolló también al servicio de los intereses del monarca Alfonso V de Aragón (1442-1458), quien conquistó el reino frente a los reyes de la Casa de Anjou, originaria de Francia. Su programa artístico queda perfectamente resumido en la bellísima puerta del Castel Nuovo, en el que el Rey conquistador aparece representado como un héroe de la Antigüedad. La personalidad principal del Humanismo napolitano será Lorenzo Valla, latinista, corrector del texto latino de la Biblia y creador principal de la crítica textual histórico-filológica, que le permitió demostrar en 1440 la falsedad de los documentos medievales de la cancillería pontificia referidos a la Donación de Constantino, sobre la que se fundarían los bienes del llamado Patrimonio de San Pedro y el poder temporal de la Iglesia.

En Roma, el Renacimiento aparece vinculado también a sus soberanos, los papas, cuyo mecenazgo atrajo a los principales artistas, que dejaron la huella de su genialidad en diversos lugares, especialmente en la basílica de SanPedro y los palacios del Vaticano. Una primera fase, a mediados del siglo XV, coincidió con los papados sucesivos de Nicolás V, el español Calixto III, el humanista Pío II (Enea Silvio Piccolomini). La segunda, a finales de la centuria y durante las primeras décadas del siglo XVI, tuvo como promotores a Alejandro VI (Rodrigo de Borja, sobrino de CalixtoIII), y sobre todo a Julio II (1503-1513) y al hijo de Lorenzo el Magnífico, León X (1513-1521), con los que llegó a la plenitud. Con ellos colaboraron artistas de la talla de Bramante, constructor de la formidable cúpula de la basílica después de haber hecho en Florencia la de la catedral de Santa María de Fiore; Rafael Sanzio, autor de los frescos de las Estancias Vaticanas, o Michelangelo Buonarroti, pintor de los frescos de la bóveda y del Juicio Final en la Capilla Sixtina.

El Renacimiento veneciano tuvo como centros importantes no solo la Academia, orientada especialmente hacia los estudios griegos, sino también la Universidad de Padua, una de las pocas que aceptaron los estudios renacentistas y que se convirtió en sede de la renovación de la filosofía aristotélica, basada en la vuelta a los textos originales de dicho autor. Venecia se beneficiaría especialmente de la huida de muchos artistas con ocasión del saco de Roma por las tropas de Carlos V, en 1527.

En cualquier caso, el Renacimiento italiano tuvo otros muchos centros. Recordemos entre ellos Rímini, bajo el impulso de Sigismondo Pandolfo Malatesta (1432-1468), quien mandó erigir el bellísimo Templo Malatestiano; Urbino, con el duque Federico de Montefeltro (1444-1482), para quien trabajaron, entre otros, Piero de lla Francesca y, al parecer, también el español Pedro Berruguete; Milán, con el mecenazgo de los Visconti y los Sforza; Bolonia, con los Bentivoglio; Ferrara, en la que Ludovico Ariosto es cribiría en honor de los Este el poema épico Orlando furioso”, una de las cumbres literarias del Renacimiento italiano; Mantua, Parma, Módena, Pisa, Siena… En todos ellos se llevaron a cabo magníficas obras de arte cuyo aspecto esencial, por encima de las diferencias existentes, es el realismo. La naturaleza, representada en su intrínseca belleza y armonía, y también la sociedad y sus protagonistas, con una explícita preocupación por el hombre, patente en el formidable desarrollo del retrato.

6. Otros países europeos.

Desde Italia, la nueva cultura se fue extendiendo por otros países, en los que se adpató de formas variadas, asumiendp habituañmente perfieles propios, fruto del contacto con las características, trayectoras culturales previas e intereses de cada uno. El vehículo esencial para la propagación fueron los viajes, tanto de extranjeros que conocieron los círculos artísticos y humanistas de Italia, como de italianos que se desplazaron a otros territorios.

Antonio de Nebrija estuvo como estudiante en el Colegio de San Clemente de Bolonia (1460); Lefevre d’Étaples viajó en varias ocasiones a Italia a la que se desplazaron también otros humanistas como Erasmo o Guillaume Bucle, lo mismo que muchos de los principales artistas del Renacimiento europeo. El polaco Nicolás Copérnico, que habría de destacar en sus estudios astronómicos, recibió formación a finales del siglo XV en las universidades de Bolonia, Padua o Ferrara. El flamenco Andreas Vesalio, viajó a Padua (1539) para estudiar anatomía…  Además de las figuras descollantes, los intercambios de muchas gentes cultas y los intereses de los gobernantes sirvieron de estímulo, desde finales del siglo XV y comienzos del XVI, al desarrollo del Renacimineto fuera de Italia.

Es importante el mecenazgo de monarcas como el emperador Maximiliano I; los Reyes Católicos o Carlos I enEspaña; Francisco I en Francia; Enrique VII y Enrique VIII en Inglaterra, o Matías Corvino en Hungría. Pero el mecenazgo no quedó restringido a los reyes, sino que muchos aristócratas y altos eclesiásticos lo practicaron también, no faltando entre ellos los humanistas, como es el caso de la hermana de Francisco I, Margarita, reina consorte de la Navarra francesa y autora de diversas obras, entre las que destaca el Heptamerón”, inspirado en el Decamerónde Bocaccio.

A). El humanismo español.

El Humanismo español se inició en el siglo XV en la corona de Aragón, que mantenía fuertes vínculos con Italia. Aunque en la Universidad de Salamanca ya se enseñaba griego afinales de dicha centuria, el centro principal del Humanismo será la Universidad de Alcalá de Henares, creada por el cardenal Cisneros en 1508 y a la que se trasladaría Nebrija en 1512, después de que la de Salamanca, poco receptiva ante los avances humanísticos, le privara de su cátedra. La gran obra, por iniciativa también de Cisneros, será la Biblia Políglota Complutense”, en latín, griego, hebreo y arameo.

Eran los primeros años del siglo,en los que las divisiones religiosas de la Reforma aún no se habían iniciado, y en la obra colaboraron varios conversos, a pesar de que la Inquisición ya actuaba en España. La poesía italiana  fue introducida en España por Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. Años después, el Humanismo español quedó fuertemente marcado por la crisis religiosa. La influencia principal fue la de Erasmo de Rotterdam, el príncipe de los humanistas del siglo XVI, que dedicó buena parte de sus esfuerzos a la búsqueda de una tercera vía entre el catolicismo tradicional y la Reforma. Los años de esplendor del erasmismo español no fueron más allá de la década de los treinta en que sus partidarios comenzaron a ser perseguidos. Uno de sus autores más importantes fue Alfonso de Valdés, autor entre otras obras del Dialogo de Mercurio y Carón (1529), en el que critica la sociedad de entonces.

Aunque muy vinculado a los Países Bajos, otro gran humanista es el valenciano Juan Luis Vives (1492-1539), cosmopolita, aunque con una vida mucho más difícil que la de Erasmo, sobre todo por las persecuciones que le tocaron de cerca y la conciencia progresiva de que desaparecía el mundo en el que había creído. «Todo se derrumba», le escribirá en 1524. Hijo de judeo conversos, estudió en París, de donde pasó a Lovaina (1517-1521). El año 1522 tuvo la oportunidad de volver a España cuando le ofrecieron la cátedra de latinidad de Alcalá de Henares, vacante por la muerte de Nebrija. Afortunadamente no la aceptó, siguiendo el consejo de Tomás Moro. De otra forma, probablemente hubiera sucumbido en los procesos inquisitoriales que se desencadenaron poco después contra su familia.

Los años siguientes (1522-1528) estuvo en Londres, junto a Moro. En Inglaterra fue tutor de María Tudor, la futura reina , y profesor en el Corpus Christi College de Oxford.  Cuando comenzaron los intentos de Enrique VIII de obtener el divorcio marchó a Brujas, donde permanecería hasta su muerte. Pese a que fueron años muy productivos, su pesimismo se incrementó con hechos como las guerras y querellas religiosas, el inicio de las persecuciones en España a sus amigos erasmistas, el ajusticiamiento de Moro o la propia desaparición de Erasmo, a quien en 1534 escribía: «Vivimos unos momentos difíciles en los que no podemos ni hablar ni callar sin riesgo».

Su obra, muy extensa, destaca en los terrenos del humanismo Cristiano, la filología, la pedagogía, la filosofía o el reformismo social. Algunas de sus obras son la Formación de la mujerc ristiana(1523), “De subvencione pauperum” “El socorro de los pobres” (1526), De anima et vita” traducido como el “Tratado del alma”, (1538), el Arte de hablar” (1532), los Ejercicios de lengua latina” (1538) escritos en forma de diálogos, o los Comentarios a la Ciudad de Dios de San Agustín”, que sería incluido enel Indice.[1]
B). El humanismo francés.
El humanismo francés fue más tardío y sus dos figuras principales fueron Guillaume Bucle y Jaques Lefevre d’Étaples. El primero es un ndestacado especialista en latín y griego, de amplia cultura, que participó en la fundación del College de France y dirigió la Biblioteca milanesa de los Sforza, que Luis XII había llevado a Fointainebleau. Lefevre d’Étaples,  en cambio, se inscribe en la corriente del Humanismo cristiano. Preocupado por la pureza de las fuentes, publicó un comentario a las epístolas de san pablo y tradujo al francés el Nuevo Testamento griego (1530).

C). El Humanismo inglés.

En Inglaterra, John Colet participa en dicha corriente y se interesa también por los escritos de san Pablo. Más importante es quizá SantoTomás Moro, jurista, canciller de Enrique VIII y finalmente víctima en el patíbulo de su oposición al divorcio del rey[2]. Aparte de su amplia cultura, su conocimiento del latín y el griego y su formación neoplatónica, es autor de una crítica social a partir de la ficción de una sociedad imaginaria y perfecta, situada en ningún lugar. El título de su libro Utopía” serviría incluso para definir todo un género, el utópico, que cuenta con algunas otras obras relevantes en la Edad Moderna. El caso de Moro, santificado por la Iglesia, resulta interesante como ejemplo de la libertad de conciencia frente al poder. La formación clásica se extendió también a su familia, en especial a sus hijas, que constituyen un modelo de mujer culta en el Renacimiento[3].

D). El humanismo en Alemania.

En Alemania, la figura más destacada fue Johan Reuchlin (1455-1522), especialista en hebreo, tío del humanista reformador Philipp Melanchthon y hombre preocupado asimismo por las cuestiones teológicas. En los Países Bajos, el Humanismo estuvo también muy vinculado a la preocupación religiosa. Dentro de la corriente de la devotio moderna”, que propugnaba una religiosidad más intimista y se inscribe en la llamada prerreforma católica, anterior a Lutero, los “Hermanos de  la Vida Común” tuvieron interés por el estudio y edición de textos clásicos.

E). El humanismo en los Países Bajos. Erasmo de Rotterdam.

Pero la figura descollante del Humanismo de los Países Bajos es Desiderio Erasmo, conocido como Erasmo de Rotterdam (1469-1536), el más importante de los humanistas del siglo XVI o del Humanismo tardío. En su educación influyeron los Hermanos de la Vida Común y perteneció a la orden de San Agustín, que abandonó para pasar a ser secretario del obispo de Cambrai. Viajó por diversos lugares de Europa, en los que completó su formación y estableció relaciones estrechas con otros humanistas. Su vida, llena de viajes y traslados, con estancias muy largas casi siempre fuera de su tierra, es significativa de ese cosmopolitismo renacentista al que hemos aludido,aunque también de los problemas generados por la Reforma, pues algunos de sus últimos viajes fueron en buena parte forzados por las intolerancias de unos u otros.

Estuvo en París (desde 1495), Oxford (1499-1500 y 1505-1506), Italia (1506-1509) con estancias en Roma, Florencia, Padua y Venecia, Cambridge (1509-1514), Flandes y Lovaina (1502-1504 y 1517-1521), Basilea (1521-1529), Friburgo, y de nuevo en Basilea, donde muere. Aún pudo haber viajado más, pues recibió diversas invitaciones y, entre ellas, la del cardenal Cisneros para que se incorporara a los trabajos de la Biblia Políglota que se estaba realizando en Alcalá de Henares. Como le escribió a su amigo Moro: «non placet Hispania», negativa que, según Marcel Bataillon, respondía seguramente a su antisemitismo y al convencimiento de la abundancia de conversos en España. También rechazaría la oferta de Francisco I para dirigir el College d’electeurs royales de París. Ampliamente reconocido, fue consejero del joven Carlos de Borgoña (futuro Carlos V), para quien redactó en 1516 la lnstitutio principis christiam”, que se encuadra en el género de los espejos de príncipes. En 1535, el papa Paulo III le ofreció un capelo cardenalicio.

Sus numerosas obras se dividen en dos grupos: las de carácter civil, y las de tema religioso. A las primeras pertenecen, los Adagia”(1500), una colección comentada de proverbios de la Antigüedad, cuyo éxito editorial le permitió reeditar en varias ocasiones con añadidos y correcciones diversas; los Colloquia”(1518), ejercicios en latín escritos en forma de diálogo; diversas ediciones de textos clásicos y traducciones al latín de autores griegos, y el conocidísimo Moriae encomium, sive Stultitiae laus” (1511) -traducido habitualmente como Elogio de la locura, aunque sería más orrecto “elogio de la estulticia”, o la estupidez-,obra breve, irónica y divertida, en la que constata la omnipresencia y triunfo de la estupidez, y contrapone la abundancia y mayor felicidad de los estúpidos a la sequedad, aburrimiento y escaso séquito de los cultos y sabios.

En el terreno religioso, Erasmo era partidario de una reforma de la Iglesia, aunque nunca llegó a romper con ella. Crítico con la excesiva influencia del clero, ansiaba un cristianismo más íntimo y personal, centrado en la figura de Cristo y alejado de los excesos en las manifestaciones externas y las prácticas populares, plagadas a menudo de superstición. Un cristianismo elitista, en armonía con la cultura clásica y poco amigo de la escolástica, que tuvo mucho seguidores -especialmente entre los humanistas- pero que, pese al irenismo y la actitud tolerante que proponía, acabaría siendo rechazado por los protestantes, que lo acusaban de tibieza, y perseguido por la Iglesia, que incluiría sus obras en el índice de libros prohibidos. Tales ideas las expuso sobre todo en el “Enchiridion militis christiani” (“Manual del caballero Cristiano”, 1503). Asimismo, realizó una edición bilingüe del Nuevo Testamento en latín y en griego (1516), mejorada en varias reediciones posteriores, y también ediciones de diversos padres de la Iglesia.

Frente al pesimismo antropológico de Lutero, escribió “De libero arbitrio” (1524), en el que expresaba su optimismo y su creencia en la capacidad del hombre para colaborar en su salvación, eligiendo entre el bien y el mal. Lutero, contrariado, le respondería con “De servo arbitrio”. Erasmo fue el humanista de mayor éxito editorial. Sus “Adagia”, por ejemplo, fueron editados 72 veces entre 1500 y 1525, y 50 de 1525 a 1550, mientras que los “Colloquia”  fueron objeto, respectivamente, de 60 y 70 ediciones en tales periodos.

7. La crisis del Renacimiento.

Al pesimismo de Vives no le faltaban razones. En los años treinta y cuarenta, al compás del endurecimiento de las posturas religiosas, comenzaban a olvidarse los sueños cosmopolitas e integradores del Humanismo. Un buen ejemplo es el de Francoise Rabelais (1494-1553), que en sus cinco libros sobre “Gargantúa y Pantagruel”, publicados entre 1532 y 1564, muestra la evolución desde la creencia inicial en el hombre y el espíritu de tolerancia hasta el escepticismo y la resignación frente al avance de la intolerancia. Europa se encaminaba hacia una época de definiciones y ratificación de las ortodoxias, que no dejaba espacio a las posturas conciliadoras, como lo prueba la crisis de la tercera vía erasmista. Ciertamente, muchas de las aportaciones del Humanismo permanecieron en la cultura posterior, pero los nuevos tiempos eran más propicios al conformismo resignado ante las adversidades, lo que propició actitudes escépticas, como la del francés Michel de Montaigne (1533-1592). La visión del mundo que nos presenta en los Essais”, escritos durante buena parte de su vida, trasluce un desencanto crítico, agudizado por la dura experiencia de la Francia desgarrada por las guerras de religión, y una actitud resignada ante la imposibilidad de conocer los secretos de la naturaleza. Otros autores, como el napolitano Giordano Bruno (1548-1600), formado en el averroísmo paduano, optaron por profundizar en la veta filosófica ocultista y hermética (basada en Hermes Trimegisto del siglo II), que ya en el Renacimiento pleno tuvo cultivadores como Pico della Mirandola.

Tal vez, el elemento más positivo, deudor del Humanismo pero también de los enfrentamientos entre países, fuera el desarrollo de las culturas nacionales en el terreno literario, caracterizadas por la utilización de las lenguas respectivas, la recuperación de elementos de la propia historia y cultura, así como cierta revalorización de lo maravilloso y lo irracional, frente al ansia renacentista de explicar los misterios de la naturaleza.

Entre otros ejemplos sobresalen los poetas franceses de la “Pléiade”, encabezados por Pierre de Ronsard; el italiano Torquato Tasso, autor del poema épico la “Gerusalemme liberate”, en sintonía con los planteamientos de la Contrarreforma; los poemas de Edmund Spencer y Philip Sidney, o el desarrollo del teatro inglés en la época isabelina con Christopher Marlowe, gran precursor de William Shakespeare; el inicio del Siglo de Oro español, con la aparición del género picaresco en El Lazarillo de Tormes”(1554), la gran epopeya americana de Alonso de Ercilla (La Araucana”), la obra de Fernando de Herrera, apodado El Divino, o la literatura de inspiración religiosa de fray Luis de León, Teresa de Jesús o Juan de la Cruz; y en Portugal, la figura de Luís de Camoens (1524-1580), autor deOs Lusíadas”, auténtica epopeya nacional.

En arte, el Manierismo, basado en la imitación de los grandes artistas de la etapa anterior (alamanieradi) esesencialmente un arte cortesano que supondría la etapa de paso hacia el Barroco. Los pintores venecianos Tintoretto (1518-1594) y PaoloVeronese (1528-1588), o El Greco (1541-1613) serían algunos de sus principales representantes.

En el arte religioso, la iglesia jesuítica del Gesu de Roma, realizada por Jacopo Vignola y Giacomo Della Porta, se convertirá en el principal modelo de la Contrarreforma, al tiempo que en la arquitectura civil destaca la construcción del monasterio palacio de El Escorial, símbolo del poder de Felipe II y su Monarquía.

8. Ciencia y técnica en los siglos XV y XVI.

La época del Renacimiento fue especialmente brillante en el terreno artístico, sobre todo en Italia. Nunca como entonces se han dado cita tantos genios creadores en arquitectura, escultura, pintura y demás artes plásticas. El Humanismo, porsuparte, alcanzó también altísimas cotas en el terreno de las letras.

Hubo asimismo avances en las técnicas, que permitieron, entre otros muchos ejemplos, elevar a gran altura y mantener suspendidas las grandes masas de piedra de las cúpulas de Bruneleschi o MiguelÁngel. Sin embargo, la ciencia no avanzó en la misma medida. La interpretación del mundo físico siguió vinculada a la filosofía natural de Aristóteles, sin que los saberes de otros autores de la Antigüedad aportaran cambios sustanciales. Esosí, hubo ya anticipaciones geniales, como las de Nicolás de Cusa (1401-1464) o Leonardo daVinci (1452-1519), quienes intuyeron que las matemáticas eran la base del conocimiento del universo.

En el campo de la medicina fueron relevantes los estudios de fisiología del francés Jean Fernel, de cuya amplitud de objetivos, propia del Renacimiento la prueba su interés por medir el meridano terrestre; un caso similar es el del médico italiano Girolamo Fracastoro, estudioso de la sífilis, que era además geógrafo, geólogo y óptico. Otra figura variopinta es la del médico, alquimista y filósofo suizo-alemán Paracelso (1493-1541), cuyo gesto de quemar públicamente los tratados médicos de Galeno  y Avicena no dejaba de ser significativo de que, aunque tímidamente, ya se había iniciado una reacción contra los saberes clásicos.

Al siglo XVI debemos, no obstante, un par de aportaciones científicas de gran relevancia. El aragonés Miguel Servet descubrió la circulación pulmonar y el flamenco Andreas Vesalio publicó De humani corporis fabrica” (1543), en la que defendía una anatomía empírica que ponía en cuestión muchas de las opiniones tradicionales basadas en el griego Galeno.

Pero la contribución más importante se produjo en el campo de la astronomía, en el que el canónigo polaco Nicolás Copérnico (1473-15643), en su obra De Revolutionibus orbium caelestium”, parecida también en 1543, defendió la teoría de que la Tierra giraba en torno al Sol -propuesta ya en el siglo II antes de Cristo por Aristarco de Samos-, que se enfrentaba con la concepción geocéntrica de Ptolomeo, sostenida también por la Iglesia y los reformadores Lutero y Calvino sobre la base de algunas afirmaciones de la Biblia. La defensa del heliocentrismo por Copérnico se basaba en razones geométricas y estéticas, sin que hasta el siglo XVII surgieran las explicaciones de carácter físico o mecánico. En la medida en que estos y otros avances partían de la observación, frente a las teorías tradicionales, apoyadas en el argumento de autoridad, preludiaban la Revolución científica que habría de tener lugar en la centuria siguiente.

Algunos de los progresos técnicos eran tributarios de los conocimientos de autores antiguos, como la geometría de Euclides, que influiría en el hallazgo de la divina proporcióntan buscada ahora por los artistas.

También fueron importantes los estudios en trigonometría (Johann Müller, onocido como Regiomontano) o en álgebra (Tartaglia, o Girolamo Cardano).

En el terreno de la técnica, destaca con brillo propio la figura polifacética del florentino Leonardo da Vinci, inventor y dibujante de numerosos ingenios y máquinas, no siempre exitosos-como por ejemplo sus intentos de diseñar algún aparato que permitiera volar-, pero siempre geniales y bellísimos.

Durante el Renacimiento hubo avances evidentes en las técnicas de la guerra, la artillería y la fortificación. También en el dominio del mar y en las representaciones geográficas, en las que destacó la invención de la proyección de Mercator (1569), nombre con el que se conocía al geógrafo flamenco Geert de Kremer. La cartografía experimentó un gran desarrollo, vinculado sin duda a la expansión oceánica y el descubrimiento de nuevos mundos; especial importancia tuvieron el Theatrum Orbis Terrarum” (1570) de Abraham Ortelius, o los mapas del citado Gerardus Mercator, reunidos en el Atlas sive Cosmographicae Meditationes de Fabrica Mundi...(1595), en el que aparece por vez primera el término atlas para definir a las colecciones de mapas.

A los avances en la minería y la metalurgia, habría que unir los que se obtienen en el aprovechamiento de la energía proporcionada por el agua o el viento através de los molinos. Buena parte de tan variados progresos técnicos se recogen en la obra Los veinte y un libros de los ingenios y las máquinas”, escrita entre 1564 y 1574 por el aragonés Pedro Juan de Lastanosa por encargo de FelipeII. Otro logro consistió en la reducción en el tamaño de los mecanismos que se utilizaban en las máquinas para medir el tiempo, lo que permitió la difusión de los relojes.

 

[1] NOTA DE LA FTM. Véase la referencia de Gonzalo Díaz Díaz en “Hombres y documentos de la filosofía española”, Ed. CSIC, Tomo VII, págs. 907 y ss, en la que se mencionan 112 obras de Vives, y 403 estudios sobre el autor.

[2] NOTA DE LA FTM. En realidad a lo que se oponía Moro era a la separación de Inglaterra de la Iglesia de Roma por parte de Enrique VIII, que se constituyó en jefe de la Iglesia anglicana. Al no querer jurar la ley que consagraba la separación fue considerado traidor y decapitado.

[3] NOTA DE FTM. Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam y Juan Luis Vives, representan un humanismo distinto del humanismo pagano, caracterrizado por la creencia en la trascendencia del hombre como ser creado a imagen y semejanza de Dios, por el uso de la razón de acuerdo con la fe, por la moderación en el comportamiento, por el dialogo como instrumento de convivencia. Se trata del humanismo cristiano que llegará a nuestros días.