Humanismo y humanistas

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El Humanismo contemporáneo según Luis Suárez Fernández

34. El nuevo humanismo europeo. (Resumen del último capítulo del libro de Luis Suarez “La Europa de las cinco naciones”. Editorial Ariel, pags 939 y ss).

1. En 1947 tres gobernantes europeos, católicos, decidieron construir una nueva Europa recogiendo el valioso patrimonio del pasado, pero acomodándolo a la cultura de la globalización. Se trataba de Schumann, Adenauer y De Gásperi.

La parte más valiosa de ese patrimonio procedía del cristianismo, pues en él había nacido el reconocimiento a la dignidad de la naturaleza humana, con su dimensión de libertad vinculada a la verdad, y con la capacidad racional para un conocimiento no limitado a la observación o a la experimentación.

Posteriormente, se unió a ellos Monet, que insistiría en empezar por construir un espacio económico sin barreras para evitar futuros enfrentamientos, como los que habían dado lugar a las guerras  mundiales.

Después de 1945 Europa renunció al protagonismo mundial. Se llegó a los extremos de la segunda revolución industrial; se rompió la barrera del sonido; se introdujo el automatismo electrónico; y la ciencia alcanzó dimensiones que afectan a la propia biología humana. La cultura había roto todas las fronteras y también se globaliza.

Europa se dio cuenta entonces de que si quería salvaguardar aquel patrimonio de humanismo, las nuevas generaciones tendrían que enfrentarse a las consecuencias de un desarrollo tecnológico incontrolable.

2. Se hacía preciso la creación de un “nuevo humanismo”. Para ello las nuevas generaciones necesitan reconstruir el orden moral.

Algunos filósofos como Spengler, Toynbee, Kleges, Ortega, Bergson, Zubiri, llegaron a la conclusión de que la nueva cultura planetaria se encuentra definida por una nueva dimensión como es el “poder de la imagen”, que ha conocido una expansión poderosa a lo largo del siglo y que favorecen de modo especial la falsificación histórica, porque el subconsciente del espectador se ve atrapado por el mensaje que se le transmite.

3. El siglo XX se ha caracterizado por dos grandes conflictos: el enfrentamiento entre la cultura del espíritu y la ciencia/técnica; y la divergencia entre la creación libre y personal y el mimetismo propio de las sociedades urbanas.

Por otra parte, el desarrollo de los “mass media” ha permitido la difusión de conocimientos simplificados y vulgarizados que sustituyen al pensamiento profundo, al goce estético y a la contemplación espiritual.

Los valores del humanismo sobreviven con dificultad en minorías reducidas. En algunos sectores las preguntas sobre la trascendencia se responden con sucedáneos sociológicos, pseudocientíficos o supersticiosos. Pero en la mayoría de los sectores predomina el hedonismo consumista que progresa hacia posiciones contrarias a la naturaleza humana: homosexualidad, violencia, drogadicción, rebeldía, aborto, matrimonios homosexuales.

El Concilio Vaticano II propone un modelo de humanismo y no un proyecto de sociedad, de política económica, que contienen los antídotos para la angustia y la decepción.

4. A principios del siglo XX algunos filósofos, a la vista de la falta de resultado de los sistemas filosóficos para fundamentar los hallazgos de las ciencias, llegaron a la conclusión de si no sería preferible renunciar a todos ellos para entrar en un eclecticismo general. Diltheyen su “Esencia de la filosofía” no llegaba tan lejos, pero llamaba la atención de que el idealismo era incapaz de dar respuestas a los problemas planteados. Lo mismo ocurría con otras doctrinas, por lo que se asiste al fracaso de las ideologías

¿Qué debemos entender por lo real?

5. Es la primera pregunta que arrastraba Europa desde Descartes. Comenzaba un nuevo camino para los europeos en el que se ha avanzado muy poco.

6. Edmund Husserl(1859-1938), discípulo de F. Brentano, prescinde tanto del idealismo como del positivismo: el objeto de nuestro conocimiento son las cosas mismas, tal como se hacen evidentes ante nosotros. Estas evidencias son llamadas “fenómenos” por Hegel. La fenomenología es un método y no un sistema filosófico: primero se capta la realidad, y después se eliminan los elementos contingentes que impiden descubrir la “cosa en sí”. El conocimiento humano actúa mediante una “reducción trascendental” (relación que se produce en la conciencia entre el sujeto que conoce y la cosa conocida). El sujeto se identifica siempre con el objeto conocido, lo que equivale a una “vivencia”.

“Investigaciones lógicas” (1901), “Ideas para una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica” (1913) y “Lógica fundamental y trascendental” (1929), son sus obras más importantes.

7. Nicolás Hartmann(1882-1950). La Ontología cubre con seguridad el espacio fenoménico, pero no alcanza a lo irracional, y no puede negarse que lo irracional existe, pues hay muchas cosas que están más allá de los límites de la razón humana, lo que no supone que no existan. La metafísica resulta imprescindible.

El conocimiento intelectual es un paulatino descubrimiento de las cosas, pero no alcanza su totalidad pues siempre queda una parte, lo irracional, que escapa a ese proceso de objetivación. La investigación científica debe extenderse también a los “actos emocionales”, dentro de los cuales se sitúa el comportamiento moral.

Los grandes problemas de la metafísica clásica: Dios, el alma, la naturaleza del Universo, se sitúan fuera de la Ontología. Pero ello no excluye definir la persona humana como un ser esencialmente espiritual. El espíritu no puede definirse como sustancia sino como conciencia. Esta conciencia dotada de libertad es capaz de inducir a la persona a obrar moralmente.

¡¡¡Pero la acción moral se ejerce siempre en relación con un orden de valores objetivo y no es fruto del arbitrio humano!!! Karol Wojtiladistinguió entre “derechos humanos” y “derechos del hombre”. Los primeros pertenecen a la humanidad, es decir, a la naturaleza creada; los segundos pertenecen a la voluntad de las comunidades políticas.

¡¡¡También los grupos humanos, comunidades o sociedades se encuentran sometidos a ese orden objetivo de valores, sin el cual no pueden progresar!!!

“Ética” (1926) y “El problema del ser espiritual” (1933), son sus obras más importantes.

8. Estamos en presencia de un movimiento Neotomista que se acerca mucho a los planteamientos católicos por el papel reconocido, con insistencia, a la razón humana. Así, en la Encíclica “Aeterni Paternitatis” (1879) del Papa León XIII, recomendó a filósofos y teólogos el retorno a Santo Tomás, para procurar una plataforma de razón y libre albedrío que permitiera salir adelante del impasse al que Europa había llegado.

Esta recomendación inspiró numerosos trabajos que tendrían posterior reflejo en el Catecismo. Así se afirma que la Naturaleza es una realidad, pero que no queda limitada a sus dimensiones físicas. También son realidades la existencia de Dios, el alma y la espiritualidad. Del neotomismo salieron J. Maritain y E. Gilson. Pero el más alto grado del pensamiento católico será alcanzado por Karol Wojtila, siguiendo las líneas de E. Husserl y E. Stein.

Este pensamiento sostiene:

  • Que la criatura humana ha sido dotada por Dios, en su naturaleza, de la mayor dignidad que quepa imaginar.
  • Que la criatura humana ha sido dotada por Dios, en su naturaleza, de todos los elementos necesarios para proyectarse sobre el mundo y para transformarlo.

Sobre estas bases, la solución de la crisis moderna pasa, necesariamente, por la restauración de la dignidad de la persona humana.

¿Qué es el hombre?

9. Esta es la segunda pregunta. El siglo XX dio dos respuestas: el historicismo y el existencialismo.

10. Para elhistoricismo(G. Simmel, [1858-1918]; R. Eucken[1846-1926]; W. Dilthey[1833-1911]), el hombre es un producto de la historia. Admite que el hombre adquiera una experiencia externa que le proporcionan las ciencias naturales, posea un conocimiento del mundo exterior y cultive un afecto selectivo.

Pero hay también una experiencia interna, más valiosa, mediante la que se capta que es la vida en sus tres dimensiones: ser, querer, entender. No se trata de vías separadas sino que proporcionan una visión unitaria del mundo.

11. Para el existencialismo (o los existencialismos) (Kierkegaard, Unamuno,Sartre, Heidegger), lo que caracteriza al hombre no  es su esencia sino su existencia en libertad.

Heidegger(“Ser y tiempo”), se pregunta por el sentido de la palabra “ser”. El hombre es un ser en el tiempo que tiene la peculiaridad de preguntarse sobre su propia naturaleza, y que marcha, inexorablemente y sin interrupción, hacia su extinción, lo que le convierte en un “ser para la muerte”.

Jaspers (“Filosofía”) establece tres dimensiones en el ser: 1), yo, sujeto de conocimiento; 2), el mundo, objeto del mismo; y3), la trascendencia, lo que está situado más allá del yo y del mundo. Esta trascendencia se descubrió entre los años 100 a 600 d.C. y supuso un salto de gigante para la humanidad. Ese periodo abarca a Buda, Confucio, Sócrates,la filosofía griega, los profetas de Israel y a Jesucristo. La humanidad ha vivido de esta herencia. Pero si el hombre abandona la relación tensa entre el yo y la trascendencia puede acabar olvidándose de esta última y retroceder en su progreso. El gran desafío de las nuevas generaciones consiste en considerar el progreso no como un conocimiento cuantitativo, sino en el crecimiento de la persona (Ortega, Wojtyla). Progresar no es “tener más” sino “ser más”.

Sartre(1905-1980). Se afirma en el materialismo dialéctico y rechaza la trascendencia. En su libro “El ser y la nada” afirma que frente al ser no hay otra cosa que la nada, y que fuera del hombre no hay valores. Predica la ausencia total de toda moral. El pesimismo alcanzó su grado extremo abocando al hombre a la angustia total, a la náusea. Para salir de esta situación se afilió al marxismo y a los sueños revolucionarios para acabar profundamente decepcionado.

12. Para el humanismo cristiano, también hay respuesta a la pregunta sobre qué es el hombre.

Henri Bergson(1859-1941) publicó su libro “Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia” en 1889 y señaló que hay dos tiempos: el matemático y el de conciencia. Este último es el tiempo vivencial que manifiesta la libertad del hombre ajena a cualquier determinismo. En 1907 publicó “La evolución creadora”  en donde define la vida como dinamismo y duración causada por un “impulso vital”, el “el elán vital”. En 1932 publica “Las dos fuentes de la moral y de la religión”. El impulso vital crea dos tipos de sociedades. Una “cerradas”, incapaces de progresar, a las que conduce el materialismo, movidas por el instinto como criterio de las mayorías. Otras “abiertas”, movidas por el criterio de minorías inteligentes y por el impulso vital que les es propio. Las sociedades cerradas tienen también la moral cerrada, mientras que la moral abierta se muestra como creadora, ejemplo de lo cual son los místicos cristianos, que rompen con lo instintivo y rutinario y mueven al hombre para alcanzar la santidad al unirse con la trascendencia.

Dentro de esta corriente Jàcques Maritáin(1906-1973) sostiene que es la capacidad para trascender lo que convierte al individuo en persona. Tuvo gran influencia en el Concilio Vaticano II y era opuesto al confesionalismo del Estado. El “impulso democrático” era una consecuencia de la proyección de la doctrina evangélica sobre la sociedad, pues es la que proclama la libertad e igualdad de todos los hombres, unidos por el vínculo del amor fraterno. La democracia parlamentaria era así una culminación de las enseñanzas evangélicas referidas a la sociedad del siglo XX.

Con base en estas consideraciones entendía que cualquier programa político que no incluyera el “impulso democrático” debía considerarse incompatible con el cristianismo, y manteniendo la primacía del orden moral. Otra de sus tesis es que el Estado debe considerarse superior al individuo cuando se trata de alcanzar el bien común, siempre que se trate de un Estado democrático. Al Estado corresponde establecer la justicia en la sociedad, entendiendo por justicia el sentido tomista de “dar a cada uno lo suyo” y reconocer su propio derecho, algo que los individuos por sí solos no podrían conseguir.

También corresponde al Estado la justicia social, como reclamaba la Iglesia con insistencia, por una vía distinta del socialismo, es decir, a través de las sociedades intermedias como la familia o la empresa, huyendo de un exagerado estatismo.

Para Mounierla persona es capaz de realizar actos morales de acuerdo con un orden objetivo de valores que asume desde su libertad. El hombre es un ser espiritual cuya subsistencia es posible merced a la adhesión a una jerarquía de valores que admite libremente, y dentro de los cuales ejerce su vocación, también libremente

13. El socialismo, se acomodó al sistema parlamentario y gozó de amplia difusión en la Europa de tránsito al nuevo milenio. En sus diversas manifestaciones de fabianos, socialdemocracia, socialismo laico, etc., el socialismo europeo coincide en estos cuatro puntos:

-Estatalización en el ejercicio de los derechos del hombre. El Estado establece una ética que se guía por la voluntad mayoritaria, sustituyendo y suplantando con criterios de utilidad a los principios morales reconocidos y que forman parte de la naturaleza humana. El socialismo se define como la forma única en que se ejerce la voluntad.

-Modificación de las relaciones sexuales en aspectos esenciales a fin de privar a la familia del carácter de sociedad básica y fundamental, y sustituyendo al matrimonio por un contrato revisable, y abierto a la homosexualidad y al control artificial de los nacimientos-

-Laicismo radical. La Religión se reduce a una actividad tolerada y, en algunos casos,  respetada pero de carácter individual, y sin utilidad práctica en el orden social, despojándose a las Iglesias de toda influencia en este sentido. La educación debe ser confiada al Estado y a profesores que militen en ese laicismo.

-Identificación del bienestar individual con el consumismo, eliminando todo cuanto hasta ahora podría considerarse incorrecto como el adulterio, la promiscuidad, la homosexualidad, etc, que integraban el orden de los derechos humanos reconocidos.

La ciencia.

14. Se toma conciencia de que es capaz de proporcionar medios e instrumentos para el bienestar de hombre, pero también que  puede alcanzar situaciones que conducen a su destrucción (armas, guerras, etc.).

Pero el progreso tecnológico no ha servido para resolver los grandes problemas de la humanidad. Los grandes programas de investigación suelen estar enfocados a aumentar el poder del Estado que los financia.

Ha desaparecido el mito de la modernidad que reclama para la ciencia la condición de neutralidad, relegándola a supuestos planos objetivos e indiferentes. Durante siglos la cultura europea ha sostenido que la ciencia y el saber son bienes instrumentales, cuyo desarrollo debe ponerse al servicio del hombre, ejerciéndose desde una ética determinada. Los males que aquejan a la ciencia no proceden de la ciencia en sí que es aséptica, sino de la conducta humana, guiada por una ética que no pretende servir al hombre sino servirse de él.

El arte.

15. En el siglo XX, el arte, la literatura, la divulgación científica, tienden a doblegarse ante las exigencias de una civilización de masas. Se reclaman productos de amplio consumo para vender a bajo precio millones de ejemplares.

Las artes plásticas se caracterizan por la ruptura de las formas, que se hace extensiva a la literatura y a la música: cubismo, surrealismo, constructivismo, dodecafonía, expresionismo, versos blancos, son manifestaciones de esta característica. No se trata de romper las formas por mero placer, sino para crear otras nuevas que, sin embargo, no han sido alcanzadas.

El arte de la segunda mitad del siglo XX no parece capaz de plantear los problemas de la verdad y de la libertad, pues se trata de valores éticos y no estéticos.

El cine y la TV.

16. La imagen en movimiento es el más importante medio de comunicación de nuestro tiempo. El cine y la TV sustituyen la realidad por una representación de la misma, que se convierte en objeto externo al hombre y que, a su vez, es objeto de experimentación. En las producciones más recientes queda muy poca realidad.

Pero el cine y la TV tienen dos limitaciones: el espacio y el tiempo. Las cámaras solo recogen lo que cabe en el “encuadre”, mucho más reducido de lo que ve el ojo humano. Ese espacio encuadrado puede ser reducido, ampliado o sustituido a voluntad, encubriendo maquetas, superposiciones, efectos especiales, etc. Por su parte, el tiempo no es el cronológico, sino que su duración es aquella que la memoria puede registrar y almacenar.

Espacio, tiempo, sonido y color aseguran la universalidad, incluyendo la técnica del doblaje. Así, un orden de valores, modas, pensamientos y costumbres se transmiten por todo el globo mientras se manipula la realidad.

La cultura de la imagen tiene una penetración tan intensa que ha conseguido traspasar las defensas de la mente humana. Hace la guerra al libro o estimula su lectura; supera las consecuencias que supuso la invención de la imprenta; hace incontrolables sus dimensiones.

La técnica.

17. El poder de la técnica ha comenzado a dominar Europa y América, empezando por el destierro, en la educación, de los humanismos clásicos. Todo debe ser sometido a tres pilares básicos de la nueva preparación escolar: las matemáticas, las lenguas extranjeras y la informática. Por otra parte, su rechazo o rebeldía, se manifiesta, en lo que a la juventud se refiere, en la nueva música o en la fuga hacia la violencia, las drogas, el erotismo y la homosexualidad, que se legitiman como si fuesen una opción más del ser humano.

El grado de tecnificación alcanzado se manifiesta: 1), en la aceptación pragmática de la muerte de Dios; 2), en el ansia de no pocos gobiernos de liberarse de la  religión; 3), en la conversión del utilitarismo y el voluntarismo como normas morales (todo depende de lo útil que se sea y de la voluntad de las mayorías); 4), en la aceptación de acciones reputadas siempre como contrarias al orden moral; y 5), en que sin haberse llegado al nihilismo, sí se ha llegado a una desvertebración de la sociedad en el sentido orteguiano del concepto.

La técnica puede haber conducido a un revisionismo del marxismo, el positivismo y el existencialismo. En cuanto al primero, ya no se exige la dictadura del proletariado, ni la abolición de la propiedad privada. Ello ha acabado produciendo una diferencia abismal entre el socialismo de los años 20 y el de los años 80.

Según Lefebreue, el capitalismo ha conseguido alienar al hombre al someterlo a su dominio. La consecuencia sería que los hombres deben mantenerse en la pobreza para evitar ser alienados. Para M. Dilas las consecuencias de la implantación del marxismo fueron, entre otras, el nacimiento de una nueva clase social, la “nomenklatura”, que resultaba más opresora que las precedentes.

La única forma de escapar de la alienación es retornar a la intimidad subjetiva, tal como la reconoce el cristianismo. Así, Juan Pablo II con su palabra y su doctrina consiguió que los  polacos perdieran el miedo al Estado comunista y se identificaran con la fe de sus mayores.

La política económica.

18. Después de 1945 los partidos liberales desaparecieron o se hicieron minoritarios en Europa. En el mejor de los casos eran “bisagras” de conservadores o socialistas. Sin embargo, el pensamiento neoliberal fue el que formuló las propuestas más sensatas: defensa de la libertad jurídica por encima de la igualdad, pluralismo con respeto a las minorías, actuación reducida del Estado mediante leyes, defensa de la propiedad privada, promoción de la competitividad.

19. Von Misesllegó a la conclusión de que un sistema y Estado socialista son incapaces de conseguir el progreso económico. Hayeksostuvo que: los programas socialistas, en especial, la planificación económica, los impuestos progresivos, el intervencionismo público de la sociedad, conducen inevitablemente a un Estado totalitario que destruye la libertad real. Lo mismo ocurre con los sistemas democráticos que no reconocen otra norma o alternativa que la voluntad de la mayoría. Recomendaba poner la confianza en las leyes consolidadas y consensuadas, las reglas de juego que producen efectos a largo plazo.

20. B. de Jouvenel y R. Arónse mostraron pesimistas pues veían una amenaza para la persona la mentalidad revolucionaria y dictatorial que se había adueñado de los partidos democráticos después de la guerra: si tengo mayoría soy todo, si tengo minoría no soy nada. Ello se traducía en un rechazo a los principios éticos de autoridad y  el crecimiento sistemático del poder, para el que no parecía existir freno. Era imprescindible el restablecimiento de una norma moral objetiva situada por encima del poder, y a la que este debería someterse, para que no pereciera la libertad real. Las fuertes barreras existentes, como la autoridad moral custodiada por la Iglesia, en su pluralidad y en la defensa de los entes intermedios, había sido despojada de operatividad o destruida. El Estado invadía todos los ámbitos de la sociedad y reducía drásticamente el ejercicio de la libertad.

La sociedad de consumo.

La prosperidad alcanzada por los sistemas capitalistas ha incidido en el crecimiento práctico del hedonismo hasta introducir un modelo de sociedad de consumo. Se ha incrementado con exceso el consumo de energía de todas clases, penetrándose así destructivamente en los ecosistemas de que depende la salud y la vida de los hombres.

Otro aspecto de esta sociedad es la inmigración en diversos países europeos que no pretende ser asimilada, sino que permanece dentro de su religión y formas culturales, manteniendo los vínculos con los países de origen. De esta manera, el laicismo al tratar de marginar a las comunidades cristianas ha provocado la consolidación de fuertes comunidades musulmanas que tienen un ritmo creciente. En efecto, no se ha producido un acercamiento a las formas culturales de occidente, sino al contrario un cierre, apego a sus principios, que degenera en fundamentalismo, alguno de cuyos sectores interpretan el precepto de la guerra santa como un combate sangriento en el que el fiel alcanza su paraíso sacrificando su vida.

En el fenómeno denominado “revolución sexual”, se desvincula la relación sexual de sus condicionamientos jurídicos, morales, de linaje o incluso económicos. El placer se procura por cada individuo en forma ocasional o permanente, buscando a personas de distinto o del mismo sexo. La denominación de matrimonio a la unión de homosexuales está inscrita en los programas de los partidos de izquierda como signo de “progreso”.

El permisivismo educativo (no corregir, no castigar, no suspender), ha cambiado todos los valores hasta ahora reconocidos y trata de modificar la relación subordinada entre padres e hijos a fin de establecer una especie de enfrentamiento generacional, que permita, según dicen, desarrollar la personalidad e iniciativa de los más jóvenes.

El erotismo, la droga y la violencia se han extendido en grandes sectores de la sociedad. El terrorismo es la moderna forma de hacer la guerra y el tráfico de estupefacientes se constituye en la primera empresa por sus beneficios. El cine, que se ha convertido gracias a la TV en el huésped permanente de los hogares del mundo entero, dedica su mayor parte de atención a la violencia y al erotismo, que en ocasiones desemboca en pornografía.

El humanismo cristiano.

Como se dijo al principio, existe un patrimonio común en Europa, sin cuyo reconocimiento no puede entenderse la “europeidad”.

Durante siglos, Europa fue conocida como “Univérsitas Christiana”, y definida como la integración de cinco naciones, pero ha dejado de reconocerse así en nuestros tiempos.

La Iglesia Católica ha sufrido, también en los tiempos modernos persecuciones e, incluso, más graves de las que ha sufrido a lo largo de la historia. La influencia del laicismo y del socialismo se encuentra detrás de este fenómeno. Puede hablarse con seguridad de métodos discriminatorios y educativos orientados a desterrar la idea de Dios en las conciencias. Los medios de comunicación y las producciones literarias, teatrales y cinematográficas, no solo prescinden de los valores religiosos sino que se vuelven contra ellos con cualquier tipo de argumento.

Los Papas han mostrado su preocupación por la influencias del materialismo. A pesar de las censuras de Pío X al modernismo, este rebrotaba bajo el nuevo nombre de “progresismo”. Pío XII comprendió que en la nueva coyuntura europea era preciso ofrecer una formulación de la doctrina cristiana que permaneciera inseparable de la nueva europeidad. Y en la Encíclica “Humani Géneris” (1950) reconocía la profunda dignidad de la naturaleza humana, que había sido asumida por Cristo, defendiendo esa dignidad y recordando que solo la verdad puede hacer al hombre libre.

La convocatoria en 1962 del Concilio Vaticano II tenía como finalidad decirle al mundo que el cristianismo tenía respuestas a los problemas que agobiaban a la humanidad y que las ofrecía sin condición alguna. La misión de la Iglesia es servir al hombre, sin distinción alguna, ayudándole a alcanzar su plenitud y en ella su salvación. Se confirma así la conciencia de la plena dignidad que Dios ha revelado para la naturaleza humana al asumirla. Dos de las constituciones aprobadas, la Gaudium et spes” y “Lumen gentium” contiene una importante visión a cerca de la persona humana.

El cristiano sabe que el suceder histórico es el espacio donde se mueve la libertad que el Creador ha instalado en la naturaleza humana. La otra dimensión es la trascendencia. Precisamente en el patrimonio cultural europeo, esencialmente cristiano, se encuentran los elementos suficientes para formular un nuevo humanismo hacia el futuro.

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios está dotado de tres potencias: entendimiento, memoria y voluntad.

Por el entendimiento, el hombre no solo conoce, ni principalmente, por la razón, puesto que el sentimiento actúa en él de forma decisiva, asimilando aquello a lo que se adhiere, de modo que la observación y la experimentación son solo el paso previo a la convicción, es decir, al acto de fe.

Por la memoria, el hombre no solo acumula recuerdos, sino que los ordena para formar un proyecto de vida y de acción, que no se colma más por la esperanza, tensión hacia el futuro.

Por último, por la voluntad, el hombre se convierte en mandato de amor: la raíz de la palabra “volo” significa, precisamente, querer.