Humanismo y humanistas

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SOBRE LA LIBERTAD COMO TAREA DE GOBIERNO

El 26 de septiembre de 2009, el Papa Benedicto XVI pronunció un discurso ante las autoridades civiles y el cuerpo diplomático en la República Checa con motivo de la visita a este país.

En ese discurso se hizo referencia a que hacía veinte años se había producido la “Revolución de terciopelo” restableciéndose la democracia en el país. La euforia que dicha revolución produjo se manifestó en términos de libertad. Y veinte años después se sigue planteando, especialmente entre los jóvenes, sobre la naturaleza de la libertad conquistada, sobre cuáles son sus rasgos distintivos, o sobre para qué objetivos se vive en libertad.

Dijo al Papa que cada generación tiene la tarea de comprometerse en la búsqueda de como ordenar rectamente las realidades humanas, esforzándose para ello en el recto uso de la libertad. Existe un deber fundamental que es el de reforzar las “estructuras de libertad”, pero nunca resulta suficiente, porque las aspiraciones humanas se elevan más allá de las personas mismas y más allá de lo que cualquier autoridad política o económica puede ofrecer. Esas aspiraciones se elevan hacia una esperanza luminosa que tiene su origen más allá de nosotros mismos y, sin embargo, se manifiesta en nuestro interior como verdad, belleza y bondad.

La libertad busca un objetivo, pero exige una convicción. La verdadera libertad presupone la búsqueda de la verdad, del bien, y encuentra su realización en conocer y hacer lo que es recto y justo. Podría decirse que la verdad es la guía para la libertad, y la bondad es su perfección.

Aristóteles en su Ética a Nicomaco definió el bien como “aquello a lo que tienden todas las cosas” y llegó a sugerir que “aunque sea digno conseguir el fin, incluso solo para un hombre, sin embargo es más bello y más divino conseguirlo para una nación”. Por eso, la alta responsabilidad de mantener despierta la sensibilidad ante la verdad  y el bien recae sobre cualquiera que desempeñe el papel de guía en el campo religioso, político o cultural. La lucha por la libertad y la búsqueda de la verdad o van juntas, mano a mano, o juntas perecen miserablemente.

Para los cristianos la verdad tiene un nombre que es Dios, y el bien tiene un rostro que es Jesucristo.