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La Fundación

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La Fundación tendrá como objetivo la promoción de toda clase de estudios y actividades, sin determinación expresa de beneficiarios, dedicados a la investigación, desarrollo, divulgación y proyección social de una corriente de opinión inspirada en los ideales y doctrinas que conformen el humanismo cristiano; y, secundariamente, la concesión de becas, auxilios, bolsas de viaje, o cualquier otro tipo de ayuda para la realización de los estudios con la indicada finalidad, o para la satisfacción de necesidades intelectuales relacionadas con aquella; y, en general, todas aquellas actividades que de manera directa o indirecta se relacionen con los expresados fines.

Sus actividades se desarrollarán en todo el territorio nacional y podrán tener lugar también en el extranjero.

 

LA FUNDACIÓN TOMÁS MORO: UN PROYECTO COMPARTIDO.

Texto de Claro José Fernández-Carnicero en el XX Aniversario de la Fundación, expuesto en el Monasterio de Santo Domingo de Silos el 20 de mayo de 2001.

Queridos amigos,

1. Recuerdo de Cruz Martínez Esteruelas

El 17 de septiembre del año pasado falleció Cruz Martínez Esteruelas, nuestro fundador, además de ser una persona singular y extraordinaria por su permanente magisterio, sobre todo su magisterio de amistad y de cercanía a sus amigos. Por eso hoy, de nuevo en Silos, ante quienes sentís y compartís el proyecto de la Fundación Tomás Moro que él concibió y alentó en estos veinte años, yo quiero invocar no sólo el nombre de Cruz sino, sobre todo, su voz y su sueño, su ambición intelectual, su capacidad de utopía, en el sentido más noble y creativo de este término. Con la seguridad siempre de que mis palabras no serán más que un pálido reflejo de las que él hubiera pronunciado de estar hoy con nosotros; pero procuraré aplicarme, como antiguo alumno suyo en una inolvidable academia de oposiciones, entre los años setenta y setenta y dos, un tiempo de plenitud en el que recibí de él las mejores lecciones de lo que significa el rigor intelectual y la generosidad personal.

2. Nueva Presidencia de la Fundación

El 20 de octubre, un mes después, el Patronato de la Fundación, excediéndose también en su generosidad, me encomendó su presidencia. Dije entonces, y hoy lo reitero, que asumía la responsabilidad con el entusiasmo de que soy capaz y con la disposición permanente a someterme al juicio del Patronato para dar paso a quien, en cualquier momento, se juzgue más adecuado o conveniente en esta tarea. Una tarea que yo asumo gustosamente al servicio de un proyecto compartido, que obviamente no es mi proyecto personal sino el que como voluntad fundacional se recogió en la escritura de constitución de la Fundación, el 13 de mayo de 1981, día de la Virgen de Fátima y del atentado del Papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Por eso mi esfuerzo sólo tiene sentido en la medida en que sea efectivamente compartido.

3. Razón de ser de la Fundación

La Fundación Tomás Moro, que integró y sigue integrando, como escribió su fundador, a un “grupo variopinto de personas“, se propuso y se sigue proponiendo “servir de instancia de reflexión para un pensamiento humanista de contenido social e inspiración cristiana, que afirme frente a todo materialismo e individualismo, su preocupación por el destino personal y colectivo del hombre; que proclame ante todo proceso de masificación, la prioridad de la persona y la salvaguarda de su dignidad y libertad; que exprese, en fin, su confianza en el poder transformador del hombre a la altura de sus nuevas responsabilidades”.

No hay intérprete más auténtico de ese texto que el propio Cruz Martínez Enteruelas cuando escribe en febrero de 1998, en una brillante síntesis del espíritu moreano, que “si queremos librar las batallas precisas para una verdadera “defensio fidei”, veremos cómo los caminos siguen siendo los mismos, rigor intelectual, competencia profesional, fe que mueve montañas y, en fin, salvaguarda no sólo de los principios sino también de las instituciones“, como son la familia y la Iglesia.

4. Tomás Moro, patrón de gobernantes y políticos

Esa interpretación de la razón de ser de nuestra Fundación se ha visto confirmada en la especial bendición que S.S. el Papa, el 9 de noviembre del año pasado, nos envió, tras la proclamación de santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y de los Políticos.

En esa bendición el Papa nos alienta a inspirar nuestra acción en las enseñanzas de este gran santo y nos anima a promover los valores del humanismo cristiano en la realidad social y la concepción de la política como servicio público, desempeñado desde la honradez, la competencia y la propia responsabilidad. Al mismo tiempo, nos exhorta a defender siempre en la vida pública la primacía de la verdad, los derechos de la persona en todas las etapas de su vida y los valores espirituales y morales.

Como veis el Papa, al que estamos unidos desde nuestro origen, nos pone el listón muy alto. Una vez más, descubrimos con Moro el valor de la utopía como impulso, como ambición de bien y como sentido de nuestra vida. Un sentido que queremos compartir, entre nosotros y con todos los que quieran sumarse a este proyecto o a esta aventura, que es una aventura abierta a los hombres y mujeres que se reconocen en una identidad cultural española, en toda su pluralidad, tanto española como hispanoamericana; dentro siempre de nuestro inmediato horizonte europeo, el que compartieron Tomás Moro, Erasmo de Rotterdam o Luis Vives, y sin dejar nunca de ser universales, porque en ese espíritu abierto ha germinado siempre el auténtico humanismo.

5. El humanismo, historia y vigencia

Adelantándome al coloquio, estoy seguro de que muchos de vosotros os preguntáis por lo que cabe entender hoy por humanismo.

Trataré de anticiparos, con un breve comentario, una posible respuesta.

Ya en la Roma clásica, en la literatura latina se habla de estudios de humanismo(studia humanitatis) para referirse a una educación de tipo literario y filosófico que buscaba la formación completa del hombre, de la persona. Formación completa, no mutilada ni parcial de la persona, ese es el espíritu y la savia del humanismo.

En los siglos XIV y XV se asoció el humanismo al estudio de los antiguos autores clásicos, con una especial referencia escolástica al estudio del griego y del latín, y a través de ellos al conocimiento de los grandes mitos y monumentos literarios, filosóficos y artísticos de la civilización clásica. Con ese alcance, ya en el siglo XV, se aproximaron las voces “Humanismo” y “Renacimiento”.

Al comienzo del siglo XIX, el pedagogo alemán Nietharnmer usó el término Humanismus para destacar la importancia de los estudios clásicos en contraposición a los científicos en la enseñanza secundaria. Una separación que, a mi juicio, ha marcado negativamente este nivel educativo y que hoy puede considerarse cu1tura1mente superada.

Ya en el pasado siglo, que es como nos tenemos que acostumbrar a referimos al siglo XX, se habla de humanismo con un alcance muy genérico para referirse a una doctrina, ideología o pensamiento que trata de exaltar el valor o la dignidad del hombre y de contribuir a desarrollar las que se consideran sus dotes naturales. A pesar de la unidad del concepto, la diversidad de fuentes de pensamiento hace que se hable junto a un humanismo cristiano de un humanismo existencialista e incluso, en una cínica paradoja, de un humanismo marxista.

¿Que tienen de común esos tres humanismos? En mi opinión, poco más que el nombre. Existencialismo y marxismo, sin negar el interés de conocer estas corrientes de pensamiento, abordan la dimensión del hombre desde esquemas filosóficos circunstanciales, es decir, circunscritos al contexto histórico de los siglos XIX y XX.

6. El humanismo cristiano

Sinceramente creo que sólo el humanismo cristiano es un auténtico humanismo, porque se abre desde los postulados cristianos al pensamiento clásico, es decir, a los valores de la individualidad personal, no al individualismo, y de la dignidad del hombre, como ya hizo Pico della Mirandola en la Florencia del siglo XV en su ensayo “De dignitate hominis”, uno de los documentos más significativos del pensamiento humanista.

El Cristianismo asume ese valor de la persona; por eso San Pablo, en su conocida 1 Carta a los Corintios, nos invita a “ambicionar los carismas mejores“, que es la expresión más clara de una vocación de exigencia y excelencia, de ambición intelectual y moral que da sentido al pensamiento y, sobre todo, a la vida de hombres como Tomás Moro.

Pero además, el Cristianismo nos arraiga en nuestro contexto cultural colectivo más inmediato, que es el del Humanismo europeo. Valga sólo la mención del reciente discurso de Juan Pablo II en Atenas, ante el Presidente de la República griega, el pasado día 4 de este mes, en el que reconoce la deuda de los padres de la Iglesia con la filosofía de Platón y de Aristóteles. El Papa recordó en ese acto que en la fachada del Templo de Delfos estaba escrita la frase “Conócete a ti mismo”. Con ese espíritu invitó “a Europa a conocerse a sí misma más a fondo, explorando las raíces del Humanismo, que se hunden en las raíces del Helenismo clásico y del Cristianismo“. Una invitación que ya había hecho al peregrinar a Santiago de Compostela, en 1982, en donde se dirigió a Europa con aquella memorable frase: “Sé tú misma“.

Con ese celo cultural y espiritual, y el aliento que nos da la vida y la obra de los grandes clásicos y de los grandes humanistas, creo que proyectos como éste, que dio vida hace veinte años a la Fundación Tomás Moro, merecen la pena.

Porque los clásicos y los humanistas, que son también clásicos, constituyen, como la verdad, una referencia permanente, un testimonio que nos ayuda a relativizar el tiempo: siguen siendo nuestros contemporáneos. Por eso su cultivo no es un ejercicio de erudición ociosa. Cruz Martínez Esteruelas decía, en su lenguaje de jurista, refiriéndose a Moro, que “los 450 años que median entre su martirio y nuestro tiempo no son un término prescriptivo, sino que, por el contrario, son una edad para cargarse de razón“.

Necesitamos compartir esa razón, porque esa es nuestra razón de ser. Pero como la razón no es suficiente en las empresas humanas, necesitamos también compartir un cierto grado de pasión; y para compartir una pasión hay que compartir proyectos y valores, ilusiones que la muevan. La pasión no es posible si los corazones no laten al unísono. Pasión por educar, por educarnos, en un aprendizaje diario, por contribuir a mejorar la conciencia y la conducta de nuestros conciudadanos y la nuestra.

7. Tres ámbitos del humanismo

Por eso, desde la Fundación Tomás Moro, continuando los seminarios y cursos ya impartidos, debemos contribuir a la recuperación de los estudios de Humanidades en España, creando inquietud intelectual sobre todo en tres grandes campos:

-La GEOGRAFIA, para conocer mejor el espacio, cultivando las Ciencias Físicas, en una concepción amplia e integrada del humanismo, a la que trata de servir nuestra recién creada Aula de la Naturaleza.

-La HISTORIA, para conocer mejor el tiempo, como nos recuerda el lema que acompaña a nuestra calandria: “Memorandum mihi unde veniam ut sciam quo vadam’: importante, hablando de valores, es tener el valor de correr el riesgo, una vez más, de asumir explícitamente aquello en que creemos y que queremos creer; porque esta es la sustancia de un verdadero liderazgo cultural concebido y ejercido con un auténtico espíritu cristiano, es decir, como un servicio al otro y no como exhibición autocomplaciente de autistas desdeñosos, exquisitos y, al fin y al cabo, egoístas, instalados en su particular torre de marfil.

-La FILOSOFÍA Y LAS CIENCIAS SOCIALES, para consolidar nuestros valores humanos y ser útiles a los demás.

8. El espíritu de servicio

Esa dimensión o “investidura cultural”, en expresión querida de Cruz, debe fecundarse por un espíritu de servicio que se nutre, a mi juicio, de un triple orden de fidelidades:

1ª Una fe católica, vivida y compartida en la generosidad y ayuda mutua, con especial atención al conocimiento y difusión de la doctrina social de la Iglesia.

2a Una fe en la persona, en el ser humano de carne y hueso, con sus debilidades y sus ideales.

3a Una fe en España, como realidad avalada por la Historia y como proyecto sugestivo de vida en común, en expresión feliz de Ortega. Un proyecto en el que cabe holgadamente nuestra pluralidad real, como he dicho antes, frente a quienes, desde nacionalismos estrechos y excluyentes, pretenden destruirla. Un proyecto de mutuo reconocimiento, que no debe condicionarse por intereses partidistas o por prejuicios ideológicos.

Creo que, en este momento, a la hora de reafirmar, los valores que han definido siempre a esta Fundación. Lo más importante, hablando de valores, es tener el valor de correr el riesgo, una vez más, de asumir explícitamente aquello en que creemos y que queremos creer; porque esta es la sustancia de un verdadero liderazgo cultural concebido y ejercido con un auténtico espíritu cristiano, es decir, como un servicio al otro y no como exhibición autocomplaciente de autistas desdeñosos, exquisitos y, al fin y al cabo, egoístas, instalados en su particular torre de marfil.

9. Los medios y las personas

Una vez reafirmados los ideales y los objetivos culturales, tenemos que pensar en los medios, para que las ilusiones no acaben siendo sólo buenas intenciones, que, como sabéis, sólo sirven para empedrar lugares poco recomendables.

Hablar de medios es siempre socialmente poco elegante, pero, por encima de la elegancia social, creo que lo que debe importamos es la elegancia moral derivada de un ineludible ejercicio de responsabilidad.

La Fundación Tomás Moro necesita, sobre todo, personas que comprometan su tiempo para colaborar en el desarrollo de nuestro programa, que no es el programa de su Presidente, ni siquiera el del Patronato, sino que es el programa de todos, porque está y estará siempre abierto a todas las iniciativas que sean coherentes con el espíritu de la Fundación.

Necesitamos, por ello, crear entre todos una RED interna que nos mantenga en permanente contacto personal, que cree sinergias entre nosotros, para que entre todos vayamos resolviendo problemas y compartiendo realidades.

Necesitamos, también, insertarnos en una RED externa, en la que colaboremos con fundaciones afimes; son las “afinidades electivas” de que hablaba Goethe. Un primer paso ha sido nuestra incorporación al Centro de Fundaciones. Pero hay que buscar, con la ayuda de todos, conexiones y, en su caso, alianzas que nos garanticen una presencia eficaz en la sociedad civil y en la opinión pública; sin que ello suponga nunca perder nuestra independencia o nos convierta en clientes o pupilos de nadie.

La razón que me lleva a proponer un trabajo en red es mi convicción de que la Fundación Tomás Moro no puede “servir de instancia de reflexión” si su clima interno llega a ser, por inercia endogámica, el de una tertulia amable de viejos amigos, que tenga más de compromiso renuente que de encuentro apetecido y abierto a nuevos miembros, que aporten iniciativas y ayuden a desarrollarlas.

10. Un proyecto compartido

Queridos amigos, si creemos, como yo creo, que ha merecido la pena lo que hasta hoy hemos hecho, y Fernando Diez Moreno ha dado cumplida cuenta de ello, tenemos que comprometemos con la memoria de Cruz y con los ideales que compartimos, para seguir haciéndolo.

A esa expresión de voluntad nos convoca este encuentro de Silos que, por su trascendencia para nuestro futuro, creo que os dais cuenta de que no es un encuentro más.

Por respeto al proyecto que Cruz puso en nuestras manos, os pido que no perdamos el tiempo. Que la entrega generosa neutralice todo protagonismo estéril. Que la transparencia de la palabra sincera evite toda murmuración insatisfecha que, además de ser un signo de mezquindad, suele ser estéril.

La confianza entre todos nosotros es el activo invisible de mayor valor. Por eso necesitamos fortalecer nuestras relaciones personales, conocemos mejor, con nuestras capacidades y nuestras limitaciones.

Sin ese espíritu de fraternidad no hay civilización, como escribió André Malraux, ni tampoco cabe hablar de humanismo.

Y la fraternidad no es posible sin humildad. La soberbia intelectual no tiene sitio en un espacio cristiano de convivencia. Porque el cristiano sólo es luz y es sal cuando, como San Francisco de Asís, se siente pobre criatura de Dios.

Por eso, aplicando la metáfora orteguiana del espectador, que trata libremente de ver y descubrir lo que sus ojos miran, voy a terminar describiéndoos una imagen que me viene a la memoria y que me parece el mejor símbolo de lo que el humanismo cristiano es y significa. Es una pintura conocida del siglo XV, hoy una de las grandes obras maestra de la Alte Pinakothek de Munich. Se trata del tríptico de Santa Coloma de Rogier Van der Weyden. A la izquierda la Anunciación, en el centro la adoración de los magos y a la derecha la presentación en el Templo. Es decir, la humildad ante el misterio y el poder fecundante de la palabra, del Verbo divino, origen de todo lo creado. La humildad de los poderosos y los sabios ante un niño desnudo. Y la humildad del anciano Simeón al recibir a Dios encarnado. Una humildad que yo me atrevo a identificar como estilo natural y propio del humanista cristiano y que nos debería llevar, en lo que pensamos, decimos y hacemos, a superar el énfasis de la vanidad con la naturalidad de la sencillez.

También, en este momento, ese ideal de humildad, sentida y nunca fingida o alardeada, me lleva a agradecer de nuevo al Patronato el nombramiento que me ha permitido pronunciar hoy aquí estas palabras. Gracias a todos vosotros por la ayuda que habéis prestado a la Fundación y que estoy seguro vais a seguir prestando, no sólo con vuestro apoyo material sino, sobre todo, con vuestras ideas y vuestra crítica leal a lo que consideréis que no hacemos bien o que podemos mejorar. Gracias por vuestra presencia. Una presencia que, si os fijáis en el relieve del claustro del Monasterio que figura en la convocatoria, es, a diferencia de lo que hizo Santo Tomás, un acto de fe sin haber visto todavía los frutos de esta nueva etapa y, por ello, un acto más de amistad y de confianza en lo que ha sido, es y debe seguir siendo la obra más personal de Cruz Martínez Esteruelas y siendo suya es hoy de todos nosotros.

Muchas gracias.

 

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