Humanismo y dimensión moral del trabajo (1)

Humanismo y dimensión moral del trabajo (1).

Quiero completar mi artículo anterior con este en la que te expongo la dimensión moral del trabajo, apenas esbozada en aquel. Para ello, el humanismo cristiano acude a la doctrina social de la Iglesia como la fuente más segura. El punto de partida, como hemos visto, es que el trabajo no tiene el sentido negativo de una maldición bíblica (“ganarás el pan con el sudor de tu frente”), sino un significado positivo de participación en la obra de la Creación (“dominad la tierra”) y en la obra de la Redención.

El documento básico del humanismo cristiano, la Constitución “Gaudium et Spes”  del Concilio Vaticano II, declara que “una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerado en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo así la Tierra y cuanto en ella se contiene y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo”.

Pues bien, en la Encíclica social por excelencia, la  “Laborem Excersens”, se recoge este pasaje y se profundiza sobre la dimensión moral del trabajo, al considerar, primero, que la obra de la creación, según se revela en las Sagradas Escrituras “es un trabajo realizado por Dios durante los seis días, para descansar el séptimo”; y, segundo, al reiterar que “en la palabra de la divina Revelación está inscrita muy profundamente esta verdad fundamental, que el hombre, creado a imagen de Dios, mediante su trabajo participa en la obra del Creador, y según la medida de sus propias posibilidades, en cierto sentido, continúa desarrollándola y la completa, avanzando cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado”.

La descripción de la Creación que contiene el libro del Génesis es calificada por el Papa S. Juan Pablo II, autor de la Encíclica, como “el primer evangelio del trabajo”, y de ahí su dimensión moral, porque “demuestra, en efecto, en qué consiste su dignidad: enseña que el hombre, trabajando, debe imitar a Dios, su Creador, porque lleva consigo -él sólo- el elemento singular de la semejanza con Él. El hombre tiene que imitar a Dios tanto trabajando como descansando, dado que Dios mismo ha querido presentarle la propia obra creadora bajo la forma del trabajo y del reposo”.

En nuestro artículo próximo seguiremos comentando la dimensión moral del trabajo.

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