Crónica de las Jornadas celebradas en el Monasterio de Silos por la Fundación Tomás Moro, como homenaje a Cruz Martínez Esteruelas, los días 29 a 31 de mayo de 2026

  1. Introducción.

Los días 29 a 31 de mayo de 2026, el Patronato de la Fundación Tomas Moro celebró unas Jornadas en el Monasterio de Silos para homenajear a Cruz Martínez Esteruelas, su fundador y primer Presidente. Asistieron los miembros del Patronato y algunos invitados.

El Monasterio de Silos tiene especial importancia en la vida de Cruz, como se verá, además de haber escrito uno de sus libros “Silos, la fuente escondida”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vista de la Hospedería del Monasterio con la centenaria Sequoia.

En un documento del año 954, que se conserva en el archivo monástico, aparece nombrado por primera vez el Monasterio de San Sebastián de Silos.

Debido a los estragos de Almanzor, el monasterio cae en gran decadencia. Hasta que en el año 1041, enviado por el rey Fernando I de Castilla, llegará el monje riojano Domingo Manso. Es nombrado Abad y con su ímpetu restaurador y su santidad, levanta el monasterio silense. Muere el 20 de diciembre de 1073. Es canonizado en 1076 y, por la fama de sus milagros, su tumba se convierte en lugar de peregrinación.

La Baja Edad Media coincide con una etapa menos brillante de la abadía castellana. Pero, en 1512, el monasterio se adhiere a la Congregación Benedictina de Valladolid y se va formando el monasterio moderno junto al medieval: muralla, ala sur para las celdas de los monjes, capilla de Santo Domingo, iglesia neoclásico-barroca.

En noviembre de 1835, obedeciendo el decreto de exclaustración del gobierno de Mendizábal, la comunidad se dispersa y se interrumpe la vida monástica benedictina de Silos durante cuarenta y cinco años.

El 18 de diciembre de 1880, un grupo de monjes benedictinos de la abadía francesa de San Martín de Ligugé, ante la imposibilidad de seguir en su monasterio por las leyes francesas, abandonan su abadía y llegan a Silos. Dirigidos por Dom Ildefonso Guépin, monje de Solesmes, restauran la vida monástica en el monasterio castellano y lo salvan de una ruina total.

Desde entonces hasta hoy, la Comunidad de Silos ha tenido y tiene una gran vitalidad: con su testimonio, con sus celebraciones litúrgicas, con sus aportaciones a la cultura, y con su irradiación, fundando varias casas nuevas en España, como Sta. María Estíbaliz (Álava), Ntra. Sra. de Montserrat de Madrid, San Salvador Leyre (Navarra), la Abadía de Santa Cruz del Valle de los Caídos (Madrid); y en Hispanoamérica: México y Argentina.

Por lo que se refiere a su aspecto exterior, en sus edificios monasteriales, Silos se compone de dos monasterios yuxtapuestos, en torno a dos claustros: el medieval y el moderno o clásico-barroco; con la iglesia al Norte, y la gran ala Sur, o zona habitacional, con las celdas de los monjes. Esta parte sufrió un pavoroso incendio en 1970, y se redujo a cenizas. Durante los años 1971-1972 se acometió la restauración de la zona devastada por el fuego, dejando el monasterio prácticamente como se puede ver en la actualidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Claustro del Monasterio

 

  1. Vísperas.

Según el Programa previsto, el día 29 de mayo, los asistentes habían quedado en asistir a la oración de Vísperas, que es el oficio divino vespertino en la Liturgia de las Horas de la Iglesia. Etimológicamente procede del latín vesper, que significa «tarde«. Las oraciones de las Vísperas corresponden a las alabanzas vespertinas que se realizan a las siete de la tarde.

Históricamente las Vísperas se instituyeron para venerar la memoria de la sepultura de Jesucristo o su descenso de la cruz y a esto se refiere la glosa véspera deponit.

El autor de las “Constituciones apostólicas” (libro VIII, cap. XXV) hablando del salmo 141 lo llama, en griego, salmo que se recitaba a la luz de las lámparas, porque se cantaba las Vísperas. Hace también mención de muchas otras oraciones, acciones de gracias, etc. que el Obispo decía entonces o ante el pueblo reunido o con los fieles.

La oración de la tarde ha conservado algunos fragmentos de San Benito, en el cap. XXI de su libro Spiritu Sancto. Hay alguna probabilidad para creer que se cantaban además en aquella hora otros salmos. Casiano dice que los monjes de Egipto recitaban doce salmos y que entre ellos añadían dos lecciones, una del Antiguo y otra del Nuevo Testamento, que alternaban los salmos con oraciones y que concluían el último con la doxología.

La estructura general de la liturgia de vísperas del rito romano católico es la siguiente:

Las Vísperas comienzan con el canto del responsorio inicial, que consiste en el versículo Deus, “in adiutorium meum intende”, seguido del Gloria Patri y el Aleluya. A continuación, se canta el himno designado. Después se canta la salmodia designada: en la liturgia de uso general desde 1970 hay dos salmos y un cántico del Nuevo Testamento. Cada salmo (y cántico) concluye con una doxología ( Gloria Patri ) y va precedido y seguido de una antífona . Además, la mayoría de los salmos también tienen una breve explicación de cómo el salmo/cántico se relaciona con la Iglesia de manera cristológica o espiritual; por último. Después de los salmos, se lee un pasaje de la Biblia.

Tras la lectura, hay un breve responsorio que consta de un versículo, una respuesta, solo la primera mitad del Gloria Patri y, a continuación, el versículo de nuevo. A continuación se reza el Magníficat , el cántico de la Santísima Virgen María de Lucas,  el cántico diario principal de las Vísperas. Al igual que la salmodia, el Magníficat siempre va precedido de una antífona y seguido del Gloria y la antífona repetida. Se dicen las preces (oraciones de intercesión), seguidas del Padrenuestro , y luego la colecta (oratio) y la bendición.

  1. Conferencia de Fernando Díez Moreno.

Después de cenar y en la sala de reuniones de la planta primera de la Hospedería, el Presidente de la Fundación, José Pardo de Santayana, dio la bienvenida a los asistentes y expuso el contenido del programa de la Jornadas.

La primera conferencia corrió a cargo de Fernando Diez Moreno sobre la “Biografía de Cruz Martínez Esteruelas”.

Comenzó recordando su nacimiento en Hospitalet de Llobregat en 1932 y que su padre, en su infancia, había estado cuidando ovejas. Su hijo fue Ministro de Educación, ¡estos son los contrastes que tiene España! Estudió en el Instituto de Barcelona y guardó gran recuerdo de sus profesores, a los que recordaba con frecuencia. Se licenció de Derecho en la Universidad de Deusto. Preparó oposiciones al Cuerpo de Abogados del Estado, primero, y a Letrado de las Cortes, después.

En 1962, a los 30 años, fue designado Director General del Patrimonio del Estado. Como tal, consiguió que las Cortes aprobaran la Ley de Patrimonio del Estado y la Ley de Contratos Administrativos, que han perdurado hasta fechas recientes, a pesar de la volatilidad del Derecho Administrativo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Pardo de Santayana                                  Fernando Díez Moreno

 

Su actividad pública no impidió su actividad de preparación de opositores a ingreso en el Cuerpo de Abogados del Estado.

Fue nombrado Jefe de la Asesoría Jurídica de la Secretario General del Movimiento y, después, Delegado Nacional de Asociaciones.

En 1970 es designado Consejero-Gerente de la Fundación “March”, y durante su etapa se abordó la construcción del actual edificio y se estableció un nuevo sistema de adjudicación de becas por programas.

En 1973 es nombrado Ministro de Planificación del Desarrollo y al año siguiente Ministro de Educación y Ciencia. En este cargo consiguió que hubiera igual número de plazas escolares que niños en edad escolar.

Al morir Franco y permitirse los Partidos Políticos, presidió la Unión del Pueblo Español, transformada después en Alianza Popular, dentro de la coalición que llamó de los “7 magníficos”.

Participó en la elaboración de la Ley para la Reforma Política, presentando enmiendas en nombre de Alianza Popular, que han sido proféticas, pues propugnaba un sistema mayoritario en la Ley Electoral que habría evitado la situación actual de minúsculos partidos que, al coaligarse con otros, imponen su voluntad al margen de los electores.

En las elecciones generales de 1977 y 1979 se presentó por las circunscripciones de Teruel y Valencia, respectivamente, no logrando escaño.

En 1980 decidió dar un giro a su vida y se retiró de la política para dedicarse a su despacho de Abogado, a las clases de Derecho Civil en el CEU, reingresando, primero en el Cuerpo de Abogados del Estado, siendo destinado al Tribunal Supremo, y después al de Letrado de Cortes.

Pero la gran parte de su dedicación fue la Fundación Tomás Moro, constituida el 13 de mayo de 1981 ante Notario, y a la que dedicó su capacidad de organización y de creación de pensamiento. Fueron múltiples las actividades desarrolladas: creación del archivo sobre humanismo, ciclos de conferencias, aulas de cultura, de humanidades, de música, jornadas de convivencia fuera de Madrid, residencia para universitarios y la página web de la Fundación.

Al mismo tiempo se elaboraron las Colecciones de la Fundación: Nueva Utopía, La Calandria y el Anuario de Estudios Humanísticos. Se elaboró el Diccionario Jurídico, editado por Espasa-Calpe, en el que colaboraron 109 profesionales del Derecho y contenía 2.500 voces.

Sus “Obras Completas” recogen 16 libros y 60 ensayos y fue presentada en la Fundación March. Sus “Discurso Parlamentarios”, editada por el Congreso de los Diputados fue presentado en la Sala Noble del Senado.

  1. Conferencia de Vicente López-Ibor

El día 30 de mayo, alguno de los asistentes asistió a las 6 de la mañana a la Oración de Vigilias y Laudes. Después del desayuno se tuvo la Misa a las 9, que dejó impresionados a quienes no lo conocía por su solemnidad y belleza del canto gregoriano.

A continuación, Vicente López-Ibor dio la segunda conferencia sobre Santo Tomás Moro, al que presentó José Pardo de Santayana, señalando que Vicente es Doctor en Derecho y Graduado por Harvard Business School y por el Iese y Patrono de FTM.

El conferenciante ofreció una semblanza sobre Tomas Moro, su vida, contexto familiar, su formación académica, su familia y la preocupación de Moro por la educación de sus hijos en la excelencia cultural, sin distinción de sexos, promoviendo y facilitando el mejor acceso a la cultura y educación de su ámbito familiar, del que fue modelo extraordinario su primogénita Margaret.

Su vocación jurídica tuvo raíces familiares, y destaca su brillante labor en el ejercicio del Derecho, como abogado y como juez. Pasó luego a examinar su vocación publica, el muy relevante servicio prestado a Inglaterra y la Corona, en el servicio exterior del país, actuando en misiones diplomáticas de gran significación.

Fue miembro del Parlamento (House of Commons), primero en la etapa de Gobierno de Enrique VII, e inmediatamente después en la de su hijo Enrique VIII, periodo en el que alcanzó la condición de Speaker (Presidente) de la Cámara Baja. En esta misma dimensión publica, Sir Thomas More fue ulteriormente designado Lord Canciller (el equivalente a primer ministro, de Su Majestad).

La figura de Tomas Moro también fue recordada en su faceta como intelectual, hombre de pensamiento y escritor, recordando algunas de sus obras principales, donde despliega los fundamentos de su pensamiento humanista cristiano, la mayor parte de las veces desde el ángulo filosófico o teológico; y, en otras desde el ensayo, la divulgación literaria o lirica o la ficción, como es el caso de su obra más célebre y conocida, que tuvo enorme repercusión editorial, su Utopía.

La vida de prestigio intelectual y respeto y reconocimiento público que merecía la figura de Tomas Moro en la primera parte del siglo XVI de Inglaterra da un vuelco al oponerse por razones de conciencia al divorcio del Rey con Catalina de Aragon y su casamiento con Ana Bolena, que supuso la separación de Inglaterra de la Iglesia de Roma y, como consecuencia de esta escisión la autodesignación de Enrique VIII, con la sumisión de los poderes del Estado, como cabeza de la Iglesia de Inglaterra y la creación de la corriente anglicana, dentro del cristianismo. Este periodo abre la etapa del Moro, perseguido sin piedad por el poder hasta su condena a muerte por decapitación.

En el contexto de la charla, Vicente abrió el examen de este periodo de la vida de Tomas Moro y de la Inglaterra de Enrique VIII, a otras consideraciones sobre el proceso a Moro (como en su día fue a T. Becket) su entereza humana, integridad moral, fidelidad a la Iglesia, sus principios de fe y doctrina.

El ejemplo de su muerte y posterior legado universal de su figura y obra hasta su beatificación, canonización y designación por Juan Pablo II como Patrono de los Hombres Públicos. Vida y obra luminosas e imperecederas, de un hombre como diría su gran amigo Erasmo de Rotterdam, “para todas las estaciones”.

5. Conferencia de Íñigo López de Uralde


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Íñigo López de Uralde

La tercera conferencia del día corrió a cargo de Íñigo López de Uralde, Vicepresidente de la Fundación al que presentó Juan Golmayo, con el título “Algunos libros de Cruz Martínez Esteruelas”. Se refirió a 12 libros incluyendo en su relación el año de su publicación, la edad que tenía cuando lo escribió y la editorial:

  1. Memorias inconclusas. 1993. 66 años. Ed. FTM, en las “Obras Completas”.
  2. La enemistad política. 1970. 38 años. Ed. Nauta
  3. Cartas para el humanismo social. 1976. 44 años. Ed. Ministerio de Educación y Ciencia
  4. La leyenda de las ardillas. 1986. 54 años. Ed. Planeta
  5. Francisco de Borja, nieto del escándalo 1988. 56 años. Ed. Planeta
  6. Cualquier tiempo pasado. Vida y melancolía de Jorge Manrique. 1991. 59 años. Ed. RIALP
  7. Cisneros, de presidiario a rey. 1992. 60 años. Ed. Planeta
  8. El reto del Humanismo. 1992. 60 años. Ed. FTM
  9. Silos. La fuente escondida. 1994. 62 años. Ed. FTM
  10. Los caballeros del templo de Salomón. 1994. 62 años. Ed. Planeta
  11. La agonía del Estado. 2000. 68 años. Ed. Centros de Estudios Políticos y Constitucionales
  12. Voces de España. 2003. Obra Póstuma Ed. FTM

Hizo referencia a la publicación de las “Obras Completas” y sus vicisitudes económicas y como se presentaron en el salón de actos de la Fundación March el día 11 de diciembre de 2016. Para tener una idea de la magnitud de la obra, baste decir que el índice son 46 páginas.

Distinguió dos grandes etapas en la trayectoria de Cruz como escritor: la primera corresponde a los años de servicio público, hasta 1980 aproximadamente. La segunda se refiere a su tarea de difusión del Humanismo Cristiano entre jóvenes universitarios desde la Fundación Tomás Moro (FTM) principalmente, pero no sólo desde la FTM, pues también tuvo encargos de editoriales comerciales importantes como Espasa, Planeta o Rialp. Esta segunda etapa termina con su muerte en el año 2000.

Señaló que la decepción que le produjo el no conseguir escaño en las elecciones de 1977 por Teruel y 1979 por Valencia le indicó el camino para abandonar la vida pública y meditar el futuro de su actividad profesional. En un entorno político que ya le era extraño, Cruz decide centrarse en su despacho de abogados y la docencia. Fruto de esta reflexión es la redacción en 1977 de estos versos de influencia de San Juan de la Cruz:

“Creo Señor que me enviaste el silencio

para que te recogiera la cosecha

de la copiosa y bienhechora siembra

que, en tantos años, tu pensamiento

esparciera cada día, lloviendo

misericordia, luz en las tinieblas

mensajes, susurros y sugerencias

que arrinconaba el vano ajetreo.

Pero si tu designio, Señor, fuera

que el silencio, tenaz, me embargara

hasta el día en que, acabado, muriera,

si tu voluntad mi Dios consistiera,

en que ni una sola palabra pronunciara,

¡haz que tu voluntad obedeciera!

A continuación, pasó a hacer referencia a cada uno de los libros que constituyen el contenido de su conferencia y que hemos dejado relacionados.

  1. Memorias inconclusas.

Se trata de una interesantísima secuencia de apuntes sobre sus recuerdos de infancia, mocedad y vida adulta. Son imprescindibles para entender al personaje que nos ocupa. En estas páginas es el propio autor el que habla de sí mismo, de sus recuerdos y amigos, de sus experiencias, alegrías y frustraciones. El valor de esta aportación es incalculable. En ellas nos habla de su familia, de la admiración por su padre, el amor por su madre, algunos parientes cercanos que le influyeron mucho. Cómo vivió durante la guerra, los estudios primarios y sus maestros, figura esta, el maestro, a la que tanto agradeció en su vida, tanto los maestros de escuela cómo los universitarios. Después ya mozo, nos habla de su paso por Deusto, de la impronta que le dejaron los jesuitas y el Opus Dei, su pasión por la enseñanza que desarrollaría una vez pasada su etapa de vida pública. Ya vencedor en las oposiciones, nos describe su paso por algunos destinos: Gerona, Ávila y Madrid. Intercala diversos sucedidos en la Administración Pública con el retrato de algunos amigos y personas relevantes de la política de entonces: Franco, Carmen Polo, Carrero, … Finalmente nos relata sus periplos fuera de España, que no fueron pocos ni banales, y una última mención a las fundaciones, poniendo en igualdad de líneas la Fundación March y la FTM.

Señala otro testimonio inducido que se adelanta ya: Cruz proyecta su persona en los personajes que estudia en sus obras: Jorge Manrique, Francisco de Borja, Cisneros, los Templarios. Son los alter ego de Cruz, que en distintas épocas de su vida utiliza como instrumento para manifestar su voluntad férrea por cambiar las cosas, el desengaño frente a la realidad, la dolorosa melancolía, y finalmente, el decaimiento. La libertad de creación y la rica imaginación utilizadas en estas obras nos permiten reconocer la personalidad de nuestro autor a lo largo de diversos pasajes de la vida de aquéllos, y que no son sino pasajes de su propia vida.

  1. La Enemistad política.

Un libro interesante, producto de su época, que marcará sus intuiciones políticas, un tanto ingenuas y desconectadas del suelo, pero, en definitiva, intuiciones valiosas. Se trata de una apología del Reformismo. No en vano la teoría de la Reforma se impuso en la Transición sobre la teoría de la Ruptura, propuesta por el PSOE. En este libro se indagan las causas de los enfrentamientos o enemistades políticas y se quieren buscar soluciones integradoras, desechando las razones de los pesimistas para basarse en una esperanza “que ha de nacer de la idea de que una humanidad empeñada en extirpar las causas de enfrentamiento podría llegar por medios moralizadores y directos, a disfrutar de los bienes de la paz sin dar pie al choque y sin esperar falsos remedios, nacidos a veces, del escepticismo y el cansancio”. Este análisis aplica a la realidad española de finales de los años 60 para aportar soluciones a alguno de los antagonismos propios: el religioso, el político, el derivado de los separatismos, el de la lucha de clases, el de las tensiones generacionales.

Termina el libro con un canto doctrinal al reformismo que no es una ideología determinada sino una síntesis de la tradición y el progreso de la historia y de las realidades del momento. En definitiva, el tiempo le dio la razón, imponiéndose 6 años más tarde la Ley de Reforma Política, evitándose la ruptura.

  1. Cartas para el humanismo social.

Las “cartas” fueron escritas en 1976 y revisadas en 1992. Cruz había acabado su etapa como ministro de Educación y Ciencia. En las “cartas” dirigidas a Juan Velarde, quiso reflexionar sobre su experiencia recién concluida. Desde el punto de vista literario, las “cartas” son una delicia y se leen con tal facilidad que parecen dirigidas a cada lector por un buen amigo. Como una temprana aproximación al humanismo cristiano, Cruz se refiere aquí a un humanismo social, influido por los vientos del reciente Concilio Vaticano II y el compromiso del ideal humanista comprometido con la comunidad. Son cinco “cartas” más un epílogo en las que se abordan temas tales como los perfiles humanos del hecho político, la comunidad como fenómeno humano, la insuficiencia del Estado moderno, el sentido de la política social y el humanismo como respuesta. Estas “cartas” son una catarata inagotable de planteamientos y de respuestas comprometidas a cada uno de ellos.

  1. 4. La leyenda de las ardillas.

Aquí la imaginación sustituye a la erudición como si hubiese querido hacer un alto en el camino, un descanso antes de reanudar la marcha, sin que carezca de un mensaje humanista que hay que saber descubrir.

Se trata de una distopía en la que, en un futuro organizado y muy vigilado, la humanidad sigue conductas predeterminadas obedientes a un poder absoluto. La vigilancia omnipresente asfixia la vida de los personajes que se refugian en grupúsculos antisistema en las montañas. Hay evidente influencia de “1984” y “Rebelión en la granja” de Orwell. Quizá haya también una referencia sensu contrario a la Utopía de Moro a la Ciudad de Dios de San Agustín. Destaca en la obra la descripción del claustro de Silos, sus relieves, la ausencia del ciprés talado, tal vez símbolo de una civilización agotada… Podríamos decir que es una curiosidad dentro de la amplia gama de estilos literarios tocados por Cruz.

  1. Francisco de Borja, nieto del escándalo.

Es algo más que una “autobiografía” escrita no por el protagonista, sino por el propio Cruz, logrando introducir al lector en la inteligencia, el corazón y el alma del personaje. De este libro se dijo que “son de un gran valor los inmensos, a veces abrumadores, conocimientos del autor en torno al mundo e historia del siglo XVI, que constituyen luminosas páginas de una gran trascendencia y destacado humanismo en cuanto al tiempo, las luchas, la Inquisición, las angustias morales y las desoladoras intrigas”.  (Martín Abril en ABC, 4 de marzo de 1989).

Por el libro desfilan Ignacio de Loyola, Laínez, Carlos V, Felipe II, el Duque de Alba, Isabel de Portugal, Luis Vives, Raimundo Lulio, Alfonso de Valdés, Tomás Moro, los papas Paulo III, Paulo IV, Pío IV, Pío V, Lutero…

El libro relata la experiencia del Duque de Gandía en la corte del Emperador, su nombramiento como virrey de Cataluña, el episodio del traslado de los restos mortales de la emperatriz Isabel y la célebre frase: “no serviré más a Señores que se me puedan morir”, que el autor desmitifica.

La visión global de los problemas del mundo y de la orden de los Jesuítas pueden ser reales o no, pero lo que es más importante, es el mismo Cruz el que refleja sus experiencias, desengaños, pasiones y alegrías para proyectarlas en la vida de San Francisco de Borja. Se establece así un triángulo muy interesante entre Cruz, Francisco de Borja y el lector que observa, valora y en muchos casos coincide en lo que han sido los objetivos, éxitos y fracasos de una vida, (a cada cual la suya).

La lectura de este libro apasiona y absorbe. Está entre los mejores de Cruz.

  1. Cualquier tiempo pasado; vida y melancolía de Jorge Manrique.

Se trata de una carta que Jorge Manrique dirige a sus hijos Luis y Luisa, acompañada de un diario, cuando está a punto de salir a la batalla contra la plaza de Garcimuñoz para defender la causa de la reina Isabel frente a los partidarios de la Beltraneja, y para el caso de que muera en combate, cosa que así sucedió.

En el diario se refleja la rica personalidad del caballero poeta: el momento histórico que vive, las tensiones de las que surgiría Castilla y el momento cultural que caracterizaba la Alta Edad Media. Es una magnífica ocasión para volver a leer las “Coplas a la muerte de su padre”, al que tanto admiraba.

Veo muchas concomitancias con la vida de Cruz: un hombre ya herido por el primer derrame cerebral (1990), dos hijos, (Cruz tuvo tres), gran admiración por su padre, la búsqueda del ideal del caballero cristiano, la acción y la cultura encarnadas en la daga y el libro en la figura del Doncel de Sigüenza, otro coetáneo de Manrique, … y sobre todo su “dolorosa melancolía”.

Es una lección de historia de la dinastía Trastámara. El gran clásico castellano reverdece de manera sorprendente de la mano de este libro y permite una comprensión más profunda de la “Coplas”, con una imagen más acabada de uno de los grandes escritores de la historia de nuestra literatura.

  1. Cisneros, de presidiario a rey.

Es una Biografía humana y política del Cardenal, (1436-1517), sin pretensiones de ser definitiva. Franciscano, arzobispo de Toledo, Primado de España, Regente de Castilla y tercer inquisidor de Castilla, tuvo una vida apasionante, ascendiendo desde los calabozos de la Inquisición a las más altas magistraturas.

En esta obra se narran los distintos aspectos de su vida, resaltando sus cualidades más sobresalientes: religiosidad, mentalidad jurídica, carácter y sensibilidad intelectual. Como regente que fue dos veces, medió entre Fernando de Aragón y Felipe el Hermoso al fallecimiento de la reina católica. Fue un gran colaborador de los Reyes Católicos, limpió el gobierno de extranjeros y aragoneses, estableciendo la necesidad de castellanizar la corte para evitar nuevas susceptibilidades. Esta idea se relaciona con lo expresado en “La enemistad política” aludiendo al tan traído centralismo español que, despreciando la periferia, equipara Castilla a España y viceversa.

Es de destacar que al parecer Cisneros estuvo en las cárceles de Uceda y Torrelaguna, de los 20 a los 30 años, nada menos que diez años. A pesar de todo tuvo tiempo para desarrollar una actividad frenética en el ánimo de convertir la Castilla medieval en un Estado moderno.

Como humanista destacó creando la Universidad de Alcalá de Henares (Complutense) en 1498, donde reposan sus restos y la elaboración de la Biblia Políglota Complutense. Sin embargo, ordenó la quema de la biblioteca nazarí de Granada. Supo entender el momento histórico que vivió: el feudalismo daba paso al Renacimiento y el alborear de los Estados modernos. De ahí su obsesión por dotar al monarca de los máximos poderes. El libro introduce elementos importantes clarificadores en el tan mal conocido cuatrocientos español.

  1. El reto del humanismo.

Esta obra reagrupa tres ensayos. Además de una segunda edición revisada de las “Cartas para el Humanismo social” de 1976, a las que hemos hecho referencia ut supra, incorpora dos capítulos nuevos: 1. “La solicitud por el hombre”, breve ensayo en el que se analiza la centralidad del Humanismo. Su esencia estriba en la preocupación por el hombre, mejor aún, en la solicitud por el hombre. Ésta última encarna el amor por el otro más allá de la mera preocupación por él. 2. En “La idea de Utopía”, analiza las distintas propuestas utópicas de la cultura occidental, nada menos: desde la paradoja Moreana, el gobierno de los filósofos en la República de Platón, la monarquía universal de Dante, el positivismo de Comte o la utopía materialista de Marx. En este capítulo aparece una interesante relación de libros de la literatura occidental influidos en mayor o menor media por la Utopía.,

Finalmente, Cruz propone como síntesis de todas las propuestas anteriores el cristianismo como Utopía, ligado a la idea de una nueva cristiandad basada en el magisterio político y social de la Iglesia.

En esta sencilla obra se resume el pensamiento humanista cristiano de nuestro autor y logra condensar la propuesta de toda una vida. Por ello, a nuestro parecer es una obra de referencia obligada para todos aquellos que quieran conocer la esencia del humanismo cristiano.

  1. Silos, la fuente escondida.

Se trata de un homenaje a los monjes de la Abadía de Santo Domingo de Silos, con los que mantuvo reiterado contacto a lo largo de toda su vida. El libro esta escrito con amor a estos muros centenarios y a todos y cada uno de los numerosos monjes silenses que en su vida trató Cruz. Recrea la historia del monasterio y sus avatares durante la desamortización, retazos de la vida de los monjes a través de experiencias personales, el canto gregoriano, la soledad, la muerte, las elecciones a nuevo abad que denomina “la democracia de las cogullas”.

Al mismo tiempo, rinde homenaje al Arte y a la vida que vive en la piedra de Silos, en el claustro, en su ciprés, en la huerta, en la hospedería, en la farmacia, o en las aguas que discurren por el subsuelo. Su amor por Silos lo transmitió a muchos y quienes hemos tenido el privilegio de la experiencia silense, leemos el libro como un diario y una crónica de nuestra propia experiencia.

Un libro magnífico que recrea los sentidos y nos trae recuerdos de tantos años disfrutando del mejor gregoriano y de la hospitalidad de esta comunidad. A todos los monjes, gracias en nombre de la FTM.

  1. Los caballeros del templo de salomón.

Esta obra responde a una de las especialidades de nuestro autor, una más, entre las numerosas que tenía: su pasión por la historia y la realidad concretada en la orden de los Templarios, el poder y la caída fulminante de estos monjes caballeros, su influencia en la vida mercantil, en los Santos Lugares, el legado de un patrimonio cultural y artístico y el proceso que los borró de la faz de la tierra el s XIV.

Después de unos apuntes explicativos del significado del feudalismo y de las Cruzadas, analiza el nacimiento de la Orden del Temple y su desarrollo, desde el sueño de Hugo Payns hasta su destrucción, pasando por la incidencia del concilio de Troyes, de San Bernardo, del análisis de su regla, de los casos de Dante y Guillermo de Mariscal, la vida monástica, la acción militar, su economía, su marina propia, y los símbolos y arquitectura característica.

Tan interesante o más resulta la proyección de la Orden del temple en España, en el testamento de Alfonso I de Aragón, en el que nombra herederos del reino a las tres órdenes: Santo Sepulcro, Hospital y el Temple. Cruz se detiene en algunos sucedidos como la educación por la orden del que sería Jaime I el Conquistador, la vida de Roger de Flor, el Almogávar, las obras de Raimundo Lulio, su influencia en la historia de Castilla con Alfonso VII el Emperador, o el suceso de la invasión almohade.

Para Cruz, al margen de otras consideraciones, el Temple fue uno de los grandes episodios históricos para la configuración de la “Ciudad de Dios” sobre la base de la defensa de un ideal.

  1. La agonía del Estado.

Es el último libro de Cruz en aparecer y ver publicado. Juan Velarde dijo de él que era su “testamento político”. La idea básica del libro surgió cuando al redactar la obra “Estudios Jurídicos sobre el Estatuto vasco” en 1981 y posteriormente cuando España se adhiera a la Comunidad Económica Europea en 1986, comprendió que el Estado, como forma política estaba sometida a una doble tensión: por abajo las CCAA reclamando sus competencias, reconocidas en la Constitución; y por arriba la Unión Europea, a la que se le transfieren competencias y políticas que eran propios del Estado moderno como la delimitación y defensa de las fronteras, la acuñación de moneda o la política monetaria.

En esta obra se formula el siguiente planteamiento: una concepción histórica del Estado abre toda clase de posibilidades para reflexionar sobre el futuro de nuestra humanidad. Tiene una fuerza liberadora o emancipadora, ya que permite meditar las cosas libres de las ataduras que producen los conceptos heredados. Saber que el Estado puede desaparecer amplia las perspectivas del pensamiento”.

Es un libro elaborado a lo largo de muchos años, siempre en su mesa de trabajo. La expresión “agonía” no siempre quiere decir “muerte”. Según la explicación unamuniana, “Agonía quiere decir lucha. Agoniza el que vive luchando, luchando contra la vida misma. Y contra la muerte”.

Está claro que el Estado no puede salir indemne de los profundos cambios que afectan nuestro tiempo. Esto le lleva a reflexionar sobre el ser del Estado, tal y como ahora lo conocemos, y su posible sustitución. Este libro debería ser de obligada lectura para todas aquellas personas que quieran dedicarse a la política.

Es un libro valiente y “melancólico”; se trata de un adiós a otra realidad que fue estable, sólida, con la que crecimos, y que ahora, en el atardecer de nuestras vidas, vemos desaparecer como un sol que se esconde tras el horizonte.

  1. Voces de España.

Libro póstumo publicado en 2003. Se trata de “una invocación de las voces de españoles que, con acentos diversos y a veces controvertidos, han contribuido a la polifonía inconfundible de nuestra historia, y por ello, de nuestra identidad nacional”

Constituye una batería de textos de diversos autores, que hablan de España precedidos de una breve biografía. Gran parte de ellos fueron recopilados por el mismo Cruz, ayudado por miembros de la FTM: José María Sánchez, Ignacio Velilla, Vicente Bertolín, Rafael López de Cerain, Cintia Lamela, Díez de Angulo, Pinto, Espino, …. Por tanto, se puede decir que es una obra coral.

Por sus páginas desfilan 125 autores en orden alfabético. Desde el Cantar del Mío Cid a José María de Iparraguirre, desde Isabel I a Francisco de Vitoria, desde Joaquín Costa a Menéndez Pelayo, o desde Azaña a Primo de Rivera.

La introducción histórico literaria se hace necesaria para ayudar al lector a contextualizar a los autores, habida cuenta de su variedad y las diferentes épocas en que vivieron. Constituye una síntesis ejemplar y clarificadora de la Historia de España como no se encontrará en ningún otro lugar.

Es un libro grato de leer y muy bien editado, que a modo de itinerario propone al lector un viaje de 1000 años por nuestro tiempo y espacio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Entrando en la Biblioteca

 

  1. Conferencia del Padre Moisés.

Como estaba previsto en el Programa, después de comer, el P. Moisés nos dio la cuarta conferencia sobre el Canto gregoriano (CG). Hizo la presentación Fernando Díez quien destacó que, además de Padre Hospedero, era el Padre Prior del Monasterio por lo que ejerce la máxima autoridad en ausencia del Padre Abad. Destacó también que era uno de los Sacerdotes a quien conoció las primeras veces que fue al Monasterio hace ya muchos años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

P Moises

Comenzó destacando que no se ha compuesto una música litúrgica tan sencilla y tan profunda como el CG. Lo más difícil del CG es el ritmo, porque no tiene medida matemática. ¿Cómo se canta un himno por dos personas si no hay medida matemática? Las notas gregorianas se llaman Anotación.

La historia es incierta, pues hasta finales de los siglos IX y X no sabemos nada de la música que cantaban los cristianos. No nos ha quedado ningún testimonio anterior. A finales del siglo XI aparece la música moderna en pañales. Lo que se llama el bis-canti: se canta el agudo y el grave. Y empieza la decadencia del CG. Es cierto que se seguía cantando en las catedrales, los monasterios, hasta que se perdió la teoría del ritmo. Y ahora se ha llegado a una unanimidad a la hora de interpretar el ritmo del CG.

¿Cómo cantaban los primeros cristianos de la Iglesia naciente? En los siglos I, II, III, y seguramente hasta el VI, seguramente cantaban cantos judíos, de la sinagoga. Los primeros cristianos eran judíos, y cuando se separaron del judaísmo tuvieron que crear sus propias melodías. De hecho, se conservan algunos manuscritos judíos del siglo XI- XII y tienen un gran parecido con el CG. Seguramente los cristianos adaptaron el canto judío. A partir de los siglos III-IV seguramente hubo una evolución, con alguna influencia de la música griega. Pero no sabemos más. El CG nace para nosotros a finales del siglo  IX, X y XI.

Cuando después de la desamortización, se produce la restauración del Monasterio de Silos con la venida de los monjes del Monasterio de Ligugué y Solesmes, al frente de ellos estaba Dom Guéranger, (1805-1875), en proceso de beatificación y gran liturgista. Estos monjes quisieron volver a cantar el CG, que se había perdido. Era desconocido. Tuvo la clara visión de que si querían claramente cantar el gregoriano había que ir a los monasterios y a las catedrales para buscar los manuscritos. Fueron copiando, a mano, los manuscritos, para después pasarlo a los libros, y así reunieron en Solesmes un archivo impresionante. Hasta que llegó la fotografía.  Los monjes de Solesmes son, por tanto, los grandes restauradores del CG. Van a las fuentes y se encuentran los manuscritos.

Lo difícil era saber el ritmo. Hay que reconocer la gran creatividad que tuvieron. ¿Cómo representar los sonidos? Se fijaron en cómo cantamos, y lo trasladaron a una grafía concreta. Después colocaron las notas y las líneas para el pentagrama. El verso lo canta todo el coro. El versículo lo cantaba un solista.

La denominación del CG viene del Papa Gregorio, del siglo VII. Fue el reformador de la liturgia, mandó volver a las tradiciones antiguas. El CG pues ser definido como el canto de la iglesia occidental.

Originalmente el CG no era acompañado. No había órganos. Tal vez hubiera algún instrumento sólo para dar el tono. Pero resulta muy original si se canta sin acompañamiento, sólo las voces.

El motivo por el que el CG eleva el alma es porque está compuesto por monjes, fundamentalmente. Es un canto monástico, es un canto de personas que oran mucho. Los compositores traducían de alguna manera su experiencia y su sensibilidad como monjes. El recogimiento, el silencio, la meditación, la reflexión, el estar siempre recogido y centrado en Dios, en su Palabra. Así se entiende un canto que es muy espiritual, muy místico. No conozco otro canto más sencillo y más sublime al mismo tiempo que el gregoriano. El 99% es texto de la Sagrada Escritura. El compositor del CG lo que pretende es expresar musicalmente el contenido espiritual de la Biblia. Texto y música van totalmente unidos, la primacía la tiene el texto.

 

  1. Visita a la Biblioteca del Monasterio

Después de la conferencia del P. Moisés sobre el canto gregoriano, estaba prevista la visita al cementerio de Sad Hill, pero el marido de Amparo Llobet, que es arquitecto y está haciendo la biblioteca de la Universidad San Dámaso, le pidió visitar la biblioteca del Monasterio. Y fue aceptada la propuesta por unanimidad.

La biblioteca tiene más de mil años de historia y fue creada por los monjes franceses que restauraron la vida monástica en el Monasterio tras la desamortización.

La antigua biblioteca se hallaba ubicada, desde el siglo XVII hasta el XIX, en las planta primera y segunda de la crujía extrema este. En los años siguientes a 1880 se instaló en el área de la antigua botica o planta baja de la crujía oeste. Posteriormente se trasladó al lugar actual, en la planta alta de la crujía oeste del monasterio. Poco a poco se fue expandiendo y ocupando zonas aledañas, constando en la actualidad con tres niveles.

La mayor parte de sus fondos se dispersaron durante la exclaustración de 1835-1880, conservándose únicamente un número reducido de volúmenes en las estanterías de las estancias ocupadas por la cura párroco.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Biblioteca

Su fondo documental abarca todas las áreas temáticas, aunque predominan las ciencias sagradas (Teología, Sagrada Escritura, Liturgia, etc.). En 1810 había 4.962 obras catalogadas; en 2022, 261.000. Destaca su fondo antiguo, con 25.000 libros curiosos o raros, de los que 4.000 son únicos; conserva, por ejemplo, la liturgia hispano-mozárabe y la historia de los benedictinos españoles de la desaparecida congregación de Valladolid; y uno de los códices de la abadía está escrito en el primer papel utilizado en Europa (siglo XI). La biblioteca no admite préstamos, sólo consulta en sala.

Conviene destacar la relevancia de la biblioteca de la botica del monasterio, considerada como uno de los mejores testimonios bibliográficos de la farmacopea española. Conserva cerca de mil volúmenes, algunos del siglo XVI y la mayoría de los siglos XVII-XIX. Destaca un magnífico Dioscórides (1525), una auténtica joya bibliográfica que además tenía una dimensión práctica: se convertía en necesaria consulta por los boticarios del monasterio o los confeccionadores de licores de hierbas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Biblioteca

La página web de la Biblioteca es: www.bibliotecadesilos.es, desde donde se puede  acceder al catálogo en línea y aproximarse a su biblioteca digital, que incluye, entre otras obras, las famosas “Glosas silenses”, que, junto con las “emilianenses”, son consideradas una de las primeras manifestaciones del castellano.

  1. Conferencia de José Pardo de Santallana.

La última conferencia la pronunció el Presidente de la Fundación José Pardo de Santayana sobre Una geopolítica de inspiración católica, el día 31 de mayo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


José Pardo de Santayana

 

El mundo está viviendo un momento de gran desconcierto geopolítico. Los paradigmas tradicionales para interpretar las relaciones internacionales, especialmente el idealismo político, ambos de inspiración protestante, se han mostrado inadecuados. Tanto el modelo de la Escuela de Salamanca como la encíclica Magnífica Humanitas nos ofrecen una alternativa, basada en una cosmovisión católica, para enfrentar los retos de nuestro tiempo.

Tras el asombroso éxito que Estados Unidos y sus aliados habían obtenido al final de la Guerra Fría, la situación internacional se presentaba con unas perspectivas de paz y desarrollo globales muy favorables. Como entonces afirmaba Brzezinki, Estados Unidos se había convertido en una potencia de alcance y dominio mundial sin precedentes. No tenía pues rival, su modelo de sociedad se había mostrado resiliente, estable y muy superior en términos de bienestar y dignidad humana al de su oponente socialista, y había serias razones para pensar que, superada la intensa competición estratégica contra el bloque soviético y gracias al contexto de cooperación internacional, el mundo iniciaría un periodo histórico más pacífico y próspero.

De ese modo, el declinar de la Guerra Fría y el triunfo del modelo liberal-democrático sobre su alternativa marxista-leninista se interpretó en las sociedades occidentales como el preámbulo de un momento histórico donde el resto del mundo terminaría convergiendo hacia el modelo de sociedad consolidado en los países occidentales bajo la bandera de la libertad individual y la autonomía moral. Incluso, se había generalizado la idea de que la guerra, como fenómeno que enfrenta a las principales potencias y a las sociedades más avanzadas, había quedado superada por el progreso de la historia.

Por unos años fue efectivamente así, pero, con el paso del tiempo, el sistema internacional ha degenerado hacia un desorden confrontacional que está sometiendo al mundo a graves peligros y enormes incertidumbres. Así, aquel periodo que se inició con visiones al alza de paz mundial está terminando, tres décadas después, con crecientes riesgos de guerra mundial: la guerra ha vuelto al centro mismo de las relaciones internacionales, el arma nuclear ha recuperado el protagonismo perdido y Europa vive bajo la amenaza de una escalada preocupante. Las guerras en Ucrania y Oriente Medio han clausurado definitivamente el orden internacional presidido por los Estados Unidos, han alejado al Sur Global del liderazgo occidental y están estrechando el alineamiento de China y Rusia, con Irán y Corea del Norte.

En su momento, se prestó poca atención a la realidad que se estaba desarrollando fuera del mundo occidental y se puso toda la confianza en la propia visión subjetiva, a la que se daba alcance universal.

Las sociedades occidentales tienen una interpretación universalista de su propio sistema de valores y esta creencia se ha mantenido a pesar de que la corriente intelectual dominante ha ido deconstruyendo progresivamente los fundamentos filosóficos que sostienen esta convicción. Para existir unos valores universales tiene que haber un orden moral y un fin último que dé sentido a la existencia humana tanto en su dimensión individual como colectiva. A pesar de ello, la idea de que los valores occidentales son universales ha sido central en el diseño de un orden internacional global fundamentado en dichos valores, idea que no ha sido ni reconocida ni aceptada por el resto del mundo.

Con todo ello, el exceso de optimismo, de naturaleza ideológica, imperante en Occidente, había llevado a que se apostara por la capacidad de seducción del modo de vida occidental y de sus valores asociados, ignorando la sana prudencia que aconseja la experiencia histórica.

Por su parte, China y Rusia habían desarrollado una estrategia coordinada exitosa de largo recorrido para oponerse al orden internacional unipolar liderado por Estados Unidos, con el deseo de sustituirlo por uno gobernado por un concierto de potencias del que ambos Estados vecinos aspiraban a formar parte, lo que, finalmente, ha desembocado en un orden multiplicar confrontacional.

Asimismo, el espacio geopolítico, conocido como Sur Global, está jugando un papel clave en la confrontación por la configuración del futuro sistema internacional y cómo China y Rusia, conscientes de ello, llevan tiempo estrechando lazos con aquellos países para favorecer su designio estratégico.

Si, a principios del siglo XXI, Estados Unidos no vio en China, que se encontraba muy rezagada económica, militar y tecnológicamente, a un competidor potencial, ahora, China ha alcanzado o incluso superado a Estados Unidos en numerosas áreas, como el comercio, la manufactura y las tecnologías verdes, y avanza rápidamente en otras. El desarrollo económico y tecnológico de China está facilitando que pueda llegar a convertirse en la primera potencia mundial, lo que está generando inevitables fricciones y el peligro de una gran confrontación con la potencia establecida, Estados Unidos, lo que se conoce como la «Trampa de Tucídides».

Estados Unidos, en consonancia con sus aliados, diseñó una estrategia basada en sus valores con la que pretendía conformar y expandir una gran coalición democrática para preservar el orden internacional de inspiración occidental y liderazgo estadounidense surgido tras el final de la Guerra Fría.

Para complicar más la situación, el mundo occidental, liderado por Estados Unidos, que sostenía y servía de referencia al sistema internacional, se ha polarizado gravemente, dando signos de agotamiento en su proyecto de modernidad que, no obstante, tiene el empeño de exportar.

Las profundas diferencias en el ámbito de los valores han hecho que se considere como enemigos a aquellos que difieren ideológicamente y catalogar de ilegítimo su modo de pensar. En tales circunstancias era casi imposible que una estrategia basada en valores tuviera éxito, porque no tiene sentido apelar a unos valores compartidos —shared values— cuando tal circunstancia no existe ni dentro de ambas sociedades —la estadounidense y la europea— ni, en la actualidad, entre norteamericanos y europeos.

De ese modo, la gran estrategia occidental está en crisis. Durante la última década, los cambios de poder, las disputas territoriales y el debilitamiento de las instituciones internacionales han alimentado un debate cada vez más acalorado sobre la posición geopolítica en la que se encuentran Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Tradicionalmente, las sociedades occidentales han utilizado dos grandes paradigmas para estudiar la geopolítica: el realismo político y el idealismo, ambos de inspiración protestante y, cada vez, más materialista. Los realistas consideran que la política tiene sus raíces en la anarquía, lo que lleva a los países a competir por el poder y la seguridad. Los idealistas asumen que todos los individuos luchan por bienes públicos universalmente deseados, que se consiguen mejor mediante la democracia, las economías abiertas y las instituciones multilaterales.

No obstante, tras el final de la Guerra Fría, en Occidente se ha interpretado la realidad internacional fundamentalmente desde el idealismo político, con carácter de ideología, y se llegó a pensar, como afirmó Fukuyama, que la guerra con mayúscula terminaría desapareciendo. Sin embargo, lo ocurrido ha sido exactamente lo contrario y el idealismo se mostrado inadecuado para interpretar la realidad internacional.

De igual modo, esto ha hecho que hasta 2017 no se reconociera la gravedad y trascendencia de la situación, y que no se desarrollaran oportunamente las estrategias adecuadas para contrarrestar los designios de la asociación estratégica chino-rusa. Si se hubiera actuado a tiempo, se habría podido reducir el peligro e intensidad de la confrontación entre las grandes potencias con el objetivo de preservar, en el mayor grado posible, la paz y el bienestar globales.

El sistema de valores dominante en Occidente, el pensamiento liberal-democrático está en profunda crisis. Esto se debe tanto a su radicalización, al incorporar una poderosa perspectiva postmoderna que cuestiona la razón humana, fundamento del pensamiento moderno, como al hecho constatable que el ideal ilustrado de construir un futuro luminoso desde un materialismo, cada vez más acentuado, no está alcanzando los resultados esperados.

También se puede constatar que el materialismo llevado hasta sus últimas consecuencias, al terminar afirmando que la libertad y la conciencia —señas de identidad de la condición humana— son meras ilusiones y que la existencia humana no tiene sentido alguno, desemboca en el nihilismo.

La estrategia que en la actualidad está desarrollando la administración Trump tampoco tiene perspectivas razonables de conseguir el objetivo de contener el ascenso de China. No tiene pues mucho sentido apostar por un designio estratégico con altas probabilidades de fracaso. Se necesitaría un dialogo estratégico al más alto nivel para impedir que el sistema internacional siga deteriorándose en un sentido cada vez más confrontacional y peligroso.

No obstante, el problema no se puede resolver únicamente en el ámbito geopolítico. Se necesita devolver al pensamiento occidental el sentido común y la visión trascendente del ser humano, como ser creado a imagen y semejanza de Dios. El modelo de la Escuela de Salamanca puede ofrecer una respuesta adecuada desde una cosmovisión católica.

En el tiempo que nos ha tocado vivir, al igual que en el de la Escuela de Salamanca, un mundo está muriendo y otro distinto está por nacer, y, al igual que entonces, los retos son enormes. Se necesita, de nuevo, una síntesis de tradición y modernidad que, conservando lo mejor de la primera sepa abordar los retos actuales desde una perspectiva nueva. En particular, Occidente debe volver sobre sus raíces filosóficas griegas y la fe cristiana —el maridaje de Fe y razón—, recuperar la centralidad de la conciencia humana y el compromiso con la verdad, así como ahondar en la irrenunciable dignidad de la persona humana, todo ello señas de identidad salmantinas.

Toda antropología da lugar a una filosofía, una cosmovisión, que a su vez produce una interpretación geopolítica y de esta se deriva un designio estratégico. La concepción geopolítica es como la corteza terrestre que flota sobre el magma de las ideas que la sustentan. El debate filosófico-moral antecede al geopolítico. Así, Stacie E. Goddard y Josua D. Kertzer afirman que, para salir del caos del debate estratégico, los responsables políticos de Washington deben dedicar más tiempo, y no menos, a debatir las filosofías fundamentales que sustentan sus recomendaciones estratégicas.

Según Peter Kreeft, hay tres antropologías filosóficas posibles:

El hombre es egoísta y malvado por naturaleza (Maquiavelo y Hobbes), de ese modo, tiene que ser obligado por la sociedad o el gobierno, por la fuerza y el temor, en contra de su naturaleza para actuar correctamente.

El hombre es bueno por naturaleza (Rousseau), de ese modo, es a los artificios de la sociedad y el gobierno, no a la naturaleza humana, a los que hay que culpar por su maldad.

El hombre es libre para elegir entre el bien y el mal, ambos presentes en su naturaleza y comportamiento (sentido común aristotélico y religioso).

Para la primera no hay verdadera virtud, para la segunda no hay verdadero pecado, para la tercera hay ambos. Esta última antropología filosófica inspira el realismo filosófico de la Escuela de Salamanca que tiene por teólogo-filosofo de referencia a Santo Tomás de Aquino. Para esta, la naturaleza humana es síntesis de pecado y gracia, de inclinación hacia el egoísmo y las pasiones y ansia de justicia, de belleza y de verdad, en consecuencia, de paz. Por contraste, en el realismo político y el idealismo, fundamentados en una cosmovisión cada vez más materialista, desligada de todo orden natural, el ser humano vive su existencia como una aventura intrascendente encaminada inexorablemente al fracaso final de la muerte.

La encíclica Magnífica Humanitas el Papa León XIV aborda la situación geopolítica actual y en su primer párrafo afirma:

La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad (Jerusalén) donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud.

En relación con el paradigma de interpretación de la geopolítica, propone un sano realismo y rechaza tanto el realismo político tradicional, al que llama cinismo, y del que afirma que un realismo degradado “confunde la constatación con la resignación: dado que la fuerza domina, concluye que debe dominar”. Del idealismo, que cuestiona igualmente, dice: “De hecho, existe un idealismo que, para salvar su propia visión del mundo, selecciona los hechos, los manipula, los renombra y termina habitando una realidad construida a la medida de sus propias convicciones”.

De ese modo el Papa concluye que el realismo auténtico “no renuncia a cambiar el mundo: comienza por ver con claridad los intereses, los miedos, las limitaciones y las relaciones de poder, precisamente para calcular qué es posible lograr y con qué pasos. No reduce la política a la moralidad, pero tampoco la entrega a la violencia: busca modos viables para que la paz sea más que una palabra, es decir, instituciones creíbles, garantías verificables, negociaciones pacientes, prevención de conflictos y protección de los civiles”.

Vemos pues que tanto el modelo de pensamiento de la Escuela de Salamanca como la encíclica Magnífica Humanitas nos ofrecen un marco intelectual para desarrollar un paradigma geopolítico de inspiración católica que supere las deficiencias del idealismo y del realismo políticos.

 

  1. Misa de once horas y despedida.

El domingo, alguno de los asistentes se atrevió de nuevo a ir al Oficio de Vigilias a las 6 de la mañana. Y todos fueron a misa de 11, que es sin duda la solemnidad mayor que se celebra en el Monasterio.

Algunos prefirieron volver a Madrid al terminar la Misa y otros se quedaron a comer, con la sorpresa de que al terminar la comida, como todos los domingos, se ofreció café o infusión, ¡y una copa de benedictine que los monjes elaboran para su uso en las grandes ocasiones!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los asistentes en la escalera de acceso a la Iglesia, con el Padre Moisés.

ANEJO 1

Relación de asistentes

Encarnación Oliveras Gajo

Encarnación Martínez Oliveras

José Pardo de Santayana

Ignacio Velilla

Begoña Velilla

Ignacio Osborne

Flavia Osborne

Juan Golmayo

Conchita Golmayo

María E. Estella

Fernando Díez

Salvador Torres

Eduardo Torres

Amparo Llobet

Ángel Llobet

– Luis Julbe

– Mari Julbe

– Íñigo López de Uralde

– Rocío López de Uralde

– Inés de la Mota

– Mercedes Losada

– Leticia Díez Estella

– Vicente López-Ibor

– José María Sánchez

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