Crónica de las jornadas sobre “Humanismo y el Greco en la ciudad de Toledo” de la Fundación Tomás Moro.
20 a 22 de marzo de 2026
Durante los días 20 a 22 del mes de marzo de 2026, han tenido lugar en Toledo las Jornadas sobre “Humanismo y El Greco” organizadas por la Fundación Tomas Moro, entidad que desde hace casi cincuenta años se dedica a la difusión de los valores e ideales del humanismo cristiano.
El alojamiento de las Jornadas ha tenido lugar en la Hospedería del Convento de los Padres Carmelitas, donde nos hemos alojado en la Jornadas celebradas los años 2019 y 2021, dado que reviste las condiciones adecuadas para este tipo de reuniones. Cabe destacar las impresionantes vistas que desde cualquier ventana pueden observarse, tanto del Casco histórico como del Toledo moderno.

Tiene una Iglesia construida en el siglo XVII en estilo barroco. Destaca el altar mayor recargado con varias estatuas de santos carmelitas, el artesonado del techo y alguna pintura.
El día 20, viernes, el Presidente de la Fundación, José Pardo de Santayana, dio la bienvenida a los asistentes y expuso el programa de las Jornadas.
La primera conferencia corrió a cargo del Prior del convento de los Carmelitas Descalzos, Padre Tito, sobre “Santa Teresa y San Juan de la Cruz en la ciudad de Toledo”. Destacó que la Santa tuvo mucha relación con Toledo pues, entre otras cosas, empezó a escribir sobre su vida en la casa de Dª Luisa de la Cerda. Era una mujer muy inquieta y fue mística universalmente reconocida. Entre otros libros escribió El libro de la vida, Camino de perfección, Meditaciones sobre los Cantares, Moradas del castillo interior, Cuentas de conciencia, El libro de las Fundaciones, entre otros. Sobre San Juan de la Cruz expuso que estuvo preso en Toledo, y que durante muchos años el propio convento de los Carmelitas reprodujo la celda donde podía haber estado prisionero. Colaboró con la Santa en la reforma del Carmelo que llegaron a tener en Toledo hasta 7 asentamientos.
Una vez finalizada la conferencia, el Presidente de la Fundación abrió un coloquio sobre la situación geoestratégica del mundo, con especial referencia a la guerra de Ucrania y a la de Irán.
El día 21, sábado, iniciamos la jornada con una conferencia de D. Pablo López Raso, Catedrático de Arte Contemporáneo en la Universidad Complutense sobre “¿Cómo mirar una pintura?”, con proyección de diapositivas. Comenzó indicando que la experiencia estética nos enriquece lo mismo que los valores que defiende el humanismo, pues nos abre la imaginación. Cita a Husserl, representante de la corriente filosófica denominada “la fenomenología”, como la posibilidad de comprender las cosas sin necesidad de acudir a métodos científicos, de intuición y conciencia. La experiencia estética se da en Las Meninas, pero no en Picasso. No se trata de contemplar para entender, sino de entender previamente para después contemplar.
Expone cuadros de la pintura cubista y la compara con Las Meninas de Velázquez. Y se pregunta cuál de ellos se entiende mejor. Añade que la belleza se puede pensar. Se pregunta también que es lo que pretende Velázquez cuando mira al espectador. Al arte, lo mismo que a la religión hay que enfrentarse desde la conciencia.
Resaltó la deficiencia de los estudios medio sobre el arte. Y llega a preguntarse lo que entendemos por ocio. Cuando visitamos un museo la clave de las exposiciones está en el diálogo entre pintores de distinta época. La actitud ante un cuadro debe conducir al diálogo con una obra de arte.
Recomienda el libro “Historia del Arte” de Ernst H. Gombrich, pues da una visión del mundo y afirma que la belleza no reside en el cuadro sino en lo que no cambia. Lo feo es lo falso y lo bello es auténtico.
Habla de la evolución de Picasso desde su juventud y como algunos críticos han considerado a El Greco como su antecedente. Habla también de “El grito” de Muns, y como son posibles diversas clases de grito. También expresa el éxtasis, la catarsis y la trascendencia de lo cotidiano. El éxtasis está relacionado con nuestros sentimientos; la catarsis purifica la conciencia; y la trascendencia supone poetizar el habitar.
Finalizó su intervención señalando diversos tipos de belleza, diversos grados, diversas jerarquías y diversa manera de entenderlo. El arte es una forma de conocimiento que pasa por tres fases: el asombro, la apelación y la revelación.
La segunda conferencia del propio D. Pablo López Raso versó sobre “El Greco”. En ella destacó que El Greco representa la modernidad y que fue un incomprendido. Destacó algunos aspectos de su biografía y el contexto en que desarrolló su vida, haciendo hincapié en la influencia que la escuela italiana renacentista tuvo durante su estancia en Italia. Allí encontró a muchos artistas que habían huido de Constantinopla, una vez que se derrumba el impero de Oriente.

El Greco comenzó pintando iconos, como buen griego que era. Pero después influyeron en él los grandes maestros italianos: Leonardo, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano. En el Museo del Prado se puede comprobar la influencia de Tiziano y el naturalismo que lleva al
manierismo. Tocó diversos temas y referencias: la Capilla Sixtina de Miguel Ángel, la Escuela Veneciana de Tintoretto y Veronés, la prohibición de los iconos, el Concilio de Nicea (en el que se declara que el hombre ha sido creado a imagen de Dios) y la polémica de las imágenes.
Sostuvo que mientras el arte en el Occidente europeo se renueva constantemente, en el arte en Oriente se sigue produciendo los mismos iconos de siempre.
Mencionó los cinco años que pasó en Venecia y como durante su estancia en Roma gozó de la protección del Cardenal Farnesio. Mencionó después el conferenciante algunos de los cuadros de El Greco cuando ya estaba en Toledo, a través de diapositivas. Así, “La expulsión los mercaderes”, “La Anunciación” (en el que introduce elementos sobrenaturales), “El Martirio de San Mauricio” (que si le gustó a Felipe II, pero su consejero, el P. Sigüenza lo desaconsejó), “El Expolio” (que visitaremos por la tarde), “San Francisco”, “San Pedro y San Pablo”, “Santa María Magdalena”, “El retablo de Santo Domingo el Antiguo”, porque El Greco también era arquitecto en cuanto a la composición de lo retablos, aunque, desgraciadamente, la mayor parte de las pinturas del retablo están en otros museos. También pintó “El entierro del Conde de Orgaz” con una impresionante galería de retratos, como tendremos ocasión de ver por la tarde.
La tercera conferencia, con el título “El Concilio de Trento” corrió a cargo de Padre Eduardo Vadillo Romero, Catedrático de Teología en el Instituto Teológico de San Ildefonso. Nos dio una web en la que se recoge lo más importante del Concilio de Trento: www.vadilloeduardo.academia.edu. Por este motivo nos remitimos a dicho web y solamente reproduciremos en esta crónica uno de sus capítulos, el de “Las grandes cuestiones doctrinales”:
“Cuando comenzó el concilio de Trento ya existía una perspectiva católica suficientemente amplia como para centrar los temas fundamentales. Hay que recordar que la primera respuesta a Lutero, la bula Exsurge Domine de León X, contenía una serie literaria de Lutero, con sus importantes comentarios a la carta a los Romanos y a los Gálatas.
Retablo mayor de Santo Domingo el Antiguo
La primera apologética católica contra los protestantes incidió en múltiples temas; de hecho, muchos insistieron en la cuestión de la autoridad del papa, contestada por Lutero. Sin embargo, no se había establecido un orden claro de las cuestiones que había que
precisar frente a los protestantes. Esta cuestión ya estaba mucho más clara cuando se celebra el concilio de Trento. En el aspecto propiamente doctrinal quedaba ya muy claro que había que abordar tres grandes grupos de temas: lo referente a la Escritura y el conocimiento de fe, lo referente al pecado original y la justificación, y lo referente a los sacramentos. Es obvio que los problemas que planteaba Lutero dependían de toda una serie de presupuestos, pero el análisis de este tipo de cuestiones era ya labor de los teólogos; el concilio de Trento tuvo muy claro desde el principio que simplemente debía condenar los errores. Precisamente por eso se optó por no citar autores concretos, para no entrar en las complejas cuestiones de qué es lo que querían decir exactamente.

Así pues, tenemos estos tres grandes grupos de cuestiones. En primer lugar, la cuestión de la Escritura, la Tradición y la interpretación de la misma Escritura, que veremos en §2.1; en segundo lugar, lo referente a la antropología teológica, con las cuestiones del pecado original y de la justificación, que veremos en §2.2; en tercer lugar, lo referente a los sacramentos, tanto en general como algunas cuestiones sobre cada sacramento, que veremos en §2.3. En la última sesión se apuntaron otras cuestiones menores”.
Por la tarde, acompañados por el Profesor López Raso que nos dio las explicaciones, nos desplazamos a la Catedral para contemplar el cuadro de “El expolio”, lienzo pintado por el Greco para la sacristía de la catedral de Toledo, donde continúa actualmente.
El expolio es un episodio de la Pasión en el que Jesús es despojado de sus ropas. Esta temática no era frecuente en el arte occidental de aquella época, pero parecía apropiada para una sacristía, donde los sacerdotes se cambiaban de vestimentas. Aunque no está propiamente relatado en los evangelios canónicos, sí lo está en uno de los apócrifos: el evangelio de Nicodemo, pero seguramente el Greco se inspiró en un texto de san Buenaventura.
Este lienzo es uno de los primeros trabajos del Greco en Toledo, junto a las pinturas del retablo principal de Santo Domingo el Antiguo. En un primer documento, de 2 de julio de 1576, se acredita la presencia del pintor en Toledo, el Cabildo de la Catedral debió de encargarle al pintor la realización de esta pintura pues, según dicho documento, recibió 400 reales de adelanto a cuenta del cuadro.
El Greco representó en El Expolio a la Virgen, a María Magdalena y María Cleofás, mientras que por encima de la cabeza de Cristo situó a gran parte del grupo que lo escoltaba. Las tres Marías no constan como presentes en ese momento ni en los evangelios canónicos ni tampoco en el evangelio de Nicodemo. El cabildo no aceptó esta composición, considerando que eran impropiedades que oscurecían la historia y desvalorizaban a Cristo.
La falta de acuerdo llevó a convocar un árbitro decisorio, que manifestó que el cuadro era uno de los mejores que había visto y lo valoró en 318 ducados. A pesar de los problemas, la fama que le proporcionó este cuadro y los de Santo Domingo el Antiguo le llevaron al pintor a establecerse definitivamente en Toledo.
El Greco representa a Cristo en el centro de la composición, mirando al cielo con una expresión de serenidad, vestido con una túnica de color rojo intenso que domina el resto de la composición. A su alrededor, una masa de figuras dispuestas a desnudarlo. Tanto el modelado de las figuras como el cromatismo provienen de su época veneciana. En la parte inferior izquierda de la composición colocó a las tres Marías, contemplando la escena con angustia, y rodeando a Jesús, por encima de él, representó al grupo que lo escoltaba.
A continuación, nos desplazamos a la Iglesia de Santo Tomé para contemplar otra maravillosa obra de El Greco: “El entierro del Conde de Orgaz”.

Pintado en estilo manierista entre los años 1586 y 1588, fue realizado para la Parroquia de Santo Tomé, y se encuentra conservado en este mismo templo. Está considerada una de las mejores y más admiradas obras del autor.
El cuadro representa el milagro en el que, según la tradición, San Esteban y San Agustín bajaron del Cielo para enterrar personalmente a Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de la villa de Orgaz, en la iglesia de Santo Tomé, como premio por una vida ejemplar de devoción a los santos, su humildad y las obras de caridad que llevó a cabo.
El Greco aceptó el encargo de realizar la obra en 1586, algo más de dos siglos y medio después de los hechos que en ella representó. Recibió detalladas directrices sobre cómo debía aparecer el milagro de la zona inferior del lienzo, pero una vaga descripción de la zona de la Gloria. El pintor cretense incorporó en la zona superior la representación del Juicio y la aceptación en el Cielo del alma del señor de Orgaz. También cargó a la escena del entierro de un aire de actualidad, retratando a varones de su tiempo con ropajes del siglo XVI y situando los hechos en un oficio de difuntos con las características de la época.
El cuadro representa las dos dimensiones de la existencia humana: abajo, la muerte; arriba, el cielo, la vida eterna. En la parte inferior, el centro lo ocupa el cadáver del señor, que va a ser depositado con toda veneración y respeto en su sepulcro. Para tan solemne ocasión han bajado dos santos del cielo: el obispo san Agustín, uno de los grandes padres de la Iglesia, y el diácono san Esteban, primer mártir de Cristo.
Entre el cielo y la tierra, el lazo de unión es el alma inmortal del señor de Orgaz, figurada como un feto que lleva al cielo un ángel, a través de una especie de vulva materna que le dará a luz a la vida eterna del cielo. La muerte aparece así como un parto, como un alumbramiento a la luz eterna en la que viven los santos. Trance doloroso, pero lleno de esperanza.
En la parte superior, el pintor describe el cielo, la vida feliz de los bienaventurados. Aparece Jesucristo glorioso, luminoso, vestido de blanco, entronizado como juez de vivos y muertos: Es el señor de la vida y de la historia de los hombres. Su capacidad de juzgar a los hombres con misericordia, se ve reflejada en su rostro sereno y en su mano derecha que manda al apóstol Pedro, jefe de su iglesia, a que abra las puertas del cielo para el alma del conde difunto.
En la fila de los caballeros cada uno tiene expresión propia. Los hay que siguen la ceremonia fúnebre con atención, otros que no lo hacen, aquellos que nos miran y aquel que mira al cielo, como queriendo saber hacia donde se dirige el alma, e incluso aquel que se encuentra distraído. Entre ellos hay clérigos, nobles y letrados. Estos últimos los reconoceremos por el cuello vuelto, otros son caballeros de la Orden de Santiago (por la cruz roja bordada en su pechera negra).
La tarde finalizó con un concierto de fagot con piano acompañante y la intervención del Trío Hispania Harmonía en el Auditorio de la Escuela Municipal de Música de Toledo “Diego Ortiz”.
La presentación corrió a cargo de Esther Sestelo, Catedrática de Piano y Patrono de la Fundación. Comenzó agradeciendo al Director del Auditorio las facilidades que había dado para celebrar el concierto en sus instalaciones. Después hizo referencia a los protagonistas: Vicente Palop (fagot), Juan Borrás (clarinete), Sancho Sánchez (clarinete) y Carmen Hernández-Sonseca (piano), cuya evolución y recorrido musical consta en el programa que fue repartido a los asistentes, a los que agradeció su participación altruista en el concierto.
Destacó la Doctora Sestelo que no es frecuente la combinación de un fagot y dos clarinetes para un concierto barroco, ni que una pianista acompañe a un fagotista. Y de los interpretes que sepan combinar la docencia y el protagonismo práctico.
Resaltó los colores singulares del viento madera, así como los valores del humanismo cristiano que inspiran a la Fundación Tomas Moro.
Expuso y desarrolló el programa, aunque reservó para Vicente Palop la explicación de cada uno de los compositores y las obras que iban a ser interpretados. De Vivaldi destacó que había compuesto 25 conciertos para fagot, que creó un orfanato para recoger a niños y niñas abandonas a las que instruía en la música, que en sus exequias asistió Hydn, y que Bach sentía una profunda admiración por Vivaldi hasta el punto de que su música había sido olvidada hasta que el propio Bach la descubrió. El Mozart que iba a ser interpretado corresponde a la etapa de madurez del compositor y es una música siempre agradable. Al contrario de Beethoven que compuso el trío en do menor en su época de juventud.
La mañana del domingo, día 23, se dedicó a la visita del obrador del famoso mazapán de Toledo y nada mejor que el obrador de la pastelería de Santo Tomé. Nos recibió Ana de Mesa, actual gerente y de la quinta generación de familias que desde hace muchos años se ha dedicado a fabricar el mazapán.

Nos explico todo el proceso de fabricación y sus ingredientes: azúcar y almendra dulce, sin conservantes (lo que le diferencia del mazapán industrial). Y nos dio a probar a cada uno la pasta del mazapán, como recoge la fotografía. A la vista de tan buena visita, pasamos después a la pastelería, en la calla de Santo Tomé, y muchos adquirieron los muchos de los productos que fabrican y no solo el mazapán.
Al final de la mañana oímos Misa en la Iglesia del Convento y después de la comida el Presidente de la Fundación agradeció a cuantos habían participado en la organización de las Jornadas, y especialmente a Cintia Lamela, y se felicitó por su buen resultado.
