Humanismo cristiano y organización política (y 2).
Continuamos con la organización política de la comunidad según el humanismo cristiano. El Estado debe cumplir unos fines o misiones que se añaden a los tradicionales (justicia, defensa, relaciones exteriores). Tales misiones, puede decirse, que deben ser cumplidas por las demás autoridades, cualquiera que sea su ámbito territorial (Comunidades Autónomas, Ayuntamientos, Diputaciones). Entre tales fines pueden mencionarse los siguientes.
– La garantía de la seguridad, de la libertad individual, de la propiedad, y servicios públicos eficientes.
– La garantía de los derechos humanos.
– La intervención en las cuestiones sociales, con carácter subsidiario, cuando pueda hacerlo mejor y más eficazmente.
– Corregir los excesos de los servicios públicos. Al invadir directamente y quitar responsabilidad a la sociedad, se provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de la burocracia, y no la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos.
– La protección a la familia, mediante iniciativas políticas y sociales que tengan como objetivo principal a la familia misma, y especialmente la familia numerosa, mediante instrumentos fiscales, en la educación de los hijos, o en la vivienda familiar.
– El fomento del progreso (no el falso “progresismo”). Se toma, con frecuencia, como criterio definidor de la condición progresista el apartamiento mayor o menor de las costumbres y de la tradición, de los dogmas cristianos, valorándose al efecto, las posiciones agnósticas, escépticas y aún combativas frente a la Iglesia. Gran número de pensadores y científicos aportan su investigación y esfuerzo, haciendo avanzar a la humanidad en el campo social, filosófico o técnico basándose en los avances hechos en el pasado (que es el verdadero progresismo), de manera que apoyan los del tiempo presente y que ponen el acento en la preocupación de si este progreso está o no al servicio del hombre.
– Finalmente, todas las autoridades deben proponerse el desarrollo de la nación, esto es, la realización de lo que está en potencia, al desenvolvimiento de posibilidades, capacidades y aptitudes que están todavía en germen. Por eso podría decirse que mientras el progreso implica un avanzar o mirar hacia adelante, el desarrollo parte de una situación dada y lo que pretende es acrecentar o extender los resultados.
La corrupción de los poderes públicos y la proliferación de fuentes impropias de enriquecimiento y de beneficios fáciles, basados en actividades ilegales o puramente especulativas, es uno de los obstáculos principales para la confianza de los ciudadanos en las autoridades públicas y un atentado al orden moral.