Humanismo cristiano y trabajo (1)

Humanismo cristiano y trabajo (1).

Inicio con este artículo una serie dedicadas al trabajo humano desde la perspectiva del humanismo cristiano. Gravemente preocupados por los millones de personas a escala planetaria y nacional que no encuentran trabajo, ello no debe hacernos olvidar su naturaleza, su valoración moral, sobre la condición laborante del hombre, su incidencia en la vida personal de cada uno, y sobre su importancia social.

Este artículo te parecerá, amable lector, un tanto teórico cuando tantas personas sufren las miserias del paro, pero nada obsta a que tengas unas ideas de cómo ve el humanismo cristiano el trabajo humano. La idea esencial es que se ha pasado de la concepción bíblica del trabajo como castigo a una consideración positiva del trabajo como participación y colaboración en la obra creadora de Dios, expresada en el mandato de “dominad la tierra”.

Afortunadamente disponemos de tres documentos excepcionales para adentrarnos en la concepción humanista del trabajo. Son las tres Encíclicas de contenido social del Papa S. Juan Pablo II: “Laborem Exercens”, “Solicitudo rei sociales” y “Centésimus annus”. Al contemplar en ellos al hombre como eje vital y esencial del trabajo, podríamos hablar de que tales documentos constituyen un auténtico “humanismo del trabajo”.

Inicialmente, el trabajo puede entenderse en sentido objetivo y subjetivo. En el primero, el trabajo es una realidad humana que al llevarse a cabo produce resultados tangibles que, en un sentido muy amplio, pueden considerarse como riqueza. La técnica, la electrónica y la inteligencia artificial son los modernos exponentes del trabajo.

En sentido subjetivo, el hombre es el sujeto activo del trabajo. Este sentido subjetivo prima sobre el objetivo, porque el mandato de “someted la tierra” está dirigido al hombre creado a imagen y semejanza de Dios; porque la dignidad del trabajo tiene su vínculo o enlace con la dignidad humana y su fundamento en el mismo hombre; porque el hombre es el que hace el trabajo y controla el que hacen las máquinas; porque la finalidad del trabajo, más que en los resultados, está en el propio trabajador; y porque la esencia ética del trabajo no tendría lugar si lo realizase alguien distinto a un sujeto moral, libre y responsable.

En el próximo articulo me referiré a la prioridad del trabajo.

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