La situación actual. Publicado en “La Tribuna de Toledo” el 26.1.20

Hablar de humanismo es hablar de la persona humana (de la persona, porque solo ella es humana). Hoy todos se dicen humanistas. Y es que hay muchos humanismos: social, renacentista, ateo, marxista. Y también hay un humanismo cristiano.

No se puede confundir el humanismo cristiano con el cristianismo. Este es más importante porque es una fe, una tradición y una Iglesia. Pero al igual que existe un arte cristiano, una literatura y una poesía cristiana, una filosofía cristiana, hay también un humanismo cristiano.

El humanismo cristiano es el único que defiende el sentido trascendente del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios; y es el único que defiende todos los derechos humanos, porque cuando se ataca el derecho a la vida del ser concebido y no nacido, o el derecho a la libertad de enseñanza, casi todos los humanismos, salvo el cristiano, se ponen de perfil.

Además, el humanismo cristiano tiene una clara posición sobre la dignidad de la persona; sobre las relaciones entre los poderes públicos y la sociedad civil; sobre la libertad; sobre los derechos naturales, ahora llamados humanos; sobre la lucha contra las desigualdades injustas o discriminatorias; sobre la separación de poderes en la democracia; sobre el Estado de Derecho; sobre la política como noble actividad encaminada a la consecución del bien común; sobre la honestidad de los políticos, su eficacia y su entrega; sobre la doctrina social de la Iglesia como programa a aplicar; sobre la virtudes del verdadero humanista; y sobre el sentido del más allá. Todas estas cuestiones las iremos desarrollando en futuras colaboraciones.

Pero no estamos hablando de pura teoría o de elucubraciones o ideales utópicos. Antes, al contrario, la posición del humanismo en los temas mencionados, tiene una aplicación práctica y política a los problemas de nuestro tiempo, de nuestra sociedad y de España.

Y ahora que España comienza una nueva etapa llena de dudas e incertidumbres, no es malo que podamos saber el terreno que pisamos, que tengamos claras aquellas que son nuestras convicciones, nuestros ideales y nuestros valores. Porque en tiempos de convulsión, como los que se avecinan, lo primero que hay que hacer es saber dónde estamos y aquello que estamos dispuestos a defender.

En el siglo XX los Partidos Políticos de derechas defendían un mayor protagonismo del sector privado, reduciendo el peso del sector público en la economía. Con ello se lograba un mayor desarrollo, una mayor recaudación fiscal, un incremento del empleo y una mejora en las prestaciones sociales. Por su parte, los Partidos Políticos de izquierdas buscaban una mayor igualdad, aumentando los impuestos, interviniendo la economía, lo que generaba déficit presupuestario, encarecimiento de la deuda pública, incremento del paro y deterioro de las prestaciones sociales.

Pero en las dos décadas que llevamos del siglo XXI la situación ha cambiado radicalmente. Las derechas se han hecho nacionalistas (Trump, Erdogan, Orban, el Brexit, Cataluña), mientras que las izquierdas se apoyan en las minorías (raciales, emigrantes, feminismo radical, LGTBI, ecologistas) buscando apoyo electoral.

El humanismo tiene respuestas. No es una ideología, pero tiene una concepción del mundo y de la vida que, amable lector, si tienes paciencia, iremos desgranando.

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