Los derechos humanos. I

Los derechos humanos (1). (61).

Terminábamos la última colaboración resumiendo que en la afirmación de que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, esa imagen consiste en la dignidad de la persona, y la dignidad está integrada por la libertad y por los derechos humanos. Pero ¿qué son los derechos humanos?

En una primera aproximación podemos anticipar la idea de que los hoy denominados “derechos humanos” no son sino los “derechos naturales” derivados de la Ley natural, a su vez derivados de la naturaleza humana,  esto es, inscritos en  la propia naturaleza del ser humano. En otros términos, derechos naturales, fundamentales o humanos son terminología equivalente.

Una definición inicial, sin pretensión de excesivo rigor, podría ser que los derechos humanos son aquellas condiciones instrumentales que le permiten a la persona su plena realización.​ Serían aquellas libertades, facultades o reivindicaciones que se atribuyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

También podría añadirse que estas son facultades que tienen el carácter de irrevocables, inalienables, intransmisibles e irrenunciables. Son universales (para todos los seres humanos) e igualitarias, así como incompatibles con los sistemas basados en la superioridad de una casta, raza, pueblo, grupo o clase social determinados.​ También serían atemporales e independientes de los contextos sociales e históricos.

Los derechos humanos actuales nacieron, como hemos dicho, de la noción de derechos naturales ​ y poseen una gran fuerza moral que se extiende más allá del Derecho y conforma una base ética y moral que debe fundamentar la regulación del orden geopolítico contemporáneo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos aprobada por la ONU en 1948, se ha convertido en una referencia clave en el contexto ético-político actual. Sin embargo, existe un permanente debate en el ámbito de la filosofía y las ciencias políticas sobre la naturaleza, fundamentación, contenido e incluso la misma existencia de los derechos humanos;​ y también claros problemas en cuanto a su eficacia. Pero hoy es innegable la hegemonía de los derechos humanos como expresión de la dignidad humana, hegemonía que debe convivir con la realidad alarmante de que la gran mayoría de la población mundial no disfruta de derechos humanos, o le son, sistemáticamente, vulnerados.

Uno de los problemas a los que se enfrenta los derechos humanos es la de fijar su alcance y enumeración, pues junto a la Declaración de 1948, se han sucedido otras que proclaman otros derechos con pretensión de que sean considerados también derechos humanos. Así, la Organización para la Unidad Africana proclamó en 1981 la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos; los Estados africanos acordaron la Declaración de Túnez, el 6 de noviembre de 1993; la Declaración de Bangkok, emitida por países asiáticos el 22 de abril de 1993; o la declaración de El Cairo, firmada por la Organización de la Conferencia Islámica el 5 de agosto de 1990, entre otras muchas. Recientemente se pretende que el aborto sea un derecho humano.

 

Para nosotros solo son derechos humanos los contenidos en la Declaración de la ONU de 1948, y documentos complementarios, que es la única que goza de la legitimación que le otorga el voto de todos los países integrantes de este organismo, aunque algunos los consideren como “derechos de la 1ª generación”.​ Seguiremos en próximas colaboraciones.

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