Derechas e izquierdas (II parte)

Derechas e izquierdas (II). (44).

En la anterior colaboración dejamos pendiente la respuesta del humanismo cristiano a las cuestiones que en ella planteábamos.

¿Son incompatibles libertad e igualdad? Para algunos sí lo son porque la libertad trae consigo la desigualdad, mientras conseguir la igualdad no es posible sin suprimir la libertad. Milton Friedman sostiene que la sociedad que pone la igualdad por delante de la libertad terminará sin ninguna de las dos.

Es cierto que una libertad absoluta lleva al llamado capitalismo salvaje en el que se genera una gran desigualdad entre países y personas dentro de un mismo país. También lo es que la experiencia de los 75 años de comunismo en el centro y este de Europa nos enseñaron que la pretensión de igualdad (que ni siquiera llegó a conseguirse) solo era posible suprimiendo las libertades.

El humanismo cristiano tiene algo que decir al respecto. Partiendo de la base de que en materia social y económica el humanismo cristiano coincide con la Doctrina Social de la Iglesia, debemos afirmar que es una constante de esta doctrina la condena tanto del capitalismo salvaje como del comunismo.

San Juan Pablo II tuvo ocasión de decirlo claramente en una de sus principales Encíclicas sociales, la “Centesimus annus”, de 1991, que conmemoraba los 100 años de la famosa Encíclica de León XIII “Rerum Novarum”. En ella dijo literalmente: “La respuesta obviamente es compleja. Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de «economía de empresa», «economía de mercado», o simplemente de «economía libre». Pero si por «capitalismo» se entiende un sistema en el cual la libertad, en el ámbito económico, no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad humana integral y la considere como una particular dimensión de la misma, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es absolutamente negativa. (Punto 41).

Fue la primera vez que un Papa reconoció de manera tan directa el papel positivo de la Empresa, advirtiendo de la inmoralidad del capitalismo salvaje y reconociendo los errores del socialismo que acababa de sucumbir en el muro de Berlín.

La respuesta del humanismo cristiano a la dialéctica entre libertad e igualdad es clara: no al capitalismo salvaje que supone una ausencia de límites a la libertad en la economía; y sí a la economía de mercado que implica la libertad de empresa, pero dentro de un marco regulador fijado por el legislador. Por ejemplo, en España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores o la Comisión Nacional de Mercados y Competencia han establecido un marco regulador que impide los ataques a la libre competencia o las operaciones fraudulentas en el mundo financiero.

Con ello se afronta con mayor eficacia que con las políticas de izquierdas el problema de la desigualdad, como lo demuestra el mayor desarrollo económico y social existente en el llamado mundo occidental (Europa, USA). Ello no quiere decir que se eliminen las desigualdades, que siguen subsistiendo, sino que lograr una igualdad total es imposible.

En España tenemos unos ejemplos muy claros: nuestro desarrollo económico permitió la aparición de una clase media (a la que ahora se está machacando) que redujo las desigualdades; y la política económica llevada a cabo por los Gobiernos de Aznar, permitió reducir drásticamente las desigualdades en materia de PIB entre nuestro país y los países europeos de nuestro entorno. (Continuará).

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