Los humanismos

Los humanismos (46).

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Y es que, efectivamente, existen diversos humanismos: social, literario, jurídico, tomista, liberal, marxista, existencialista, metafísico, ateo, cívico. Y también hay un humanismo cristiano. Si hubiese que buscar un denominador común a todos ellos sería el de la preocupación por el hombre. Pero en la concepción del hombre, en la respuesta a la pregunta de que es el hombre,  nacen las divergencias irreconciliables entre ellos.

No confundir el humanismo cristiano y el cristianismo. El cristianismo no es solo un humanismo, es algo más: es una concepción del mundo y de la vida, un depósito de fe, una moral y una Iglesia. Pero al igual que se habla de arte cristiano, de pintura cristiana, de literatura y poesía cristianas, de civilización cristiana, de filosofía cristiana, de moral cristiana, etc., se puede hablar también de humanismo cristiano.

Y es en la concepción del hombre donde el humanismo cristiano se diferencia de todos los demás. Se trata de dos notas, que no se dan en los demás humanismo y solo en el cristiano: el humanismo cristiano es el único que considera que el hombre es un ser trascendente y creerlo así significa creer, entre otras muchas cosas, que el hombre ha sido creado por Dios a su imagen y semejanza; y el humanismo cristiano es el único que defiende todos los derechos naturales del hombre, ahora llamados derechos humanos, porque a la hora de defender el derecho a nacer del concebido y no nacido, o la libertad de conciencia y religión, o la libertad de educación, casi todos los demás humanismos se ponen de perfil.

Pero ¿qué significa ser imagen de Dios? En la colaboración nº 3, publicada en este diario el 23 de febrero de 2020 decíamos que, en nuestros días, la imagen se entiende como dignidad: el hombre es digno porque ha sido creado por Dios. Entonces la pregunta es ¿y que es la dignidad?

La gran mayoría de las Constituciones de los Estados modernos proclaman la dignidad del hombre. También nuestra Constitución de 1978, cuyo artículo 10 señala que “la dignidad de la persona…es fundamento del orden político y de la paz social”.

Para el humanismo cristiano, el hombre es digno porque tiene libertad, de la que se derivan sus derechos naturales. La libertad tiene tres perspectivas: la de negar a Dios, que ha creado al hombre digno; la de emprender y mejorar el mundo (libertad exterior); y la de hacerse a sí mismo sobre la base del esfuerzo y el sacrificio (libertad interior). A esta última libertad se refiere uno de los grandes humanistas del Renacimiento, Giovanni Pico de la Mirandola, que en su libro “De la dignidad del hombre”, escrito en 1485, imaginaba un diálogo entre Dios y Adán, en los siguientes términos:

«No te hemos dado, oh Adán, semblante ni capacidades propiamente tuyas de modo que cualquier lugar, forma o don que decidas adoptar, después de deliberarlo, lo puedas tener y guardar por tu propia decisión. Todas las demás criaturas tienen su naturaleza definida y limitada por las leyes que les hemos prescrito. Solo tú, desligado de tales limitaciones puedes, por tu libre albedrío, establecer las características de tu propia naturaleza. Te coloqué en el centro del mundo, para que desde esa posición puedas indagar en torno tuyo, con mayor facilidad, todo lo que contiene. Te hemos hecho una criatura que no es ni celeste ni terrestre, te hicimos ni mortal ni inmortal, para que puedas libre y orgullosamente modelarte a ti mismo en la forma que te plazca. En tu mano está embrutecerte descendiendo a formas inferiores o ensalzarte por tu propia decisión a los niveles superiores de la vida divina”.

Está dicho hace más de 500 años, pero conviene recordar que en la vida somos lo que nos hemos propuesto ser. Eso sí, siempre que estemos dispuestos a hacer los sacrificios, los esfuerzos y las renuncias que se requieren para ello.

 

 

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